Actualizado hace 40 minutos
Dormir bien es una necesidad básica a cualquier edad. Sin embargo, a partir de los 65 años, muchas personas empiezan a notar que el sueño cambia: cuesta más conciliarlo, se vuelve más ligero o aparecen despertares nocturnos más frecuentes. No se trata necesariamente de un problema aislado, sino de un conjunto de cambios fisiológicos, hábitos y condiciones de salud que influyen directamente en el descanso.
Los especialistas en sueño coinciden en que, con la edad, el organismo experimenta modificaciones en su ‘reloj biológico’ interno, lo que afecta a la estructura del sueño. Sin embargo, no siempre estos cambios implican dormir peor en términos de calidad global, sino dormir de forma diferente.
Más ligero y fragmentado
Uno de los cambios más habituales después de los 65 años es la reducción del sueño profundo, la fase más reparadora. Esto hace que el descanso sea más ligero y que la persona se despierte con mayor facilidad ante estímulos como ruidos, luz o cambios de temperatura.
Además, el ritmo circadiano tiende a adelantarse: es frecuente acostarse y levantarse antes. Lo que puede dar la sensación de haber dormido menos, aunque las horas totales no varíen en exceso.
Según la Organización Mundial de la Salud, el envejecimiento se asocia a cambios naturales en los patrones de sueño, aunque advierte que el insomnio persistente no debe considerarse una consecuencia inevitable de la edad.
Señor recién levantado coge el reloj que hay encima de la mesilla de noche.
Factores que influyen
Más allá del envejecimiento natural, existen otros factores que explican por qué el sueño puede empeorar con los años. Entre ellos destacan la presencia de enfermedades crónicas, el uso de determinados medicamentos o la disminución de la actividad física diaria.
También influyen los cambios en la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, así como una mayor sensibilidad a las interrupciones durante la noche. A esto se suman factores emocionales como la soledad, la ansiedad o los cambios en la rutina tras la jubilación.
Hábitos para dormir mejor a cualquier edad
Aunque parte de estos cambios son naturales, los expertos insisten en que el estilo de vida juega un papel clave en la calidad del sueño, independientemente de la edad que se tenga. Mantener horarios regulares, evitar siestas largas, reducir el consumo de cafeína por la tarde y exponerse a la luz natural durante el día pueden ayudar a estabilizar el ritmo del sueño. También se recomienda mantener cierta actividad física adaptada a la edad y crear rutinas relajantes antes de dormir, como leer y evitar pantallas en las horas previas.