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Castilla-La Mancha desplegó este pasado 31 de mayo toda la riqueza de su despensa en la Plaza de la Constitución de Donostia, que volvió a convertirse en el escenario del Encuentro de Casas Regionales. Una jornada marcada por los aromas, los sabores y el folclore, en la que cientos de personas pudieron acercarse a la cultura y la gastronomía de distintos territorios a través de algunas de sus propuestas más representativas.
Tierra de hidalgos y molinos centenarios, de horizontes infinitos y de campos que se extienden hasta donde alcanza la vista, Castilla-La Mancha mostró una vez más la esencia de una región forjada en el esfuerzo, la tradición y el saber hacer de sus gentes. Una oferta gastronómica que bebe de siglos de historia, del carácter de sus pueblos y de una herencia culinaria única, capaz de conquistar paladares y despertar los sentidos. Y como era de esperar, la acogida fue un éxito rotundo. “Nos quedamos sin existencias. Salvo algo de vino, se acabó todo. La gente degustó nuestros productos con avidez y entusiasmo”, explica Alfredo Medina, presidente de la Casa castellanomanchega de la capital guipuzcoana, que se sumó por tercer año consecutivo a este evento.
Las exquisiteces castellanomanchegas hicieron las delicias del público, hasta el punto de que el expositor se quedó sin existencias.
Una tierra con muchos atractivos
El buen tiempo acompañó y una quincena de integrantes de la entidad, que reúne a cerca de un centenar de socios y socias, trabajó sin descanso para atender a las numerosas personas que se dejaron seducir por las delicias de esta comunidad autónoma que, como reivindica Medina, “posee, entre otras muchas cualidades, una gastronomía extraordinaria y una amplia variedad de productos de gran calidad, aunque sigue siendo una gran desconocida para buena parte de la gente, que a menudo la ha visto únicamente como un territorio de paso entre el norte y el sur”.
El presidente de la Casa de Castilla-La Mancha, Alfredo Medina.
Un viaje entre sabores que despierta los sentidos
La degustación fue un auténtico viaje por los sabores castellanomanchegos. Sobre las mesas no faltaron las aceitunas artesanales de diferentes aliños, los afamados ajos morados de Las Pedroñeras ni una amplia selección de quesos elaborados por las queserías Rocinante y Don Apolonio, ambas de Malagón. También tuvieron un papel destacado los aceites de oliva virgen extra de diversas variedades, como Arbequina o Cornicabra, junto a los embutidos tradicionales –chorizo, salchichón y longaniza–, que compartieron protagonismo con algunos de los platos más emblemáticos de la cocina manchega, entre ellos los callos, las judías con perdiz, el rabo de toro, la perdiz en escabeche, el pisto y el asadillo, especialidad típica que lleva pimiento rojo, tomate y comino, y que puede tomarse fría o caliente, funcionando igual de bien como tapa o como guarnición de pescado y carne. La experiencia se completó con vinos de la cooperativa Virgen de las Viñas, de Tomelloso, en sus versiones blanco, rosado y tinto, además de la mistela, un vino dulce servido bien frío, junto a otros productos como la miel de La Alcarria, las almendras y los pistachos.
Los afamados ajos morados de Las Pedroñeras.
Un estupendo escaparate
Para Medina, este tipo de encuentros constituyen “un magnífico escaparate” de la tierra castellanomanchega, distinguida por su autenticidad y por los exquisitos manjares que nacen directamente del campo.
La jornada reunió también a las casas regionales de Andalucía, Extremadura y La Rioja, convirtiendo la Plaza de la Constitución en un mosaico de culturas y tradiciones. Entre las autoridades que asistieron a la fiesta se encontraban Ricardo Calzado, director de Instrumentos Financieros de la Junta de Castilla-La Mancha; Marisol Garmendia, delegada del Gobierno de España en Euskadi; representantes de la Corporación municipal del Ayuntamiento de Donostia; y la presidenta de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, María José Barbarín Urquiaga.
Castilla-La Mancha volvió a demostrar que su cocina es una de sus mejores embajadoras: una gastronomía generosa y rica en matices, que hace de la tradición y del respeto al producto de proximidad sus señas de identidad.