Dormir bien no depende únicamente de tener un buen colchón o seguir una rutina antes de acostarse. El entorno en el que descansamos también desempeña un papel importante. La distribución del dormitorio, la iluminación, el ruido o los objetos que acumulamos en esta estancia pueden influir en la calidad del sueño más de lo que pensamos.
Aunque cada persona tiene unas necesidades diferentes, los expertos coinciden en que un dormitorio pensado para el descanso debe ser un espacio tranquilo, ordenado y con el menor número posible de estímulos. Eliminar algunos elementos puede contribuir a crear un ambiente más relajante y favorecer un sueño reparador.
1. Dispositivos electrónicos
Uno de los primeros objetos que conviene sacar del dormitorio son los teléfonos móviles, las tabletas o los ordenadores portátiles. Utilizarlos justo antes de dormir puede dificultar la conciliación del sueño, ya que la luz que emiten las pantallas puede alterar el ritmo circadiano y retrasar la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño.
Además, las notificaciones, los mensajes o la tentación de consultar redes sociales mantienen el cerebro en un estado de alerta poco compatible con el descanso.
Hombre mira el móvil tumbado en la cama.
2. La televisión
Muchas personas tienen un televisor frente a la cama y lo utilizan para relajarse antes de dormir. Sin embargo, mantener este hábito puede hacer que el dormitorio deje de asociarse exclusivamente con el descanso.
Los especialistas en medicina del sueño recomiendan reservar esta estancia para dormir y evitar actividades que mantengan el cerebro activo durante más tiempo.
3. Ropa acumulada
La clásica silla llena de ropa o las prendas amontonadas sobre una cómoda generan una sensación de desorden visual que puede dificultar la relajación.
No se trata de mantener una habitación perfecta, sino de evitar que el exceso de objetos visibles transmita una sensación de caos. Guardar la ropa antes de acostarse apenas lleva unos minutos y ayuda a crear un ambiente más agradable.
Dormitorio desordenado con ropa encima de una silla.
4. Objetos relacionados con el trabajo
Ordenadores encendidos, documentos, agendas o montones de papeles recuerdan constantemente las obligaciones pendientes. Si es posible, lo más recomendable es que el dormitorio no se utilice como despacho.
Separar el espacio de trabajo de la zona de descanso ayuda a que el cerebro desconecte con mayor facilidad al finalizar el día.
5. Luces demasiado intensas
Aunque no son un objeto decorativo en sí mismo, las bombillas de luz fría o excesivamente potentes pueden dificultar que el organismo se prepare para dormir.
Lo ideal es utilizar iluminación cálida y regulable durante las últimas horas del día para favorecer un ambiente más relajante.
Pequeña lámpara con luz relajante y regulable para antes de dormir.
6. Relojes con pantallas muy luminosas
Los despertadores digitales con números muy brillantes o los relojes inteligentes cargándose sobre la mesilla pueden convertirse en una fuente constante de luz durante la noche.
Además, mirar la hora repetidamente cuando cuesta dormir puede aumentar la ansiedad y hacer que conciliar el sueño resulte todavía más difícil.
7. Exceso de objetos decorativos
Llenar estanterías, mesillas o cómodas de adornos puede hacer que el dormitorio resulte visualmente recargado.
Los expertos en interiorismo recomiendan optar por una decoración sencilla, con pocos elementos y una paleta de colores suaves que favorezca la sensación de calma.
Dormitorio minimalista.
Crear un entorno pensado para el descanso
No se trata de vaciar completamente la habitación, sino de eliminar aquello que distrae, genera ruido visual o recuerda constantemente las obligaciones del día a día. Mantener una temperatura agradable, ventilar la estancia antes de acostarse y reducir el ruido también contribuyen a mejorar el descanso.
La Sociedad Española de Neurología (SEN) estima que cerca de un 48 % de la población adulta presenta en algún momento dificultades para iniciar o mantener el sueño, mientras que alrededor de un 10 % padece algún trastorno del sueño de forma crónica. Por ello, cuidar los hábitos y el entorno del dormitorio resulta especialmente importante.
En la misma línea, la Sleep Foundation recomienda reservar el dormitorio exclusivamente para dormir, limitando el uso de pantallas y otras actividades que puedan dificultar la asociación entre esta estancia y el descanso.
Pequeños cambios, como retirar los dispositivos electrónicos, ordenar la ropa o reducir los estímulos visuales, pueden ayudar a crear un dormitorio más tranquilo. Aunque por sí solos no solucionan un problema de insomnio, sí favorecen unas mejores condiciones para dormir mejor y convertir esta estancia en el espacio que realmente debe ser: un lugar dedicado al sueño y la recuperación.