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El 3 de noviembre de 1957, una perrita rusa fue lanzada al espacio. Su nombre era Laika y se convirtió en el primer mamífero en abandonar el planeta. Aunque Laika no sobrevivió, los rusos consideraron que la experiencia fue un absoluto éxito tras poner en órbita el satélite artificial Sputnik 1. Hechos sorprendentes de la historia como este se recopilan en el libro 321 curiosidades que todo el mundo debería conocer sobre la historia.
Considerado un compendio maravilloso de información y sorpresas, nos acerca a la historia aportando una infinidad de datos curiosos. Desde la formación de la Tierra hasta nuestros días, cuenta que las faraonas también llevaban barba, que el hormigón es un invento romano, que los bomberos de la antigua Roma tenían que salir corriendo todos los días o que Carlomagno sentó las bases de nuestro sistema de escritura actual. Y es que Gladiator II no era únicamente pura ficción, pues los romanos también llenaban el Coliseo de agua y representaban batallas navales. Por si fuera poco, los aztecas no solo tenían un zoológico, sino incluso un zoo humano...
Labores peculiares
Uno de los hechos históricos curiosos más relevantes que recopila esta obra tiene que ver con una labor peculiar que algunos “afortunados” desempeñaban en el pasado. Y es que los reyes también son personas, y al igual que todo hijo de vecino, de vez en cuando tienen que ir al baño. En la Edad Media, concretamente, muchos reyes tenían un váter con el asiento tapizado de terciopelo y, como aún no existían las alcantarillas, debajo del váter había un balde para recoger los excrementos reales.
Cabe destacar que el váter se colocaba en un lugar donde el rey pudiera hacer sus necesidades tranquilamente, por ejemplo, en una de sus estancias privadas. Cuando el monarca terminaba de separar la obra del artista, su “limpiaculos” personal le limpiaba con un paño húmedo y lavaba el balde con los excrementos.
“En la Edad Media, los nobles se peleaban por el puesto de ‘limpiaculos real”.
Puede parecer un trabajo asqueroso, pero los nobles no lo veían así. De hecho, se peleaban por el puesto de “limpiaculos real”, ya que el rey solía elegir siempre a alguien de la alta nobleza para esa tarea. En resumen: solo un noble podía tocar el culo del rey. De todos los miembros de la corte “el limpiaculos” era quien mejor le conocía probablemente, pues hablaba con él de diversos asuntos personales. En la corte inglesa, limpiarle el culo al rey era un trabajo muy respetado, y la tradición se mantuvo hasta 1900.
La cosa iba de tortugas
La guerra de Independencia americana no solo se libró en tierra, sino también en la mar. El ingeniero estadounidente David Bushnell inventó un aparato capaz de navegar bajo el agua, aunque no tenía nada que ver con los submarinos que conocemos hoy en día. Estaba construido con dos casquetes con forma de caparazón de tortuga, por lo que lo bautizaron como The Turtle, es decir La Tortuga.
David Bushnell inventó un aparato para navegar bajo el agua.
Y es que para poner en marcha las hélices, había que girar una palanca en su interior. Este ingenioso invento permitía acercarse sin ser visto a los barcos enemigos para fijar una carga de explosivos al casco, prender la mecha y salir buceando (tu, tun, tss). Al menos, esa era la idea, ya que en la práctica no sabemos si la cosa funcionaba así de bien. En cualquier caso, se trata del primer submarino cuyo uso está documentado en una guerra.
Autoras
Mathilda Masters es una exploradora nata que ha convertido su pasión en su profesión y lo sabe casi todo de animales, plantas, historia, ciencia y lengua. Luoize Perdieus estudió diseño gráfico y sus ilustraciones están llenas de detalles y buen humor, lo que cautiva a lectores de todas las edades.
‘Burgers’: un invento muy romano
A ver si les suena de algo esta receta: tomen un poco de carne picada y sazónenla con sal, añadan piñones y un chorrito de vino blanco, mézclenlo todo bien y denle a la masa forma de tortita, y fríanla en una sartén para servirla posteriormente entre dos rebanadas de pan.
Pues, sí, la receta de la hamburguesa es de Marco Gavio Apicio, un comidista y autor de un famoso libro de cocina del siglo I a.C. En la antigua Roma, casi todo el mundo comía fuera de casa. Vivían en bloques de viviendas sin chimeneas ni fogones, por lo que era más práctico salir a la calle y comer en una taberna o puesto callejero. En el menú de los antiguos romanos había guiso de útero de cerda estéril y ratones de campo rellenos. No sé ustedes, pero creo que preferiría limitarme a comer hamburguesas...
Las hamburguesas las inventó un comidista romano.
Los persas inventaron el congelador 400 años antes de Cristo
Este enorme “foso de hielo” cavado en el suelo contaba con una capacidad de hasta 5.000m3
Tal y como nos cuenta la obra escrita por Mathilda Masters e ilustrada por Louize Perdieus, algunas invenciones son mucho más antiguas de lo que creemos. ¿Quién se imaginaría que sería el caso del congelador, verdad? Y es que los persas ya sabían hacer hielo hace más de 2.500 años. Sus ingenieros más inteligentes inventaron el yakhchal, que literalmente significa “foso de hielo”, una construcción que permitía hacer y almacenar hielo en medio del desierto.
Pero estos no se parecían en nada al congelador que tenemos en casa. La construcción consistía en un enorme foso cavado en el suelo con una capacidad de hasta 5.000 m3, lo que equivalía a 50 salones de 8 metros de largo, 5 de ancho y 2,5 metros de alto. Sobre el foso se alzaba una cúpula similar a un queso de tetilla construida con una especie de cemento a base de arena, arcilla, claras de huevo, cal, pelo de cabra y ceniza. En la base, las paredes de la cúpula tenían un grosor de hasta dos metros.
Los persas inventaron el ‘yakhchal’ o “foso de hielo”.
El conjunto se remataba con captadores de viento, unas torres especiales que proporcionaban ventilación natural y refrigeración en el interior del yakhchal. Con un ingenioso sistema de canalización llevaba el agua fría de las montañas a los yakhchales, donde se transformaba en hielo con ayuda de los captadores de viento. En invierno, con animales de carga, se traía hielo de las montañas para acelerar el proceso. Los persas utilizaban el hielo para hacer sorbetes, enfriar la fruta y conservar alimentos.