Construido en 1990 siguiendo las técnicas tradicionales, está considerado como la última gran embarcación de madera de la flota bonitera vasca. Durante más de una década, el barco Mater de la familia Etxegoien de Getaria faenó en el Golfo de Bizkaia -y puntualmente en la costa de África- hasta que en 2003, cuando estalló el desastre del Prestige, se encaminó rumbo a Galicia para unirse al operativo de limpieza y tratar de frenar el avance de la marea negra. Todo hacía apuntar que ese iba a ser su último servicio y que este pesquero de madera de 33 metros de eslora terminaría sus días en un desguace. Sin embargo, contra todo pronóstico, el barco se salvó.
“Lamentablemente, lo que se hace con un barco que está en desuso es malvenderlo o, cuando ni siquiera encuentras un comprador, hundirlo. La costa Cantábrica está llena de barcos hundidos y Mater podía haber sido uno de ellos”, admite el donostiarra Markel Elizalde, responsable de comunicación de Mater y uno de los siete miembros fijos de la tripulación. El pesquero vasco disfruta de una segunda vida reconvertido en un museo flotante en aguas de Pasaia, además de ejercer su papel de aliado de la salud marina. Tiene bodega, tiene cubierta, tiene la estructura y el olor de los barcos que durante décadas faenaron en nuestro litoral. Pero ya no sale a pescar bonito.
Desde 2005 hasta hoy -“y esperamos que muchos años más”, subraya Markel- Mater se dedica a acercar el mar a los ciudadanos y dar a conocer los problemas que lo atenazan, tratando así de generar nuevos hábitos en la sociedad. Este cambio de chip se impulsa desde distintos frentes. Este mes de julio, por ejemplo, Mater suelta amarras y ha abandonado el Puerto de Pasaia para pescar plásticos como parte de una de sus campañas estrella, Zabor zero uretan, que cumple su séptima edición bajo el lema: “El mejor residuo, el que no se genera”.
Basuras marinas, un problema de salud pública
El barco recorre estos días distintos puertos de la costa vasca -Bilbao, Portugalete, Bermeo, Ondarroa, Mutriku, Getaria, Hondarribia y Pasaia- con un programa de actividades de sensibilización medioambiental dirigido a todos los públicos. Cuando el tiempo lo permite, en la cubierta de la embarcación se proyectan algunas películas en colaboración con el Ciclo Internacional de Cine Submarino de Donostia (Cimasub). Es una de las actividades de ocio más esperadas.
El mensaje que se lanza desde Mater no es abstracto, sino “un problema de salud pública que llevamos décadas ignorando”. El foco está puesto en las basuras marinas. Los efectos adversos del cambio climático, cada vez más perceptibles, han modulado la misión del barco. La asociación sin ánimo de lucro Itsasgela, que capitanea Mater desde sus inicios, ya no se centra tanto en dar a conocer la historia marítima vasca y distintos aspectos del universo marino.
Cuando el tiempo lo permite, en la cubierta de la embarcación se proyectan algunas películas.
“En absoluto renegamos de la tradición pesquera de la que Mater es emblema”, matiza Markel Elizalde. Sin embargo, la urgencia ambiental que vive el planeta ha provocado un giro en el discurso. Ahora se centran “muchísimo más” en informar y sensibilizar sobre el cambio climático y las cantidades alarmantes de basuras marinas que proliferan en el mar mientras tratan de cosechar complicidades entre la ciudadanía y las administraciones.
El llamado Einstein de la oceanografía, Walter Munk, dijo antes de morir en 2019 que aún estábamos a tiempo de salvar los océanos, pese al calentamiento global y los políticos negacionistas del mundo. Markel está de acuerdo, pero asegura que estamos “en modo contra reloj”. Y advierte: “La mar es un ecosistema vivo que se cuida mucho más de lo que la cuidamos nosotros. Tiene una capacidad innata de curarse y darle la vuelta a situaciones que parecían impensables, como pasó con el Prestige. Pero hay que empezar a actuar ya. Tenemos que cambiar nuestros hábitos de consumo y tratar de reducir al máximo los residuos que generamos. La clave es la reducción”.
Moderado optimismo en el litoral Cantábrico
Sin quitarle hierro a un problema que afecta al ecosistema marino en su conjunto, Markel Elizalde se muestra moderadamente optimista sobre la salud ambiental de la costa vasca. “Creo que somos unos privilegiados. La mar es una y es toda, pero basta fijarse un poco en que la situación global es mucho más complicada de lo que nosotros vemos desde nuestras playas o cuando navegamos. Aquí no hay islas de plásticos como ocurre en el Pacífico o el Índico”. La realidad, no obstante, recuerda Markel, es más compleja y difícil de percibir. Mientras que desde el mes de junio ondean en nuestras playas las mismas cuatro banderas azules de 2025 (Bakio y las zonas de baño de Landa, Moskurio y Salurriaga), en su travesía por el Cantábrico, Mater es testigo de la basura marina que se acumula en determinadas zonas. Solo en el Puerto de Bilbao, recogieron en apenas unas horas 35 kilos de desperdicios.
Alianzas marinas
El papel del voluntariado es fundamental en Mater. En la campaña Zabor zero uretan, por ejemplo, embarcarán en total más de 30 personas voluntarias -unas 5 personas por puerto-, que durante varios días echan una mano a la tripulación. Los voluntarios también colaboran en el mantenimiento del barco a lo largo del año. Para aquellos que quieran participar de otro modo, existe la tarjeta Mater kluba: desde 30 euros al año, se puede apoyar la labor de la embarcación, además de tener acceso ilimitado al museo y disfrutar de descuentos en las actividades que se organizan. Para visitar el museo pesquero, es imprescindible reservar previamente a través del formulario de la página mater.eus. La entrada general cuesta 7 euros y los niños menores de 5 años, así como los pescadores profesionales, acceden de forma gratuita.