El huevo es uno de los alimentos más completos, versátiles y socorridos de nuestra gastronomía. Sin embargo, a diferencia de otros productos, su estructura opaca nos impide ver el estado del interior a simple vista. A veces, compramos una docena y, por un despiste, los dejamos en el fondo de la olvidando su fecha de caducidad. Entendiendo que consumir un huevo en mal estado puede acarrear problemas de salud, aprender a evaluar su frescura sin necesidad de romper la cáscara es un recurso fundamental.
Cáscara de huevo
Para entender por qué los huevos cambian con el paso de los días, hay que mirar su anatomía por dentro. La cáscara del huevo es una superficie porosa que permite el intercambio de gases con el exterior. En el momento en que la gallina lo pone, el huevo tiene en su extremo más ancho una pequeña bolsa vacía conocida como cámara de aire. A medida que el huevo envejece, el agua de la clara se va evaporando lentamente a través de los poros de la cáscara, y ese espacio líquido es reemplazado por aire exterior, lo que hace que la cámara de aire crezca. Este cambio es la clave para descubrir su edad.
El truco definitivo
El método más rápido, infalible y respaldado por la ciencia para comprobar la frescura de un huevo consiste en introducirlo en un vaso o un recipiente profundo lleno de agua fría con un toque de sal. El comportamiento del huevo al sumergirse nos dará un diagnóstico inmediato: Si el huevo se va al fondo y se queda horizontal el huevo está fresco. Si el huevo se va al fondo pero se coloca en posición vertical, es decir, de pie, significa que tiene entre una y dos semanas; su consumo es perfectamente seguro, pero la clara ha empezado a perder algo de firmeza, por lo que es preferible usarlo para cocer o en repostería. Por el contrario, si el huevo flota en la superficie o se queda suspendido a mitad de camino, debes desecharlo de inmediato porque indica que los procesos de descomposición orgánica han comenzado en su interior.
La prueba de sonido
Si estás en la tienda o no tienes un vaso de agua a mano, puedes recurrir al sentido del oído mediante un truco mecánico muy sencillo. Coge el huevo, acércalo a tu oreja y agítalo de lado a lado.