La televisión también cambia de modas. Hubo una época en la que el corazón era uno de los grandes motores de las audiencias. Después llegaron los realities, la política, los sucesos y la actualidad más inmediata. Y ahora parece que la crónica social vuelve a quedarse sin silla. Al menos en Antena 3.
Siete años después de recuperar con enorme éxito los contenidos del corazón en Espejo Público, la cadena ha decidido dar un nuevo giro a su magacín matinal. La actualidad política y la información ocupan ahora prácticamente todo el espacio, mientras la sección diaria dedicada a la prensa rosa desaparece de la escaleta habitual.
Sonsoles Ónega, en una foto de archivo.
La decisión no implica, al menos por ahora, la salida de dos de sus rostros más reconocibles. Ni Miquel Valls ni Gema López abandonan el programa de Susanna Griso, aunque sí tendrán que adaptarse a un formato donde la crónica social deja de ser protagonista para convertirse en algo meramente puntual.
No es un movimiento aislado. Desde hace meses ocurre algo parecido en Y ahora Sonsoles. El programa arrancó apostando con fuerza por la información del corazón, hasta el punto de convertirla en uno de sus principales reclamos. Sin embargo, esa parcela ha ido perdiendo peso de forma progresiva. Lo que antes ocupaba buena parte del programa hoy, en algunas tardes, apenas alcanza un cuarto de hora.
La sensación es evidente: el corazón ya no marca el ritmo de las tardes de Antena 3. Paradójicamente, esta decisión llega en un momento en el que la información social continúa generando un enorme interés en internet. Las exclusivas siguen acumulando millones de visualizaciones, las redes sociales convierten cualquier movimiento de los famosos en tendencia y las revistas especializadas mantienen una notable capacidad para generar conversación.
El interés existe. Lo que cambia es la forma de consumirlo.
Por fortuna, todavía quedan algunos resistentes para quienes seguimos disfrutando de la crónica social contada con rigor y cercanía. Ahí continúa DCorazón, el espacio de La 1 capitaneado por Anne Igartiburu y Javier de Hoyos, convertido casi en el último gran refugio televisivo de un género que durante décadas fue una de las señas de identidad de la tele.