Actualizado hace 40 minutos
Tener un perro o un gato en casa no significa renunciar a un sofá limpio, cuidado y libre de malos olores. Sin embargo, los pelos, las huellas, la suciedad que llega de la calle y el olor del animal pueden acabar acumulándose en el tapizado, especialmente si la mascota tiene permitido subir al sofá. La clave está en establecer una rutina de limpieza y prestar atención a algunos detalles que suelen pasarse por alto.
Aspirar no es suficiente
El primer paso para mantener el sofá en buenas condiciones es retirar con frecuencia los pelos que quedan sobre el tapizado. Esperar a que se acumule una gran cantidad hace que terminen entre los cojines, debajo de ellos e incluso adheridos a la tela.
Lo recomendable es aspirar el sofá al menos una vez por semana, prestando especial atención a las juntas y a las zonas donde suele tumbarse la mascota. Si el animal pierde mucho pelo, puede ser necesario hacerlo con mayor frecuencia.
Antes de pasar el aspirador, una bayeta de microfibra ligeramente humedecida o un guante de goma pueden ayudar a reunir los pelos que están más pegados a la superficie. Después, el aspirador permite recogerlos con mayor facilidad.
También conviene retirar los cojines y aspirar debajo de ellos. Es precisamente en estos espacios donde pueden acumularse pelos, restos de comida y pequeñas partículas de suciedad.
Chica pasa el aspirador por el sofá.
La importancia de los textiles
Si la mascota se sube habitualmente al sofá, colocar una manta lavable sobre su zona preferida puede ser una solución sencilla para proteger el tapizado. No hace falta cubrir todo el mueble: una pieza que pueda retirarse y meter en la lavadora facilita mucho el mantenimiento diario.
Esta manta debe lavarse con cierta frecuencia, sobre todo si el perro o gato pasa mucho tiempo sobre ella. De lo contrario, puede convertirse en una fuente de olores.
También es importante lavar las fundas de los cojines siempre que el fabricante lo permita. Antes de hacerlo, conviene consultar la etiqueta para comprobar la temperatura adecuada y evitar que el tejido se deteriore o encoja.
Cómo evitar que el sofá huela a mascota
El olor no procede únicamente del animal. Los pelos y restos de suciedad pueden retener olores en las fibras del sofá, especialmente cuando el tapizado permanece muchas horas en contacto con la mascota.
Por eso, además de aspirar, es importante ventilar la estancia y evitar que el sofá permanezca húmedo. Si se ha producido una mancha, hay que actuar cuanto antes y utilizar un producto adecuado para el tipo de tejido.
No conviene empapar el tapizado intentando eliminar un olor, ya que la humedad que queda en el interior puede favorecer la aparición de malos olores e incluso de moho. Es preferible limpiar la zona siguiendo las indicaciones del fabricante y dejarla secar completamente.
Los ambientadores pueden ocultar temporalmente el olor, pero no solucionan el problema. Una buena limpieza y una ventilación adecuada son mucho más importantes.
Mujer abre la ventana de su piso para ventilar.
Cuidado también con las patas
El sofá no solo acumula pelos. Después de un paseo, las patas del perro pueden llevar tierra, polvo o humedad que terminan sobre el tapizado. Tener una toalla cerca de la entrada para limpiar y secar las patas antes de dejarle subir al sofá puede reducir considerablemente la suciedad.
La misma lógica se aplica cuando el animal vuelve mojado de la calle. Es mejor secarlo antes de que entre en contacto con los textiles.
Y si estás pensando en cambiar de sofá
La convivencia con mascotas también puede tenerse en cuenta a la hora de elegir el mobiliario. Los tejidos de trama demasiado abierta pueden facilitar que los pelos queden atrapados, mientras que algunas superficies más lisas resultan más sencillas de aspirar y limpiar.
También puede ser interesante optar por sofás desenfundables o con fundas lavables, especialmente cuando el animal tiene acceso habitual al mueble. Los colores intermedios y los estampados discretos, además, pueden disimular mejor los pelos que los tapizados completamente lisos y muy oscuros.
En cualquier caso, no existe un sofá completamente inmune a las mascotas. La mejor estrategia es combinar un tapizado práctico, aspirado frecuente, textiles lavables y una limpieza inmediata de las manchas. De esta forma, compartir sofá con el perro o el gato no tiene por qué convertirse en una batalla constante contra los pelos y los malos olores.