Vida y estilo

Elena Medel, escritora: “Hay familiares que dañan más que ayudan”

La autora cordobesa vuelve a la narrativa con una novela sobre la precariedad, el peso de las herencias emocionales y el fin de las certezas
La escritora Elena Medel. / Borja Guerrero

La clase social y las expectativas rotas que tanto pintan la literatura de Elena Medel vuelven a la palestra en su nueva novela ambientada en el curso 2003-2004. Todos los pecados y la mitad de mi dolor explora desde la intimidad y lo cotidiano las heridas de ciertas generaciones que se enfrentan al fracaso y al peso familiar, ejerciendo el papel de abrir debates incómodos.

Ha afirmado que las circunstancias personales “marcan lo que escribimos”. ¿Cuáles son las suyas a la hora de narrar Todos los pecados y la mitad de mi dolor?

Para mí hay cuestiones que siempre tienen un peso fuerte en lo que escribo. En esta novela, en la anterior -Las maravillas-, en los poemas, e incluso en los ensayos, hay algo que tiene que ver con la conciencia de clase social y del género. El hecho de que circunstancias aleatorias, digamos, marquen de una forma tan potente no solo nuestra identidad, sino también la manera en la que el resto del mundo nos percibe. Son cuestiones que me interesan porque tienen que ver con, quizá, mi propia biografía. Aunque lo que escribo no es autobiográfico, justo me interesa la ficción porque me permite inventar y ponerme en la piel de personajes que no tienen nada que ver conmigo.

¿Cómo ha evolucionado su perspectiva sobre el fracaso desde que lo abordó en Chatterton (XXVI Premio Fundación Loewe a la Creación Joven)?

Para mí está muy ligado de manera muy fuerte a la expectativa, tanto a la que creamos por nuestra cuenta, como a la que depositan en nosotros. Además, esa que creamos tiene que ver muchas veces con la mirada ajena. Personajes de la novela están en el camino de conseguir un objetivo que se han marcado, y puede ser que ocurra o no. Creo que la idea que tenemos de fracaso es muy dúctil y muy cambiante, en el sentido de que para alguien puede ser algo aceptable y una pequeña victoria, y para otro puede ser un fracaso rotundo.

'Chatterton', de Elena Medel. Archivo

Del personaje de Don Jesús se dice que no tiene que enseñar nada a su hijo para que este sepa que el mundo está ordenado de cierta manera. ¿Viene de fábrica?

Ten en cuenta que la novela transcurre en el curso 2003-2004, para ti habrá cosas que sean como las pirámides de Egipto (risas). Me interesaba mucho situarlo en ese momento histórico, porque es un periodo de cambio y transformación de la sensibilidad. Venimos de la catástrofe del Prestige, de la guerra de Irak, de las manifestaciones para condenarlas y rechazarlas... Venimos de una movilización social fuerte y, en el curso que transcurre la novela, suceden los atentados de Atocha, el cambio de gobierno, la promesa, el avance de las nuevas leyes sociales... Es decir, hay una sensibilidad que está transformándose, una conciencia social que está naciendo. Me interesaba mucho esa distancia personal para que pudiéramos ver cómo hemos cambiado. ¿En qué momento algo empieza a transformarse para que se vea de otra forma? En mis novelas me gusta mucho hablar de épocas de la historia más o menos reciente, pero no desde el punto de vista de personajes históricos, sino desde lo cotidiano y lo íntimo. Creo que es una manera muy útil de hacernos esas preguntas, de dónde venimos para que estemos ahora donde estamos.

Describió la estabilidad económica como un “animal mitológico”. ¿Qué le espera, entonces, a esta sociedad sin magia?

Soy una persona muy pesimista, en mis libros se intuye. Todo lo que viene ocurriendo desde hace mucho tiempo me genera todas esas preguntas. Te decía antes: “¿De dónde venimos?, pero: “¿A dónde vamos y qué va a suceder?”. Con la crisis de 2008 algo se rompió y se quebró. Nací en 1985, y creo que es algo común a mi generación y clase social ese lema de: “Estudia, la educación te permitirá acceder a una vida mejor”. Tenía unos cimientos débiles y con la crisis saltó por los aires, y me da la sensación de que no ha terminado. Se empezaba a ver algo de esperanza previa a la pandemia, y vino a romperlo todo. La gente de mi edad sí que pudo tener algún año con un trabajo más o menos digno, pero pienso en las generaciones siguientes que no habéis conocido más que esa sensación de precariedad y de enlazar contratos basura. Mi generación ya empezó a ver que iba a ser imposible repetir ciertos esquemas de la generación anterior, quizá la gente con una vida un poco más privilegiada piensen que no hace falta, pero tener la seguridad de un piso del que no te puedan echar porque te quieren duplicar el alquiler para dedicarlo a pisos turísticos o tener un sueldo fijo a fin de mes..., no lo íbamos a tener. Y lo terrible es que las generaciones siguientes ya habéis nacido y os habéis criado con esa sensación. Como escritora me pregunto: “¿Qué puedo hacer yo?”, plantear preguntas y no buscar respuestas. Generarlas y abrir una conversación. 

'Todos los pecados y la mitad de mi dolor' es la última novela de Elena Medel. Borja Guerrero

También explora el peso de las herencias familiares en esta novela, y no son solo las materiales...

La familia aparece en esta novela como una herramienta de construcción, pero también de destrucción de la identidad. Es otro de los temas que me interesan. Por ejemplo, Estefanía hereda esperanza y un aliento ante la ambición. Hay familiares que son un apoyo pero que, en su buena intención, dañan más que ayudan. Y al contrario, los hay que están marcando el camino por el que no se debe ir, y los que asumen ese rol sin tenerlo.

En el actual panorama literario, ¿cómo se puede lograr una inclusión verdadera que no corra el riesgo de limitar a los autores?

Una cuestión esencial es la voluntad de arriesgarse, sin miedo al error e incluso asumiéndolo como parte del camino. Y eso tiene que ver con una búsqueda que no siempre sale bien. Entre Las maravillas y Todos los pecados y la mitad de mi dolor hay una novela que se quedó a medias, parada en ese momento, porque yo no me sentía capaz de seguir con ella. Para mí ese error es esencial, porque me ha llevado aquí. Es muy importante asumir eso.

24/10/2026