Según el diccionario de la RAE (Real Academia Española), un chip es una “pequeña pieza de material semiconductor que contiene múltiples circuitos integrados con los que se realizan numerosas funciones en computadoras y dispositivos electrónicos”. Esto quiere decir que este diminuto aparato funciona como un cerebro que da órdenes. Y, por lo general, siempre lo asociamos a dispositivos relacionados con la informática, videojuegos, etc. Pero se utilizan en muchos más sectores como el de la medicina.
En concreto, los encontramos en el ámbito de la salud sexual, tanto para hombres como para mujeres. Son los denominados pellets hormonales. En ambos casos se está extendiendo su implantación como método para aumentar la libido, ya que a partir de los 40, ésta disminuye. Sin embargo, hay que tener en cuenta que aunque se hayan realizado estos tratamientos en clínicas privadas, en el Estado español este producto no está autorizado por la Agencia Española de Medicamentos. En otros países, sí.
Pero, ¿qué es este denominado chip sexual? Se trata de un chip en forma de pequeña píldora de 1 centímetro de largo aproximadamente que se coloca debajo de la piel mediante una inyección en el abdomen o glúteo y que va liberando una carga hormonal durante varios meses. En el caso de las mujeres, estas píldoras están compuestas principalmente por estrógenos y testosterona, para controlar los síntomas de la menopausia.
También existe el mismo tipo de producto creado con hormonas bioidénticas para hombres, para paliar los efectos de la andropausia, es decir, el proceso de envejecimiento en el que se produce un descenso progresivo de sus niveles de testosterona y, por consiguiente, un menor deseo sexual, falta de energía y pérdida de masa muscular, entre otros efectos.
Igual que un órgano
Ya se han desarrollado chips que funcionan como un órgano. No se trata de dispositivos para implantar en personas, sino que sirven para recrear las características fundamentales de un órgano humano dentro de una estructura de tamaño reducido. El objetivo es poder estudiar cómo funciona ese órgano cuando se le administran medicamentos, la progresión de enfermedades o la interacción entre distintos tipos celulares. De hecho, también se pretende conectar diferentes modelos para estudiar cómo interactúan entre sí. Por ejemplo, un chip que represente un pulmón con otro que haga la función de un hígado. Actualmente ya se han creado chips con estructuras tridimensionales que recrean distintas estructuras biológicas como pulmón, intestino, riñón, hígado, piel, tejido cardíaco y cerebro.
Capaces de detectar enfermedades
Más allá de controlar las hormonas, los chips también pueden utilizarse para detectar enfermedades. Por ejemplo, el profesor de ingeniería y computación de la Universidad Northeastern (Boston, Estados Unidos) Aatmesh Shrivastava está desarrollando un dispositivo capaz de detectar patrones asociados a enfermedades como alzheimer, ELA o epilepsia mediante el registro de la actividad eléctrica del cerebro con ayuda de la inteligencia artificial.
Y de la mano de Eroica Dx llegará un microchip fotónico que podrá detectar rápidamente infecciones bacterianas potencialmente mortales y su resistencia a los antimicrobianos a partir de una muestra de sangre del paciente en menos de 30 minutos en el punto donde se le esté atendiendo, sin necesidad de enviar al laboratorio. La empresa ha sido impulsada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Institut Català de Nanociència i Nanotecnologia.
Chips ‘viajeros’
Investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts están trabajando en unos chips electrónicos microscópicos e inalámbricos que pueden desplazarse por el torrente sanguíneo del cuerpo humano para llegar a una zona determinada del cerebro inflamada y autoimplantarse con el objetivo de tratar tumores cerebrales, epilepsia o lesiones sin cirugía invasiva. Para ello, solo es necesario inyectarlo en vena y el propio dispositivo se adhiere a los monocitos, un tipo de glóbulo blanco que migra de forma natural hacia áreas dañadas.