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Es una estampa singular que desde hace algunos años se ha dejado ver por las calles y plazas de Bilbao: un concierto de una orquesta infantil compuesta por niñas y niños de orígenes familiares muy diversos que provienen, en su mayoría, del distrito de Ibaiondo y entornos con pocos recursos. Esa orquesta es, en realidad, dos agrupaciones con niveles musicales distintos que forman parte del proyecto Etorkizuna Musikatan promovido por la asociación Norai del barrio de San Francisco.
En sus inicios, en 2019, apenas eran 8 miembros en la orquesta. Ahora son más de 300 menores de entre 8 y 17 años los que aprenden gratuitamente a tocar instrumentos de cuerda y viento (violín, viola, violonchelo, contrabajo, trompeta, clarinete y flauta), siendo dirigidos por una decena de profesores con estudios superiores. La percusión va por libre en esta orquesta, con lo que cuatro chavales han formado su propio grupo de txalaparta aparte. Un colectivo de txalapartaris del barrio les ayuda con el tradicional instrumento vasco. Aquí nadie se queda fuera.
Los alumnos cuentan también con el apoyo de un equipo socioeducativo. “Cuando surge cualquier problema en clase, se realiza una labor de acompañamiento a los txikis como a sus familias gracias a los educadores y trabajadores sociales que forman parte del proyecto”, explica Zaira Calleja, directora de comunicación de Norai. “Hay veces que se abren más con nosotras que con los asistentes sociales o en el colegio. Nos ven como una familia porque al final eso es lo que somos: una red de apoyo”, añade Zaira.
En Norai buscan “que tengan una red de apoyo y un lugar seguro en el que poder crecer”.
La orquesta es un crisol de culturas que refleja el carácter mestizo y cosmopolita de Bilbao la Vieja. El 60 por ciento del alumnado son chicas y entre las familias de los menores suman más de 30 nacionalidades diferentes. Los alumnos de iniciación (1-2 años de experiencia) practican los lunes y miércoles en el colegio Coami de la calle Urizar, mientras que los más versados se juntan los martes y jueves en el centro cívico de San Francisco. Los viernes se trabaja el repertorio (principalmente de música clásica, pero que también incluye algún guiño pop euskaldun de temas de Idoia Asurmendi, Gatibu o Zea Mays) de manera conjunta con toda la orquesta.
Este año ya han ofrecido una docena de conciertos. Sin embargo, todas las miradas están ya puestas en la gran cita del Palacio Euskalduna del próximo 25 de abril, donde se juntarán con otras orquestas infantiles hermanas de ocho entidades y proyectos de Madrid, Barcelona, Vigo, Vitoria-Gasteiz y Zaragoza. Todos ellos forman parte de la Red Música Social que cuenta con el respaldo del Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil del Gobierno central.
“A veces nos preguntan: ‘¿por qué habéis montado una orquesta sinfónica’. Y nosotras les decimos: ‘¿Y por qué no?’. ¿Quién ha dicho que una orquesta sinfónica tiene que ser para quien se pueda pagar un conservatorio? ¿Dónde está escrito que haya que pagar una entrada en un auditorio para poder disfrutar de la música clásica en vivo?”, reflexiona Zaira. Etorkizuna Musikatan bebe de la filosofía educativa del músico venezolano José Antonio Abreu, que utilizó la música como un arma para salir de la pobreza gracias al Sistema de orquestas dirigido a cientos de miles de niños y jóvenes de su país desde 1975.
Violines de segunda mano
Por un violín se pueden pagar tranquilamente varios cientos y hasta miles de euros. Y qué decir de los renombrados Stradivarius, cuyo valor alcanzan cifras astronómicas. Los instrumentos de música clásica varían mucho de precio, pero normalmente son ejemplares caros y poco humildes. No todo el mundo puede permitirse tener uno. Así que gracias a un banco social de instrumentos creado por Etorkizuna Musikatan, las chicas y chicos de la orquesta pueden hacer uso gratuitamente de los instrumentos que otros músicos ceden de manera altruista. En el caso de los más voluminosos, como los contrabajos, las donaciones son poco frecuentes y es la propia asociación la que se encarga de adquirirlos. Se puede colaborar, donando los instrumentos a través de la web etorkizunamusicatan.org. y con un bizum al 03836.
“Recolocar” piezas
Durante el curso 2025-2026, se dieron cuenta de que debían tomarse las cosas con mas calma para “recolocar algunas piezas”. Pidieron más compromiso a los alumnos. Fijaron los dos días de clase y el ensayo orquestal de los viernes. Asimismo, bajaron un poco el ritmo de conciertos para no saturar a los menores, porque no buscan formar grandes músicos, “sino que tengan una red de apoyo y un lugar seguro en el que poder crecer. Y, sobre todo, que cojan hábitos de estudio”.
El crecimiento del proyecto es un hecho. Tanto que Zaira teme a veces “morir de éxito”. De momento, esta “arriesgada apuesta” que nació desde la ilusión de revitalizar a los chavales de un barrio entero ha salido todo lo bien (“o más”) que esperaban sus impulsores.