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La incertidumbre de los evacuados por los incendios en Madrid: "No sabemos qué nos encontraremos al volver"

Decenas de miles de vecinos han abandonado sus casas entre desalojos, cambios de refugio y escasa información, mientras esperan poder regresar a sus municipios
Incendio forestal en Madrid.
Incendio forestal en Madrid. / EP

Actualizado hace 2 minutos

Los incendios forestales que mantienen en vilo a la Comunidad de Madrid han obligado a decenas de miles de vecinos a abandonar sus viviendas, pero lo que todos dicen llevar consigo es la misma sensación: la incertidumbre.

Hay quien ha salido de casa con una mochila preparada desde la noche anterior, quien solo ha tenido tiempo de coger la medicación, e incluso quien ha dormido en un coche porque desconocía que había un polideportivo habilitado.

Desesperación en Chapinería

En el auditorio de Chapinería, convertido durante unas horas en refugio para los evacuados de Pelayos de la Presa y alrededores, las conversaciones giran una y otra vez en torno a las mismas incógnitas, las de que nadie sabe cuándo podrá regresar o qué encontrará al volver.

"La incertidumbre te machaca y te come la cabeza", resume Pilar, una de las vecinas desalojadas de Pelayos de la Presa.

La tarde del jueves dormía la siesta cuando unos fuertes golpes en la puerta la despertaron: "Eran los vecinos avisando de que desalojaban a todo el mundo y la Guardia Civil ya estaba abajo", recuerda en una conversación con EFE.

Cogió la medicación y salió de casa sin pensar en nada más. Desde entonces ha tenido que comprar un cepillo de dientes y algunos productos de higiene para afrontar unos días que nadie sabe cuánto durarán.

Odisea de un traslado tras otro

A esa incertidumbre se enfrenta también Isabel, que ha recorrido en apenas unas horas tres municipios junto a sus cuatro hijos.

Salieron de Pelayos de la Presa sin tiempo para recoger nada, llegaron primero a Navas del Rey en coche y, desde allí, fueron realojados en Chapinería, donde pasaron "la noche en vela sin poder dormir" hasta que una nueva evacuación los ha trasladado este viernes a Villaviciosa de Odón.

"Hemos venido con lo puesto", resume con lágrimas en los ojos, mientras intenta transmitir calma a los pequeños que están jugando videojuegos en la sala habilitada para los más jóvenes en el Centro Miguel Delibes de Villaviciosa de Odón.

La preocupación se refleja también en Rebeca, la hija mayor de Isabel, que solo pide volver cuanto antes a casa y, sobre todo, "tener una casa a la que volver".

La noche en Chapinería ha sido larga. Muchos apenas han dormido. Algunos han permanecido hasta las cinco de la madrugada conversando en la puerta del auditorio, compartiendo información y tratando de rebajar la tensión.

"La verdad es que los voluntarios y el personal se han portado con nosotros estupendamente", agradece Pilar, que ya solo intenta asumir que tendrá que "adaptarse a lo que venga".

A pocos metros, María Elena y Evelio escuchan atentos cualquier novedad. Habían viajado desde Argentina hace un mes para visitar a su hija Beatriz y a su yerno Manuel en Pelayos de la Presa cuando el incendio trastocó por completo sus planes.

Solo han podido llevar algo de ropa de abrigo y la documentación. "Nos atendieron muy bien, nos dieron de cenar, colchones y desayuno. La atención ha sido ejemplar", cuentan agradecidos.

La hospitalidad recibida no consigue, sin embargo, disipar la preocupación. "Ahora solo rogamos a Dios que cuando volvamos todo esté bien", dice María Elena.

Desinformación

La incertidumbre también tiene que ver con la información, tal y como lo pone de manifiesto Gonzalo, periodista jubilado y también desalojado, para quien una de las mayores dificultades es no saber exactamente qué está ocurriendo.

"No tenemos oficialmente ni idea de lo que está pasando en nuestros pueblos", lamenta mientras explica que las noticias llegan a través de rumores, de mensajes entre vecinos o de lo que alcanzan a ver en los medios de comunicación.

Ahora intenta no imaginar el peor escenario: "Prefiero pensar que me voy a encontrar mi casa, mi cama y mi ducha", afirma. Lo que sí da por perdido, reconoce con resignación, es el paisaje que rodea el municipio. "El monte tardará mucho en volver a ser el que era", manifiesta.

Otros vecinos comenzaron a marcharse incluso antes de recibir una orden oficial. Arturo y Katy, residentes en El Tiemblo desde hace menos de un año, decidieron salir cuando el humo empezó a colarse por las ventanas de su casa y las cenizas cubrían ya las calles.

Sin conocer que existían espacios habilitados para los evacuados, han conducido esta noche "sin rumbo" hasta encontrar un lugar donde el cielo estuviera despejado. Han pasado la noche dentro del coche hasta que, al preguntar en una bodega por la carretera, alguien les indicó que podían acudir a Chapinería. Y mientras Lourdes, de la mano de su nieto Isaías, recuerda un detalle de la noche que le viene constantemente a la cabeza: su perro apenas ha dormido: "Cada vez que me despertaba lo veía vigilando, pendiente de todo", explica, convencida de que también los animales perciben el miedo que sienten todos. Pese a todo, intenta quedarse con una idea. "Estamos vivos, que es lo más importante", zanja.

2026-07-24T15:18:02+02:00
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