En Historia de una supercentenaria. Claves de la longevidad, Esteller y Santos reconstruyen el caso de la mujer que alcanzó los 117 años y que despertó el interés de la comunidad científica por la extraordinaria conservación de su salud. Su organismo fue analizado desde distintas perspectivas para tratar de descubrir qué había detrás de una longevidad tan excepcional. Pero la vida de María Branyas también plantea otra cuestión que nos afecta a todos. “No se trata únicamente de vivir más, sino de llegar tan lejos con salud y autonomía”, recalca Esteller, investigador especializado en epigenética del cáncer.
Quién es
Médico e investigador especializado en epigenética del cáncer. Investigador ICREA y catedrático de Genética de la Universitat de Barcelona, lidera el Grupo de Epigenética del Cáncer del Instituto Josep Carreras. Estudia cómo los factores ambientales y de estilo de vida pueden modificar la actividad de nuestros genes y su relación con el cáncer y el envejecimiento. Entre los reconocimientos que ha recibido, destacan el Premio Nacional de Investigación y el Premio Rei Jaume.
Branyas vivió 117 años. ¿Qué fue lo primero que atrajo su atención al estudiar su caso?
Lo primero fue que, pese a su extraordinaria edad cronológica, desde el punto de vista biológico conservaba muchos rasgos de juventud. Tenía una actitud positiva, era una persona entusiasta y, sobre todo, mantenía una buena salud para una edad tan avanzada. Eso era precisamente lo que nos interesaba estudiar; no solamente sus 117 años, sino por qué había llegado a esa edad sin desarrollar muchas de las enfermedades que habitualmente asociamos al envejecimiento. María, además, nos manifestaba una cosa muy importante, quería que la estudiáramos. Eso es lo que intentamos hacer, analizar qué había detrás de su excepcional longevidad desde diferentes perspectivas: genética, epigenética, microbiota, metabolismo y también desde sus hábitos e historia personal.
¿Existe una fórmula para vivir más y mejor, o la longevidad sigue siendo, en buena medida, un misterio?
Sigue teniendo su parte de misterio, porque no existe fórmula matemática que permita predecir si una persona vivirá determinado número de años, pero cada vez conocemos más y mejor los factores que intervienen. Una parte importante viene determinada por nuestra genética y otra tiene que ver con nuestro estilo de vida y con el entorno. El caso de María es muy ilustrativo, porque su genética era extraordinariamente favorable, aunque por sí sola no lo explica todo. Si hubiera fumado, mantenido hábitos tóxicos, una mala alimentación o una vida muy sedentaria, probablemente esa ventaja genética se habría visto reducida. Por eso hablamos de una combinación entre lo heredado y lo que hacemos en nuestra vida.
Posando con la supercentenaria María Branya.
Su libro nos relata los hábitos y costumbres de María. ¿Qué hacía ella diferente a la mayoría de nosotros?
No tenía grandes secretos ni hacía cosas extraordinarias y esa es una de las cosas interesantes de su caso. No tenía hábitos tóxicos, porque nunca había fumado ni bebido alcohol, su alimentación era sencilla, variada y de tipo mediterráneo. Tomaba, por ejemplo, yogur y otros alimentos que favorecen una microbiota saludable; hacía ejercicio físico moderado y llevaba una vida relativamente activa. No hablamos de entrenamientos extremos ni de dietas milagrosas, sino de hábitos sencillos mantenidos durante muchos años. Hay otro elemento quizá menos fácil de medir en un laboratorio y es que María siempre estuvo acompañada.
Alimentación, ejercicio, descanso, relaciones sociales… ¿Qué peso tuvieron en su longevidad?
No podemos atribuir 117 años a un único factor porque es la suma de todos ellos. Alimentación variada y moderada, ejercicio físico, evitar hábitos tóxicos, descansar y mantener relaciones sociales son factores que la ayudaron a conservar la salud, pero en ella observamos, además, una microbiota intestinal extraordinariamente saludable, con características asociadas a niveles bajos de inflamación. Esto es importante, porque la microbiota no solo afecta al intestino, sino que tiene una relación muy estrecha con el sistema inmunitario.
“ No se trata solo de añadir años a la vida, sino de vivirlos con autonomía y calidad" ”
¿Qué reveló el organismo de María sobre la relación entre genes y envejecimiento?
La epigenética nos ayuda a entender que el ADN no es un destino inexorablemente escrito; no tenemos genes determinados, sino mecanismos que regulan cómo se comportan. El ADN sería como el ordenador, y la epigenética la parte del sistema que decide qué programas se utilizan y cuáles permanecen apagados. En María encontramos algo muy llamativo, sus células parecían biológicamente mucho más jóvenes de lo que correspondía a sus 117 años, sus relojes epigenéticos indicaban una edad biológica inferior a la cronológica. Su DNI decía una cosa y sus células parecían decir otra. En algunos análisis la diferencia superaba una década, lo que nos ayuda a entender que envejecer no significa necesariamente enfermar.
¿Qué hábitos debemos cambiar ya para que tengan impacto real sobre nuestro envejecimiento?
