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Para cualquier hondarribiarra, el 8 de septiembre es la fecha más especial del año. La localidad costera no se entiende sin distintos elementos característicos y representativos de la ciudad. Entre ellos, por supuesto, está el Alarde, y si para alguien resulta especial es para las cantineras. Para ellas no solo será el día más bonito del año, sino también uno de los más importantes de sus vidas.
El tiempo vuela
Eider Ugarte será la cantinera de Tamborrada, y June Oliveri, la de Gora Gazteak. Ambas están a pocos días de desfilar por las calles de Hondarribia como las grandes protagonistas de la fiesta, aplaudidas y ovacionadas por amigos, familiares y convecinos. Para June, los nervios han ido aflorando mientras descontaba días en el calendario: “El día antes del ensayo me di cuenta de que se me había pasado todo el mes ya, ¡no entiendo en qué momento!”. Y es que afirma que “todo va a una marcha muy alta, lo que dicen de que todo pasa súper rápido es verdad”.
Eider, mostrando una evidente ilusión, corrobora las palabras de su homóloga. Cuenta que el pasado lunes, estando en casa, se despertó de la siesta “y lo primero que pensé es que ya tenía ensayos esta semana”. De inmediato, se lo dijo a su ‘amoñi’, incluso con un punto de sorpresa. El tiempo vuela.
Infinitos preparativos
La ilusión y las ganas hacen que el tiempo pase volando. Por ello, el apoyo familiar es fundamental para organizar todo lo necesario de cara al Alarde. “Delego mucho en la familia”, afirma Eider, explicando que está disfrutando muchísimo de todo este proceso, y resaltando que “en casa se están volcando un montón y se encargan de prácticamente todo”.
En una línea similar se encuentra June: “Estoy disfrutando muchísimo”, afirma, a la vez que explica que “mi madre es la que se está encargando de la mayoría de cosas, y el estrés acompaña, pero el resto está disfrutando mucho”. Y es que tiene claro que “para mi familia que sea cantinera significa muchísimo, creo que es lo más especial que le puede pasar a una familia de Hondarribia o Irun”.
No obstante, hay tantos detalles que cuidar que resulta verdaderamente difícil: “Yo estoy tranquila, pero hay momentos en los que hay muchas cosas que hacer y no están cerradas, y quieres tenerlo todo atado cuanto antes”, explica Eider. De hecho, cuando en casa le recuerdan que al final todo saldrá adelante, responde rápidamente: “¡Pero quiero que sea ya!”. A este respecto, June asume que “igual no va a salir todo exactamente como quieres, porque es imposible”, mientras Eider añade que siempre “hay cosas que se cerrarán el día de antes”.
Un legado familiar
Ambas proceden de familias en las que ser cantinera no es algo nuevo. Eider explica contenta que “mi tía salió también en Tamborrada, mi ama salió de cantinera en Irun, en Anaka, y mi hermana en 2023 también fue cantinera de Tamborrada, y ahora me toca a mí”. En el caso de June, los últimos años están siendo frenéticos en su entorno: “hace tres años salió mi prima Naiara en Uranzu, en Irun, y el año pasado mi hermana gemela, también en Gora Gazteak”. Explica que para su familia “ha sido muchísima sorpresa, porque ha sido todo de sopetón”. Eso sí, toda la familia está “muy ilusionada” con esta racha de celebraciones, por mucho que exija grandes preparativos.
Días de recuerdo
Estas fechas siempre son de recuerdo, días para rememorar vivencias con la gente cercana. June explica que se acordará especialmente de sus dos aitonas, “los dos que no están”, pero que, teniéndolos muy presentes, disfrutará de la fiesta con la familia al completo. En el caso de Eider, confiesa que “estoy echando mucho de menos a mi aitona Miguel Mari y me estoy acordando mucho de mi aitona Inazio”, quien fuera Tambor Mayor del Alarde de Hondarribia. No podía ser cantinera de otra compañía, había que continuar el legado.
Momentos especiales
Respecto al 8 de septiembre, June tiene muchas ganas de que llegue el instante “en el que me recojan en casa, creo que va a ser muy especial”, aunque también reconoce que siempre ha vivido “con muchísima emoción el Alarde por la tarde, con momentos tan especiales como el rompan filas”, junto a su aita y su primo Asier, que “me hace mucha ilusión que venga a mi lado”.
Eider también pone la vista en el momento en que la recojan en casa para “ir sola con la tamborrada por las calles vacías”. Tiene unas ganas especiales de vivir el instante previo a subir la calle Mayor, “antes de pasar la puerta”, porque le han anticipado que es “una oleada de gritos y aplausos”. Y, por supuesto, del Zapatero. Ella tendrá que esperar a los pies de la calle Mayor, pero le hace “mucha ilusión ver a todas mis compañeras bajar saltando”. De hecho, avisa que se va “a agachar todas y cada una de las veces que se toque el zapatero”. El dolor de pies posiblemente hará acto de presencia, pero es lo de menos, porque la ilusión manda: “¡Es que tengo ganas de todo!”.
Un día único
Que va a ser una jornada para el recuerdo es indudable. Será un día único, de los más importantes de sus vidas tanto para ellas como para sus familias. Cuestionadas acerca de qué le piden al día, June espera que el tiempo respete, como mínimo, “en un momento tan bonito como el de Guadalupe”, pero sobre todo desea que “todo el mundo disfrute y que sea un día agradable para mi familia, para mi compañía y para Hondarribia”. Eider, en una línea similar, añade una frase muy sencilla que resume a la perfección lo que significará la fecha para ella: “Yo espero que la Tamborrada disfrute lo mismo que me va a hacer disfrutar a mí”. Y no lo hará solo la Tamborrada, lo hará Hondarribia entera. Y ellas, junto a todas las demás cantineras, las que más.