Actualizado hace 7 minutos
Las redes sociales, la cultura fitness y la presión estética actúan como "catalizadores clave" en el desarrollo y ocultamiento de trastornos de la conducta alimentaria (TCA), especialmente entre adolescentes y jóvenes. Así lo advierte el doctor Antonio Torres, miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
El especialista s refiere a los denominados TCA “silenciosos”: trastornos menos visibles que la anorexia o la bulimia clásica, pero cada vez más frecuentes y difíciles de detectar en Atención Primaria.
Según explica Torres, la combinación de redes sociales, cultura fitness y presión estética está transformando conductas obsesivas en hábitos socialmente aceptados. Este fenómeno, apunta, impacta con especial intensidad en adolescentes y jóvenes, que acaban interiorizando “estándares corporales inalcanzables y editados como la norma”.
El problema, señalan los expertos, es que muchas de estas conductas pasan desapercibidas al quedar enmascaradas bajo discursos de salud, alimentación equilibrada o ejercicio físico. “El peligro radica en la sutil línea entre salud y enfermedad”, subraya el médico.
Muchas conductas de riesgo se presentan bajo discursos de bienestar.
Obsesión por comer sano
Entre los trastornos que más preocupan en la actualidad figuran la ortorexia –obsesión patológica por la comida saludable–, la permarexia –preocupación constante por estar a dieta– y los trastornos por evitación o restricción de la ingesta (ARFID), además de los trastornos por atracón. En estos casos, el foco no siempre está en la cantidad de comida, sino en el control extremo de su calidad, las calorías o el ejercicio físico. “Cuando comer sano se convierte en la prioridad máxima por encima de la salud física, el placer o las relaciones sociales, estamos probablemente ante un trastorno de la conducta alimentaria”, advierte Torres.
Los profesionales sanitarios detectan un aumento de casos vinculados a la obsesión por la alimentación “perfecta”, el control calórico extremo y el ejercicio compulsivo, estrechamente relacionados con contenidos fitness y modelos corporales idealizados difundidos en internet.
Entre las señales de alerta destacan la rigidez en las normas alimentarias, la culpa tras consumir determinados alimentos, evitar situaciones sociales en torno a la comida, la ansiedad por no cumplir objetivos de ejercicio o calorías y el uso excesivo de suplementos.
Trastornos menos visibles
Los especialistas advierten de que el perfil de los TCA ha cambiado en los últimos años. Aunque anorexia y bulimia siguen presentes, cada vez son más frecuentes formas atípicas y menos evidentes, lo que dificulta su detección precoz. “La tendencia hacia trastornos más invisibles hace que muchas personas sufran sin diagnóstico temprano”, señala Torres.
Además, el fenómeno ya no afecta únicamente a mujeres jóvenes. Aunque siguen siendo mayoría, los casos en varones jóvenes aumentan, especialmente vinculados al culto al músculo y a la presión por alcanzar determinados estándares físicos.
A este escenario se suma la proliferación de desinformación sobre alimentación y salud en redes sociales. Torres alerta de una auténtica “epidemia de bulos nutricionales”, impulsada por algoritmos que priorizan contenidos impactantes frente a la evidencia científica. Dietas extremas, promesas de transformación rápida y recomendaciones sin aval sanitario se difunden con rapidez entre los jóvenes.
“Muchas conductas de riesgo se presentan bajo discursos de bienestar, disciplina o amor propio, lo que dificulta aún más detectar cuándo existe un problema real”, añade. Por ello, los expertos recomiendan desconfiar de mensajes milagrosos o alarmistas y acudir a profesionales sanitarios cualificados.
La SEMG ha incluido esta temática en su congreso nacional al considerar clave el papel del médico de familia en la detección precoz de estos trastornos, al ser en muchas ocasiones el primer contacto sanitario del paciente.
La cercanía y la visión integral del entorno físico, emocional y social permiten identificar señales que pueden pasar inadvertidas en otros niveles asistenciales. “La detección temprana resulta esencial para evitar que estos problemas evolucionen hacia cuadros graves con importantes consecuencias físicas y psicológicas”, concluye Torres.