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Josune Arakistain, más conocida como Süne, se muestra contenta y relajada. 2026 está siendo un buen año para ella, un ejercicio en el que parece haber encontrado ese difícil equilibrio entre la vida sobre el escenario y fuera de ella. Mientras sueña con colaborar algún día con Taylor Swift (por soñar, que no quede), la cantante y trikitilari guipuzcoana, una de las sensaciones de la música pop en Euskal Herria desde los tiempos de Huntza, repasa en esta entrevista la importancia de la trikitixa en la escena vasca, su alianza con el grupo burgalés La M.O.D.A., su sorprendente amor por el country y el escurridizo concepto del éxito en la música, entre otros asuntos. Aunque hoy no lleva puesta su gorra con el lema Make acordeón great again', Süne, de 30 años, admite que la trikitixa es inevitablemente su gran bandera musical. Por ahora.
¿Necesitamos un nuevo bum de la trikitixa para que el mundo vaya mejor?
Con la trikitixa y con la música se alegran los corazones y creo que todo nos iría mejor. La cultura ayuda a mejorar las cosas, pero también creo que solo con la cultura no hacemos nada. A veces la tendemos a idealizar demasiado. El cambio tiene que venir de algo más profundo.
¿La trikitixa ocupa el lugar que se merece en la escena musical de Euskal Herria?
Sí y no. La trikitixa ocupa lugares que se merece, como en las plazas con las romerías, pero popularmente igual no se ve tan bien. Es un tema que he hablado con muchos trikitilaris y coincidimos en que generalmente todavía no se considera un instrumento tan culto como otros, cuando es todo lo contrario…
“ La trikitixa ocupa lugares que se merece, pero popularmente igual no se ve tan bien ”
Quizás porque se asocia sin más al folclore.
Sí, y creo que ese es el error. Cuando lo vinculamos a la tradición, solo le damos esa connotación. Aunque estos años ha habido un bum del mix de la música tradicional con la electrónica y otros sonidos, la trikitixa se ve a día de hoy de una manera que me sigue sin gustar. Todavía queda trabajo por hacer para que sea un instrumento como cualquier otro. No sé cuál es la llave para que lleguemos ahí y ni siquiera sé si nos toca a nosotros, los trikitilaris, hacer ese camino.
¿No siente que con su música puede ejercer esa misión?
No creo que haya que hacer algo para que eso suceda. Es más bien una cuestión de cómo se ve la trikitixa. Yo no me siento como una misionera ni representante de nada. Hago canciones que me gustan y mi herramienta es la trikitixa.
También es su bandera.
Sí que es mi bandera. Por ahora, sí. Pero no sé si la llevaré siempre ni quiero tampoco cargar con ese peso porque no sé qué tipo de música voy a hacer en el futuro. A los músicos que tocan la guitarra en un escenario no solo se les define como guitarristas. A veces pienso que le damos demasiada importancia a la trikitixa. Aunque en mi caso es protagonista, es un instrumento que también sirve para acompañar el sonido de una banda y tener un rol más secundario.
“ Los jóvenes de Itziar tenemos la herencia de la discoteca Txitxarro, me encanta el tecno ”
La vida en la carretera agota física y emocionalmente: ahí está el caso de Miley Cirus, que el año pasado renunció a salir de gira. ¿Cómo lleva el tute?
¡Siempre digo que Miley Cirus es la artista con la me gustaría colaborar! Yo todavía me siento con fuerzas y me gusta salir a enseñar mi música al público. Es el fruto de haber estado creando un disco durante años y ese es el momento de sacarlo a la luz. Pero entiendo que desgaste un proceso así y más a los niveles de Miley Cirus. Lo mío es una escala mucho menor, aunque desde Huntza hasta encajar mi música con Süne no he parado. Llevo años ya metida en la rueda de disco-gira, disco-gira... Con el tiempo he aprendido a llevarlo mejor. Este año por ejemplo he coordinado genial los conciertos con el descanso y estoy estupendamente.
Ha dicho que de gira encuentra “otras casas fuera de casa”.
Sí. El bum de Huntza fue brutal y me costó darle la vuelta a eso. Me sentía muy presionada en Euskal Herria. Hubo muchas críticas, buenas y malas, y no sabía muy bien cómo gestionarlo. Acababa repercutiendo en la gira y a cómo me sentía yo encima del escenario. Durante un tiempo disfrutaba mucho más los conciertos de fuera porque me sentía mucho menos juzgada. Valoraban mucho la música que hacíamos y me sentía muy muy querida. Aquí también, pero se me juntaba un torbellino de cosas que con tiempo, trabajo y experiencia he sabido darle la vuelta. Ahora con Süne es el momento en el que disfruto un montón de tocar en Euskal Herria.
¿El éxito es poder tocar Txoria Txori en la celebración de la Copa de la Real ante decenas de miles de personas?
El éxito para mí es poder vivir de la música que hago, de los conciertos que doy. Es algo que siempre he querido. Lo valoro muchísimo. Como realzale, tocar en Alderdi Eder de Donostia fue un regalo y era muy consciente de ello. Creo que estoy en un muy buen momento.
De ruta con los chicos de La M.O.D.A.
Los burgaleses La M.O.D.A, con sus reconocibles camisetas blancas de tirantes, son una de las bandas más grandes del panorama musical estatal. Su acordeonista, Joselito Maravillas, estuvo de baja un tiempo y el grupo decidió fichar a Süne para suplir su ausencia durante un breve tramo de la gira. Pero la baja se alargó. Lo que iban a ser cuatro o cinco conciertos sueltos, se convirtió en toda una odisea con la banda de más de 30 fechas, incluyendo una tanda de actuaciones en México. Cuando el cantante de La M.O.D.A, David Ruiz, llamó a Süne para contarle sus planes, esta le dijo que tocaba la trikitixa, no el acordeón. “Pero tocas de pie”, contraatacó David. La M.O.D.A tienen fama de ser una sencilla cuadrilla de amigos a la que él éxito no le ha cambiado ni su forma de ser ni su manera de hacer las cosas. Süne lo confirma: “Ellos son de verdad y la música que hacen también es de verdad. Y eso se nota”.
¿La canción Titxarro es su homenaje particular a la música máquina del conocido tema Flying Free de Point Aeri?
No es un homenaje consciente, pero los jóvenes de Itziar tenemos la herencia de la discoteca Txitxarro. A la gente le puede parecer extraño, pero me encanta el tecno. Soy bastante de ese rollo, aunque toque la trikitixa y me encanten los corridos y los pasodobles. No escucho de todo, obviamente es imposible. Pero con 15 años ya escuchaba discos de Vivaldi y mucha música clásica y luego me ponía un disco de metal. He bebido de muchos lados. Ahora mismo estoy escuchando country, ando a tope con Sierra Farrell. Es mi artista top uno.
¿Qué les llama la atención de la música y estética de los dos miles a los jóvenes de la generación Z como usted?
Yo me considero una chica muy normal.
Eso lo dice todo el mundo.
(Ríe). Tengo mis taras, como todos los músicos. En mi casa me dicen: “¡¿Pero tú de dónde has salido?!”. A mí las modas también me repercuten y como Süne respondo a eso, aunque todo lo que hago sea de verdad. Me lo tengo que creer primero. La estética que llevo ahora es la que me gusta y con la música me pasa lo mismo. Si resulta que eso es de los dos mil, pues genial.