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Hay exposiciones que tienen un significado especial por las obras que presentan, por el lugar en el que se celebran o por las personas que se acercan a visitarlas. Y después está la de Rubén Álvarez, ‘Rubencio’, en Ermua, que reúne todos esos ingredientes. El artista eibarrés, de 57 años y residente en Vitoria, expone hasta el 27 de septiembre en el Lobiano Kultur Gunea una selección de 60 acuarelas. Es su sexta exposición y, de todas las que ha realizado hasta ahora, reconoce que esta es la más especial.
El motivo está en el propio lugar. Rubén es de Eibar, pero Ermua forma parte de su historia personal. Allí pasó buena parte de su juventud y allí continúa viviendo más de la mitad de su cuadrilla. Regresar ahora a la localidad, pero hacerlo con una faceta artística que muchos de aquellos amigos y conocidos desconocían, convierte la muestra en algo más que una exposición. “La de Ermua es la exposición más especial por el lugar y lo que supone Ermua. Me hace especial ilusión porque yo soy de Eibar. Más de la mitad de la cuadrilla vive en Ermua. Yo he pasado mi juventud en Ermua y me trae muchos recuerdos. También es especial ver a gente de entonces que te viene a ver y te dice: No conocía esta faceta tuya. Mucha vida he hecho en Ermua y es muy especial esta muestra”.
Hay algo de reencuentro, por tanto, en estas semanas en el Lobiano. Personas que compartieron con él aquellos años de juventud se acercan ahora para descubrir al Rubén artista, una faceta que comenzó a desarrollar muchos años después y que hoy ocupa una parte importante de su vida. El propio artista disfruta de volver a encontrarse con gente de entonces y enseñarles algo que probablemente nunca imaginaron que acabaría haciendo.
Protagonismo para la naturaleza
El espacio también acompaña. El Lobiano Kultur Gunea es, para Rubén, un escenario especialmente apropiado para presentar sus trabajos. “El espacio es una pasada. Tiene mucha luz, está remodelado y es muy bonito”, señala sobre una sala que permite disfrutar de las acuarelas con amplitud y luminosidad.
En sus paredes se reúnen 60 obras y, como ocurre con el propio artista, no existe una única temática. Hay flores, puertas, trenes, paisajes, mar, cielos y diferentes detalles que han llamado su atención. Rubén no quiere encasillarse en un motivo concreto. Le interesa probar y descubrir nuevas posibilidades dentro de una técnica que, poco a poco, ha ido convirtiéndose en una forma de expresión propia. “Con lo que más cómodo estoy es con los mares, los cielos y los detalles”, reconoce.
Pero detrás de las obras que ahora pueden verse en Ermua existe una historia que explica por qué la pintura significa tanto para Rubén. La acuarela apareció en su vida durante uno de los momentos más complicados que ha atravesado. Fue en 2020, durante la pandemia de covid-19. Rubén fue uno de los primeros en contagiarse y sufrió la enfermedad con dureza: once días con fiebre de hasta 41 grados y 35 días completamente aislado en su habitación. En aquel contexto de incertidumbre, aislamiento y enfermedad, comenzó a acercarse a la pintura. La puerta de entrada fue su hija Ane, que ya pintaba. Rubén observaba sus trabajos y decidió probar. “Probé por mi hija”, explicaba. “Veía lo que hacía y me gustaba. Pensé: ‘Voy a probar yo’”.
Su gran evasión
La pandemia terminó, pero para Rubén sus consecuencias no desaparecieron. Desde entonces convive con secuelas, especialmente con un dolor de cabeza crónico que le acompaña prácticamente todos los días. Una situación que condiciona su vida y para la que recibe tratamiento con toxina botulínica cada tres meses. La pintura, en ese contexto, ha adquirido un significado que va mucho más allá de la afición. “Gracias a las acuarelas, a mi mujer, Elena, y a mi hija Ane, he conseguido estar donde estoy, que no es poco”, explicaba en su anterior exposición. El papel de su familia ha sido fundamental durante todo este proceso, pero también lo ha sido encontrar una actividad que le permite concentrarse en algo diferente y evadirse durante un tiempo del dolor.
La exposición podrá verse hasta el 27 de septiembre
Hoy, seis años después de aquel primer contacto con la pintura, Rubén pinta todos los días. Su actividad laboral ocupa las mañanas, trabajando en una fábrica de tubos en el área de calidad y producción, pero por las tardes llega su momento. No importa que sean cinco minutos. Puede tratarse de avanzar una obra, hacer un boceto o simplemente experimentar. “La técnica de la acuarela al principio fue como una balsa de escape. Es evadirte; todos los días no es lo mismo. Pintas cosas diferentes y te engancha. Pinto todos los días. Unos días pintas, otros haces bocetos y otros te dedicas al I+D+I: investigas qué pasaría si haces esta mezcla o esta técnica. Se me pasa el tiempo. De hecho, mi mujer suele llamarme al estudio y me dice: ¿Vas a venir a cenar o a comer?. Te absorbe”.
Esa última expresión resume hasta qué punto la acuarela se ha convertido en una parte inseparable de su vida. Ahora quiere seguir dando pasos adelante. Uno de sus próximos objetivos es trabajar en formatos más grandes. Para conseguirlo, contará próximamente con un espacio más adecuado para hacerlo. Hasta ahora había convertido una habitación de casa en su estudio, pero la familia ha comprado un local cerca de la vivienda para habilitar allí un espacio específico. “Vamos a montar un estudio cerca de casa. Hasta ahora lo hacía en una habitación de casa, pero mi mujer me convenció para habilitar mi espacio fuera de casa”.
El nuevo estudio será un paso más en una trayectoria que comenzó casi por casualidad y que, exposición tras exposición, ha ido adquiriendo mayor dimensión. La de Ermua es la sexta y el próximo mes tiene previsto presentar otra muestra en Algorta. Entre una y otra, Rubén continúa pintando, experimentando y descubriendo nuevas posibilidades.
Apoyo incondicional
En todo ese recorrido, Elena y Ane han estado siempre presentes. Su mujer ha sido uno de sus grandes apoyos y su hija fue quien, indirectamente, le abrió la puerta de la acuarela durante el confinamiento. “Quiero darles las gracias. También querría acordarme de mi cuadrilla. Siempre han estado apoyándome y me han dado la sorpresa de organizar viajes para ver los sitios donde expongo. Eso no se paga. Para esta también seguro que organizan una quedada para visitar la exposición. Me han ayudado a montarla también”. Y es precisamente por todo ello por lo que Ermua tiene un significado diferente. En el Lobiano no solo están expuestas 60 acuarelas. También están los recuerdos de una juventud, las amistades de entonces y el reencuentro con personas que ahora descubren una faceta desconocida de Rubén.
La exposición reúne 60 acuarelas