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Casi todos hemos cometido el error de llevarnos a casa una pieza bonita por fuera que luego ha resultado estar dura como una piedra, o peor aún, pasada por dentro. Confiar únicamente en la vista es el fallo que la mayoría de los compradores cometen. Para acertar en tu cesta de la compra y no tirar el dinero, debemos prestar atención a varios factores y a varios detalles antes de llevarnos la fruta a casa.
La vista y el tacto
El color es el primer indicador, pero hay que saber interpretarlo. Evita siempre los tonos verdosos en frutas como los plátanos, melocotones o ciruelas si piensas comerlos en el día, pero evita también las piezas con manchas oscuras o grietas en la piel. Un gran truco para frutas grandes como el melón o la sandía es buscar su zona de contacto con la tierra: si esa mancha es de un color amarillo o crema, la fruta maduró en la planta; si la mancha es blanca o verde, la cortaron demasiado pronto.
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Por otro lado, el tacto es tu herramienta más fiable. Si es posible, toma la fruta con delicadeza en la palma de la mano y haz una presión muy suave con el dedo pulgar. Una fruta en su punto cede ante la presión pero recupera su forma. Si la notas rígida, está verde; si el dedo se hunde o notas el interior blando, está pasada. Además, el peso es fundamental: si dudas entre dos piezas del mismo tamaño, llévate siempre la más pesada, ya que un mayor peso equivale a una concentración mayor de jugo y agua en su interior.
El olfato y el oído
El olor es otra de las claves para que no te engañen. Una fruta madura y lista para comer siempre tendrá un aroma dulce, fresco y característico por la zona del pedúnculo (el punto por donde estuvo unida al árbol). Si no huele a nada, es muy posible que la fruta se recogiera aún verde y que haya pasado por cámaras de frío, lo que significa que no tendrá tanto sabor. Si por el contrario desprende un olor demasiado fuerte, dulzón e incluso alcohólico, querrá decir que la fruta ha empezado a fermentarse por dentro.
Para frutas de cáscara gruesa como las sandías, el oído te ayudará con el veredicto final. Dale unos pequeños golpecitos secos con los nudillos de los dedos. Si el sonido es grave y hueco, significa que su interior está firme, lleno de agua y en su momento ideal de dulzor. Si el sonido es flojo, la sandía estará seca o pasada.
Clasifica tu compra
Cuando estés comprando en la frutería, ten muy presente si la fruta que estás tocando es climatérica o no climatérica, ya que esto determinará cuánto tiempo te durará en casa.
Frutas como los plátanos, los aguacates, las manzanas, las peras, los melocotones y las ciruelas son climatéricas. Esto significa que siguen madurando después de ser recolectadas. Si vas a hacer una compra grande para toda la semana, puede ser buena opción llevarte algunas piezas un poco más firmes para que vayan alcanzando su punto perfecto en el frutero con el paso de los días.
Por el contrario, frutas como los cítricos, las uvas, las fresas, la sandía y el piña son no climatéricas. Una vez que el agricultor las corta de la planta, su proceso de maduración se para por completo. Por lo tanto, no se volverán más dulces por mucho tiempo que las dejes en la cocina, solo se estropearán. Estas piezas deben ser compradas listas para consumir en el momento y nos debemos guiar por su aroma, su peso y su firmeza.