Actualizado hace 4 minutos
Con el verano a la vuelta de la esquina y el aumento progresivo de las temperaturas, el organismo comienza a demandar cambios en la forma de alimentarse. Las comidas copiosas y más contundentes propias del invierno dejan paso a opciones más ligeras. Adaptar la dieta en este momento no solo ayuda a sentirse menos pesado, sino que también contribuye a mejorar la energía y favorecer la hidratación. Para ello, lo mejor es:
Incluir más fruta de temporada
La primavera trae consigo opciones tan apetecibles como fresas, cerezas y frutas de hueso como albaricoques, nectarinas, melocotones... Son ricas en agua, vitaminas y antioxidante, lo que ayuda a hidratar el sistema inmunitario y combatir el cansancio. Además, su contenido en fibra favorece una digestión más ligera.
Apostar por verduras y platos frescos
Verduras y hortalizas como lechuga, espinacas, zanahoria o pepino permiten reducir la sensación de pesadez tras las comidas y aporta micronutrientes esenciales. Estos ingredientes, combinados con queso, atún, quinoa y huevo duro por ejemplo son opciones estupendas para crear ensaladas completas que sirvan de plato único. Otras opciones interesantes e igual de refrescantes y sanas son gazpachos, cremas templadas, ensaladilla rusa, ensalada de alubia verde...
Priorizar las proteínas más ligeras
Con el calor, el cuerpo tolera mejor el pescado blanco, los huevos o las legumbres en preparaciones menos contundentes. Para incluir las legumbres en la dieta semanal se pueden preparar garbanzos y lentejas en ensalada en lugar de guisos calientes más propios del invierno. Si además se combinan con arroz o patata, es un plato completo. En cualquier caso, sustituir carnes más magras por estas opciones facilita la digestión y evita la sensación de somnolencia después de comer.
También te ayudará….
* Hidratarte más. Aumentar la ingesta de agua es fundamental en esta época. También puedes tomar infusiones frías, aguas aromatizadas con frutas o alimentos ricos en líquido como la sandía o el melón. Una buena hidratación favorece el funcionamiento del organismo, mejora el aspecto de la piel y previene la retención de líquidos.
* Reducir ultraprocesados y comidas pesadas. Los platos muy grasos y los fritos o con exceso de sal pueden intensificar la sensación de hinchazón y dificultar la digestión cuando suben las temperaturas.