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Con algo más de 12 kilómetros de recorrido, la Vía Verde de Arditurri es una de las rutas cicloturistas y senderistas más fáciles y completas de Gipuzkoa. Su camino, asfaltado en su totalidad y prácticamente llano en sus primeros tramos, resulta perfecto para paseantes, ciclistas, patinadores y personas con movilidad reducida que buscan salir de entornos urbanos a la naturaleza.
Vía Verde de Arditurri.
El camino arranca en el entorno de Lezo y Pasaia, adentrándose por el municipio de Errenteria siguiendo la antigua caja del tren que durante décadas transportó el mineral extraído de la tierra hasta el puerto. A medida que el sendero deja atrás la comarca de Oarsoaldea, el hormigón va desapareciendo paso a paso y aparecen el cauce del río Oiartzun y una importante vegetación. Siete túneles forman el camino, uno de ellos perteneciente al antiguo ferrocarril maderero de Artikutza.
Minas de Arditurri
El plato fuerte del recorrido espera al final de la vía verde, en el Coto Minero de Arditurri, situado al pie del imponente macizo granítico de Aiako Harria. Esta explotación minera estuvo activa de forma casi ininterrumpida durante más de 2.000 años, desde la época romana hasta su cierre definitivo a mediados del siglo XX.
Hoy en día, el Centro de Interpretación instalado en el antiguo depósito de material nos permite adentrarnos en las galerías subterráneas mediante visitas guiadas. Recorrer sus túneles iluminados, escuchar el goteo del agua sobre la piedra y observar las huellas que los mineros dejaron con sus cinceles hace dos milenios.
Qué ver y hacer en los alrededores
La visita a la Vía Verde de Arditurri también nos permite descubrir una comarca de un enorme valor histórico y natural. A tan solo unos minutos del inicio del recorrido se despliega la impresionante bahía de Pasaia, donde destacan dos pueblos con una identidad única. Por un lado, Pasaia Donibane destaca por sus emblemáticas casas-puente levantadas directamente sobre el agua, sus pasadizos de piedra y una preciosa plaza orientada hacia el paso de los barcos. Justo al otro lado, en Pasai San Pedro, se encuentra la Factoría Marítima Vasca Albaola, un astillero científico y museo vivo donde los artesanos construyen ante el público una réplica a tamaño real de la nao San Juan, el famoso ballenero vasco hundido en las costas de Terranova en el siglo XVI.
Siguiendo el trazado del río, Errenteria invita a perderse por su casco antiguo medieval. En sus calles se aprecian antiguas casas y edificios emblemáticos como la Casa Consistorial o la iglesia gótica de Nuestra Señora de la Asunción, levantada en piedra arenisca.
Para quienes busquen una experiencia de montaña tras el paseo, el propio Parque Natural de Aiako Harria ofrece alternativas de mayor exigencia física. Desde las inmediaciones del coto minero salen senderos bien señalizados que nos llevan hacia las cumbres del macizo, coronado por sus tres famosas Irumugarrieta, Txurrumurru y Erroilbide. Este rocoso es la única formación de origen granítico de todo Euskadi.
Por su parte, Oiartzun ofrece la cara más rural de la comarca. La ruta cruza varios de sus barrios, reconocibles por estar llenos de caseríos, prados y palacios. Su plaza mayor, dominada por la parroquia de San Esteban y llena de terrazas, es el lugar idóneo para hacer una pausa.