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La Dirección General de Tráfico (DGT) acomete a partir del próximo jueves una de las transformaciones normativas más ambiciosas de los últimos años. La reforma del Reglamento General de Circulación pone el acento en la vulnerabilidad de quienes transitan sobre dos ruedas o sobre plataformas de movilidad personal, un colectivo cuya siniestralidad no ha dejado de crecer al compás de la nueva movilidad urbana e interurbana. El texto introduce límites de edad, obligaciones de equipamiento y maniobras hasta ahora vetadas, además de regular de forma estricta situaciones climatológicas adversas y conductas profesionales.
A partir del 1 de octubre, queda fijada en 15 años la edad mínima obligatoria para ponerse a los mandos de uno de estos vehículos, cerrando el paso a menores de esa edad. Paralelamente, el casco pasa a ser un elemento de protección innegociable para cualquier trayecto, junto con el chaleco reflectante durante la noche o en condiciones de baja visibilidad. Para los repartidores y profesionales que trabajen sobre ellos, el chaleco será exigible a cualquier hora del día.
Para el colectivo motero, la reforma combina una histórica reivindicación con mayores cotas de autoprotección. Por primera vez, se autoriza formalmente a las motocicletas a transitar por el arcén derecho cuando existan retenciones severas, una práctica habitual pero hasta ahora antirreglamentaria. La medida, sin embargo, cuenta con letra pequeña: no se podrá sobrepasar en ningún caso los 30 km/h y el tramo deberá contar con señalización previa que habilite la maniobra.
En el reverso de las obligaciones, Tráfico prohíbe la conducción de motos con chanclas o calzado descubierto en cualquier tipo de vía, una costumbre estival que será castigada como infracción grave con 200 euros de multa. Asimismo, los mensajeros y riders que operen en moto deberán llevar puesto chaleco reflectante en todo momento, bajo idéntica penalización económica.
Los usuarios de bicicleta experimentan un doble blindaje. En el ámbito interurbano caen todas las exenciones previas: el uso del casco protector pasa a ser obligatorio sin excepción alguna. A su vez, los repartidores que pedaleen por motivos laborales deberán vestir chaleco reflectante y casco en cualquier circunstancia, con 200 euros de multa en caso de omisión.
La reforma traslada también una severa advertencia a los conductores de automóviles. Cuando un vehículo adelante a una bicicleta en carretera, estará obligado a rebajar su marcha al menos 20 km/h por debajo del límite máximo genérico de la vía. Si la calzada dispone de varios carriles en el mismo sentido, no bastará con abrirse: el turismo deberá cambiar por completo de carril, garantizando además el metro y medio de separación.
Fin del cinturón sin abrochar
El reglamento clausura lagunas históricas en materia de seguridad pasiva. Los conductores de taxi, los profesionales del reparto de mercancías en trayectos cortos de carga y descarga y los profesores de autoescuela durante las lecciones prácticas pierden sus tradicionales exenciones: deberán abrocharse el cinturón de seguridad en todo momento.
La única salvedad que subsiste en el nuevo redactado ampara al personal técnico-sanitario que viaje a bordo de ambulancias asistenciales.
Las lecciones dejadas por los últimos grandes temporales invernales han quedado plasmadas en un protocolo de vialidad. En autopistas y autovías donde la nieve complique la circulación, quedará terminantemente prohibido adelantar. El tráfico rodado deberá confinarse exclusivamente en el carril derecho.