Actualizado hace 3 minutos
Basta con entrar a cualquier supermercado o echar un vistazo a la carta de una cafetería moderna para darnos cuenta de que la kombucha está en todas partes. Normalmente viene en botellas de diseño llamativo, con burbujas y con sabores que van desde el jengibre hasta los frutos rojos. Sin embargo, detrás de esa imagen de superalimento, conviene separar el marketing de la realidad y entender todo lo que se dice sobre ella.
Qué es exactamente
La kombucha no es un invento moderno, aunque su popularidad se haya disparado en los últimos años. Se trata de una infusión de té endulzada con azúcar y fermentada mediante una “colonia simbiótica” de bacterias y levaduras conocida como SCOBY.
La kombucha es una bebida fermentada a base de té, azúcar y bacterias Scoby.
Durante el proceso de elaboración, que puede durar desde unos días hasta varias semanas, los microorganismos consumen gran parte del azúcar inicial. Las levaduras transforman ese azúcar en alcohol y las bacterias convierten ese alcohol en ácidos. Este proceso da lugar a un refresco ácido, con un gas natural y un porcentaje de azúcar menor que el de la infusión de la que parte. Muchas veces, se le da una segunda fermentación en botella con frutas, zumos o especias para darle más sabor.
Los mitos y la ciencia
A la kombucha se le dan todo tipo de virtudes curativas en redes y en campañas de publicidad. Desde mejorar la digestión y reforzar el sistema inmunitario, hasta propiedades antioxidantes, capacidad desintoxicante para el hígado o incluso de regulación del colesterol. Se vende como un “probiótico” potentísimo, una palabra que solemos asociar automáticamente con beneficios para la salud intestinal. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha señalado que un producto contenga microorganismos vivos o se etiquete como probiótico es un elemento descriptivo y no es una garantía de salud. La OCU matiza que no existe evidencia científica sólida que demuestre estas propiedades milagrosas en el organismo humano más allá de su capacidad para hidratar. Por tanto, no se debe consumir buscando curar dolencias ni como un suplemento.
Dónde sí tiene sentido
Que no sea un remedio milagroso no significa que sea una mala opción. El mayor punto a favor de la kombucha es que se puede utilizar como una excelente alternativa a los refrescos azucarados tradicionales y a las bebidas alcohólicas. Para quien busca una bebida con sabor y gas pero quiere huir de las bombas de azúcar que pueden ser los refrescos convencionales, la kombucha encaja a la perfección.