No hace falta esperar a ninguna pastilla de la longevidad. Lo primero es evitar el sedentarismo; caminar, moverse y mantener una actividad física moderada es importante. Hay que cuidar el peso, evitar la obesidad y, sobre todo, no incorporar hábitos tóxicos como tabaco y alcohol. Otra cosa que con frecuencia se olvida cuando hablamos de longevidad es mantener una buena convivencia con la familia y los amigos, tener relaciones sociales y sentirse acompañado. No escogemos a nuestros padres y, por tanto, no elegimos nuestra genética, pero sí podemos actuar sobre nuestra vida cotidiana.
¿Qué errores cometemos en nuestra vida que pueden acelerar el envejecimiento?
Hay muchos. El sedentarismo, la obesidad, la alimentación inadecuada, los hábitos tóxicos o la exposición excesiva a la radiación solar que acelera el envejecimiento, especialmente de la piel. También la contaminación ambiental o el estrés excesivo mantenidos en el tiempo pueden tener consecuencias. Lo importante es entender que no existe un único enemigo y que el envejecimiento es un proceso complejo influido por muchos factores. La buena noticia es que algunos de ellos se pueden modificar y que pequeños cambios mantenidos durante años pueden acabar teniendo un efecto importante.
“ El sedentarismo, la obesidad, la alimentación inadecuada, los hábitos tóxicos o la exposición excesiva a la radiación solar aceleran el envejecimiento ”
María vivió guerras, pandemias y grandes cambios sociales. ¿Qué papel jugó su manera de afrontar las dificultades y su actitud ante la vida?
Es difícil de medir científicamente, porque la actitud ante la vida no puede pesarse ni analizarse como una proteína, pero sí sabemos que quienes mantienen una vida activa y relaciones sociales fuertes tienen una estimulación cognitiva y emocional diferente de quienes viven aislados. María mantuvo su mente muy clara hasta el final; esto es relevante porque entre las enfermedades emergentes al envejecer están las neurodegenerativas y ella consiguió llegar a una edad extraordinaria sin desarrollarlas. Por eso, su historia nos enseña a no aceptar como inevitable que cumplir muchos años signifique necesariamente acumular enfermedades; se puede envejecer y, al tiempo, conservar una buena salud durante mucho más tiempo del que pensamos.
¿Cuál es la diferencia entre vivir muchos años y vivirlos con buena salud? ¿Qué significa realmente una longevidad saludable?
Hay una diferencia enorme; nuestro reto no debería ser simplemente aumentar la esperanza de vida, sino aumentar los años con buena salud. Muchas personas sobreviven hasta edades muy avanzadas, pero en sus últimos años concentran un periodo de enfermedad, dependencia y achaques con un importante coste humano y sanitario. Los centenarios nos muestran que esas dos cosas no tienen por qué estar indefectiblemente ligadas; podemos retrasar el envejecimiento, pero también detectar antes las enfermedades cardiovasculares, metabólicas, neurodegenerativas o los tumores. La medicina del futuro tendrá que buscar no solamente que vivamos más, sino que lleguemos a esas edades en mejores condiciones.
Tras conocer de cerca a esta supercentenaria, ¿qué debiéramos aprender de ella que no aparece en ningún análisis científico?
Que los seres humanos no somos solo genes, proteínas o análisis de sangre. Porque al estudiar a María descubrimos su genética favorable o unas células biológicamente jóvenes, pero hay cosas que no aparecen en su analítica. Una de ellas es la importancia de estar acompañada y sentirse querida y esto es lo que le pasó a María, que tuvo personas a su alrededor durante toda su vida y mantuvo vínculos familiares y sociales. Eso también es salud, aunque sea más difícil de cuantificar; su historia nos recuerda que detrás de los datos científicos había una persona con una historia, unas relaciones y una determinada manera de afrontar la vida.
Al estudiar a una persona de 117 años, ¿ha cambiado su manera personal de entender el envejecimiento?
Sí. Es curioso, porque ella misma decía que no había hecho nada especial. En cierta medida tenía razón porque había llevado una vida relativamente sencilla, sin hábitos tóxicos, con una alimentación saludable, actividad física y relaciones personales; pero al analizar su organismo descubres que detrás de esa aparente normalidad había una biología extraordinaria, una genética que la protegía frente a determinadas enfermedades, una microbiota saludable y células que mostraban una edad biológica inferior a la cronológica. Lo más importante que he aprendido es eso precisamente, que debemos distinguir entre cumplir años y enfermar. Esa diferencia abre una vía muy interesante para la medicina del futuro.
¿Qué idea clave le gustaría que le quedara al lector?
Que no podemos elegir nuestra genética, pero sí cuidar lo que hacemos con ella. El libro no promete vivir 117 años, sino aprender de un caso excepcional y descubrir qué hábitos pueden ayudarnos a llegar a edades avanzadas con mejor salud. Lo recomendaría a las personas que quieren cuidarse cuando empiezan a superar los 50-60 años, porque no se trata solo de añadir años a la vida, sino de vivirlos con autonomía y calidad.