En la costa atlántica irlandesa, las verduras marinas forman parte de una tradición que ahora recuperan productores y cocineros. Un recorrido por Kerry, Sligo y Connemara permite descubrir cómo el mar sigue llegando a la mesa a través de las algas.
En Derrynane, en el condado de Kerry, las mareas dejan al descubierto algo más que un paisaje espectacular. Entre las rocas crecen distintas variedades de algas que durante generaciones fueron recogidas por las comunidades costeras para incorporarlas a su alimentación. Conocerlas, saber cuándo recolectarlas y cómo conservarlas formaba parte de los conocimientos ligados a la vida junto al Atlántico.
La dulse, una de las más vinculadas a la tradición irlandesa, se recogía en la costa, se dejaba secar y se utilizaba posteriormente como alimento. Su nombre procede del gaélico duil, hoja, y su presencia en la alimentación de las comunidades costeras está documentada desde hace siglos.
La relación con el mar se entiende especialmente bien en este tramo de Kerry, donde el paisaje y la gastronomía están estrechamente unidos. La costa funciona como una despensa que cambia con las mareas y las estaciones y que durante mucho tiempo permitió aprovechar recursos que hoy vuelven a despertar interés.
Detalle de la gran variedad de algas recogidas.
De la necesidad a la gastronomía
Hubo una época en la que recoger algas no tenía nada de tendencia gastronómica. Era, sencillamente, una forma de aprovechar lo que ofrecía el litoral. Podían consumirse frescas o conservarse para disponer de ellas más adelante, dentro de una alimentación muy condicionada por el territorio y las estaciones.
Ese pasado ayuda a explicar la singularidad de la actual recuperación de las algas en Irlanda. No se trata de descubrir un ingrediente exótico, sino de volver a mirar un producto que ya formaba parte de la cultura alimentaria de las comunidades costeras.
Frente a la costa de Kerry se encuentra Skellig Michael, una escarpada isla atlántica que conserva un antiguo asentamiento monástico y que fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Su aislamiento permite entender hasta qué punto quienes habitaban estos territorios tenían que aprovechar los recursos disponibles en un entorno donde cultivar o transportar alimentos resultaba especialmente complejo. Y es que la historia de las algas irlandesas está ligada a esa relación directa con el mar. Y ahora la gastronomía contemporánea vuelve a ponerla en valor.
Un grupo de turistas recorre el litoral irlandés donde se recogen las algas.
El Atlántico vuelve al plato
El recorrido puede continuar hacia Sligo, donde las algas aparecen asociadas a otra tradición: los baños de algas marinas. En localidades costeras como Strandhill y Enniscrone, esta práctica forma parte de la cultura local y muestra que el aprovechamiento de las verduras marinas en Irlanda ha trascendido históricamente la cocina.
Pero es en Connemara donde la tradición conecta de forma más evidente con el presente. Allí, proyectos como Mungo Murphy’s Seaweed trabajan con el cultivo y la recolección y acercan al público al conocimiento de las algas y de su entorno.
El objetivo ya no es únicamente aprovechar un recurso natural. También se trata de conocer mejor las especies, trabajar con ellas de forma responsable y encontrar nuevas maneras de incorporarlas a la gastronomía.
Frescas o deshidratadas, enteras, troceadas o utilizadas como condimento, las algas aportan matices marinos y salinos a diferentes elaboraciones. Pero su interés va más allá del plato. En un momento en el que la gastronomía busca productos vinculados al territorio, las verduras marinas ofrecen algo que resulta difícil de fabricar: una conexión directa con el paisaje.
Una despensa con futuro
El creciente interés internacional por las algas coincide con la búsqueda de nuevos recursos alimentarios y con el desarrollo de actividades económicas vinculadas al mar. Incluso la FAO ha estudiado su potencial para la alimentación.
Irlanda parte en esta carrera con una ventaja singular: no necesita construir una cultura alrededor de las algas desde cero. Tiene litoral, especies comestibles, tradición y conocimiento local. Lo que está haciendo ahora es recuperar ese patrimonio y adaptarlo a las necesidades de la gastronomía actual.
Por eso, este viaje por la costa atlántica irlandesa permite descubrir algo más que paisajes. Entre Kerry, Sligo y Connemara, las algas cuentan una historia de supervivencia, tradición y renovación gastronómica.
Cocineros y productores exploran nuevas formas de trabajar las algas sin perder de vista su origen, mientras el consumidor empieza a descubrir que detrás de cada variedad existe un paisaje, una temporada y una forma de recolección. En Irlanda, llevarlas de nuevo al plato significa también recuperar una parte de la identidad de su costa.
Las algas no han llegado ahora a Irlanda. Siempre estuvieron allí. Lo que ha cambiado es la forma de mirarlas y el lugar que vuelven a ocupar en la mesa.