Vida y estilo

Valdegovía: el secreto mejor guardado de Álava

El valle sorprende con eremitorios rupestres de más de 1.400 años, una fortaleza única y una de las rutas más impresionantes de Euskadi

Para quienes buscan una escapada que rompa con los paisajes más típicos de Euskadi y se adentre en un territorio con una atmósfera de calma absoluta, Valdegovía (Gaubea en euskera) es un auténtico oasis. Situado en el extremo más occidental de Álava, haciendo frontera con Burgos, este valle es, sin duda, uno de los rincones más desconocidos y sorprendentes de la zona. Valdegovía es un valle amplio y aislado por los imponentes desfiladeros, lo que históricamente lo convirtió en un territorio de paso controlado y limitado. Cruzar sus fronteras es entrar en una llanura rodeada de bosques y su historia es brutal, ya que fue una de las cunas de la repoblación medieval tras los primeros siglos de la Reconquista, lo que ha dejado un legado arqueológico y arquitectónico único en el norte peninsular.

Casas torre, palacios y iglesias rupestres

Valdegovía no destaca por tener un gran núcleo, sino por ser una constelación de pequeños pueblos de piedra que conservan una calma medieval envidiable. La capital del municipio es Villanueva de Valdegovía, un lugar perfecto para empezar a entender el valle paseando entre sus caserones de los siglos XVII y XVIII. Para los amantes de la historia militar, la parada obligatoria en el valle es Villanañe, donde se levanta el espectacular Palacio de los Varona. Este complejo es la única fortaleza de Álava que conserva intacto su foso de agua y que sigue habitada por los descendientes directos de la misma familia desde el siglo XII. Su torre gótica del siglo XIV y sus leyendas sobre María Pérez "la Varona", una mujer que luchó disfrazada de guerrero contra el rey de Aragón, hacen que visitarlo sea una actividad obligatoria.

Palacio de los Varona Euskadi.eus

Pero si hay algo que define la identidad histórica de Valdegovía es su fascinante conjunto de Ermitas Rupestres. Durante los siglos VI y VII, comunidades de eremitas (monjes que buscaban la soledad más absoluta) se asentaron en el valle y excavaron sus iglesias y celdas directamente en las paredes de roca caliza. Los mejores ejemplos para visitar son la iglesia de Pinedo y, sobre todo, las cuevas artificiales de Corro, donde se pueden ver estancias talladas a mano en la montaña que sirvieron de viviendas e iglesias hace más de mil cuatrocientos años.

Eremitorio Pinedo Valdegovía Turismo

Dos rutas espectaculares

El Desfiladero del Río Purón es la ruta estrella de la zona y una de las más bonitas de toda Álava. Se encuentra dentro del Parque Natural de Valderejo y arranca en el pueblo abandonado de Lalastra, donde está el centro de interpretación. Es una ruta de unos 9 kilómetros (ida y vuelta) y de dificultad bastante baja y accesible para todo el mundo. El sendero avanza llano por unos prados verdes hasta que, de repente, la montaña se cierra y te adentras en el desfiladero del río Purón.

El camino se convierte en un paseo que pasa por paredes verticales de roca caliza de cientos de metros de altura, mientras caminas sobre pasarelas y puentes de madera justo por encima de las cascadas y pozas del río.

Finalmente, el cañón se abre por completo al llegar a la provincia de Burgos, desembocando en los llanos del pueblo de Herrán. Es una ruta con muy poco desnivel, comodísima de seguir y con una variedad paisajística brutal que se completa a ritmo tranquilo en unas tres horas.

Valpuesta: la cuna oculta del castellano

Oculto entre las montañas de Álava y Burgos, el pequeño pueblo de Valpuesta tiene uno de los mayores tesoros de la historia de la lengua castellana. Para entender su importancia hay que viajar en el tiempo hasta el año 804, plena Alta Edad Media. En un territorio fronterizo, peligroso y en plena reorganización tras la invasión musulmana, se fundó el Monasterio de Santa María de Valpuesta, que más tarde se convertiría en una próspera sede episcopal. Los monjes de este monasterio necesitaban registrar por escrito las propiedades que adquirían, las donaciones de tierras, los testamentos y los pleitos de los habitantes del valle.

Al redactar estos textos legales, los escribas intentaban usar el latín oficial, pero los documentos eran para consumo local y la gente del pueblo ya no hablaba latín, sino un dialecto romance muy primitivo. De manera totalmente inconsciente, los monjes empezaron a introducir en los pergaminos palabras y expresiones del lenguaje de la calle para que los contratos se entendiesen bien. Siglos más tarde, estos manuscritos fueron recopilados en los llamados Cartularios de Valpuesta. Tras estudios de la RAE, se certificó que en estos pergaminos del siglo IX aparecen los términos escritos en castellano más antiguos del mundo. Hoy en día, Valpuesta es una aldea de apenas unos pocos habitantes que parece congelada en el tiempo. El edificio que lo domina todo es la imponente Colegiata de Santa María, una construcción enorme que sustituyó al antiguo monasterio medieval.

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El sabor de la sierra

Tras las caminatas, la mesa de Valdegovía no defrauda. El producto estrella del valle es la Patata de Valdegovía, una variedad que gracias al clima fresco de la zona crece compacta y con un sabor buenísimo, ideal para guisados. Además, los encinares del valle esconden la Trufa Negra de Álava, un hongo de un aroma intensísimo que los restaurantes de la zona incorporan de maravilla en sus cartas durante la temporada de invierno. Las carnes de caza (jabalí y corzo) y las alubias de caserío completan una oferta gastronómica contundente.

18/07/2026