Actualizado hace 38 minutos
A medida que pasan los años, algunos cambios en el organismo pueden dificultar la absorción de determinados nutrientes. Es el caso de la vitamina B12, un nutriente esencial para el funcionamiento del sistema nervioso y la formación de glóbulos rojos. Su déficit puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en las personas mayores y, en ocasiones, sus síntomas se confunden con otras molestias asociadas al envejecimiento.
La vitamina B12, también conocida como cobalamina, interviene en la formación de células sanguíneas, en el mantenimiento del sistema nervioso y en la síntesis del ADN. El organismo no puede producirla por sí mismo, por lo que debe obtenerse principalmente a través de alimentos de origen animal, como carne, pescado, huevos, leche y otros productos lácteos.
¿Por qué aumenta el riesgo con la edad?
Una de las principales razones es que el envejecimiento puede ir acompañado de cambios en el aparato digestivo que afectan a la absorción de la vitamina B12. Para que el organismo pueda aprovecharla correctamente es necesaria la participación del ácido gástrico y de una proteína producida en el estómago, conocida como factor intrínseco.
Con los años pueden aparecer alteraciones que reducen la producción de ácido gástrico o dificultan este proceso. Además, determinadas enfermedades digestivas y algunas intervenciones quirúrgicas pueden interferir en la absorción de la vitamina.
También hay medicamentos cuyo uso prolongado puede reducir los niveles de B12. Entre ellos se encuentran algunos fármacos utilizados para tratar la diabetes tipo 2, como la metformina, y determinados medicamentos empleados para reducir la producción de ácido del estómago.
Por otro lado, una alimentación poco variada o con un consumo insuficiente de alimentos que contienen vitamina B12 también puede favorecer su déficit. El riesgo merece especial atención en personas mayores con poco apetito, dificultades para comer o dietas muy restrictivas.
Señor mayor come una ensalada.
Síntomas que pueden pasar desapercibidos
Uno de los problemas del déficit de B12 es que puede desarrollarse de forma progresiva. Por eso, sus primeras manifestaciones pueden pasar desapercibidas.
Entre los síntomas más habituales se encuentra el cansancio y la debilidad, relacionados en muchos casos con la aparición de anemia. También pueden producirse palidez, falta de energía, mareos o sensación de falta de aire al realizar esfuerzos.
Cuando la carencia afecta al sistema nervioso pueden aparecer hormigueos o entumecimiento en manos y pies, alteraciones de la sensibilidad, problemas de equilibrio o dificultad para caminar. También pueden producirse cambios en la memoria, problemas de concentración o alteraciones del estado de ánimo.
En algunos casos pueden aparecer inflamación o molestias en la lengua, pérdida de apetito y pérdida de peso. La intensidad de los síntomas depende del grado y de la duración del déficit.
¿Cómo se detecta?
Los síntomas por sí solos no permiten saber si existe una carencia de vitamina B12, ya que pueden estar relacionados con numerosas causas. La confirmación suele realizarse mediante una analítica de sangre, en la que pueden medirse los niveles de vitamina B12 y otros parámetros relacionados.
En determinadas situaciones, el profesional sanitario puede solicitar pruebas adicionales si los resultados no son concluyentes pero existe sospecha de déficit.
Detectarlo es especialmente importante porque una carencia mantenida puede provocar alteraciones neurológicas que, si se prolongan durante mucho tiempo, pueden llegar a ser difíciles de revertir.
Hombre al que le ponen una tirita en el brazo después de realizarle una analítica.
¿Cómo se puede prevenir?
La prevención pasa, en primer lugar, por mantener una alimentación variada y equilibrada que incluya fuentes de vitamina B12 cuando no exista ninguna contraindicación. Carnes, pescados, mariscos, huevos, leche y productos lácteos aportan este nutriente en cantidades variables.
Sin embargo, no todas las personas mayores necesitan tomar suplementos. La suplementación debe valorarse de manera individual, especialmente cuando existen problemas de absorción, determinadas enfermedades, dietas que excluyen alimentos de origen animal o tratamientos farmacológicos que pueden afectar a los niveles de B12.
Por eso, ante síntomas persistentes como cansancio inexplicable, hormigueos, problemas de equilibrio o cambios cognitivos, especialmente si se presentan varios a la vez, conviene consultar con un profesional sanitario. Una sencilla analítica puede ayudar a determinar si existe una carencia y cuál es la mejor forma de corregirla.