Vida y estilo

Skabidean: “Flipamos porque nos llamen desde tantos sitios para tocar”

Sin una agencia de 'management' detrás ni el aparato promocional de una compañía discográfica, este combo de 8 músicos lleva colándose en nuestras fiestas, salas de conciertos y plataformas musicales desde hace años
Desde su constitución en 2012 hasta ahora, Skabidean ha ofrecido más de 400 conciertos / Cedida

Todavía recuerdan cuando, a principios de su trayectoria, les pagaban 70 euros y un bocata por tocar. Y seguían erre que erre, tocando en un pueblo y luego en otro. Antonio Iriarte, batería de Skabidean, tiene apuntados todos los conciertos que ofreció la banda navarra desde 2012 a 2018. Le faltan por anotar los de los difíciles años de la pandemia hasta ahora, lo que daría, calcula Antonio, más de 400 actuaciones en total. Sin una agencia de management detrás ni el aparato promocional de una compañía discográfica, este combo de 8 músicos lleva colándose en nuestras fiestas, salas de conciertos y plataformas musicales (varios temas suyos superan el millón de escuchas en Spotify) desde hace años.

¿Qué tal están funcionando las canciones más de cantautor y alejadas de los ritmos jamaicanos en los directos? ¿El público se desactiva o las recibe con atención?

Empezamos los conciertos con el bertso y Etxetik urrun, como una forma de darle continuidad a la estética de Herri kuttuna. Las estamos manteniendo. A la gente les está gustando. También es verdad que Etxetik urrun, junto con Sexua, que ya es más ska, es la canción que mejor ha funcionado del disco.

¿El verano es la época dorada para una banda de disfrute y baile como Skabidean?

Siempre hemos tocado mucho en verano. Es cuando le damos zapatilla. Para nosotros, el verano es la paliza del siglo, sobre todo porque pillan las fiestas de por medio. La primera quincena de julio nos ha costado meter conciertos porque justo coincide con los Sanfermines. Pero cada año nos llaman de más ayuntamientos y txosnas: este año nos han contactado desde más de 120 sitios para tocar. Nosotros flipamos porque no es que estemos sonando todo el rato en Gaztea o EITB. 

¿Ese pequeño cambio de registro del último álbum viene por la influencia de bandas como The Pogues, que le pegaban a todo y del que son fans confesos?

Al principio empezamos más influidos por el rollo ska de Euskal Herria o Inglaterra, con grupos como The Specials. Luego fuimos metiendo cosas más puramente jamaicanas, pero es verdad que en los últimos discos hemos ido incluyendo otros sonidos y cosas más raras para nosotros como el country. En Herri kuttuna queríamos probar con el folk, ya fuera euskaldun o como hacían los Pogues o los Dubliners. Esa influencia existe porque también hemos ido cambiando la música que escuchamos. Creo que si nos juntáramos unos cuantos del grupo y montáramos una banda paralela, tenderíamos más hacia un sonido folclórico-pop tipo Oskorri.

¿No es un poco raro que The Pogues salgan a la carretera sin Shane MacGowan ni su batería fundador Andrew Ranken?

Ya lo hicieron en su día cuando estuvo Joe Strummer (de The Clash) cantando con ellos. Pero claro, era Joe Strummer, no un cualquiera… Hemos visto en directo cantando a Shane MacGowan y había veces que pensabas: “Buff, igual mejor que sea otro el cantante”. Era un compositor brutal con canciones que pueden sonar en cualquier parte. Hasta en bodas. Pero al final lo que queda es la música, las canciones. ¿Qué si se están aprovechando del legado? La banda de Bob Marley hace lo mismo y Boney M, que tocó el 7 de julio en Sanfermines, también. Hoy en día lo que importa es que salga un nombre mítico en un cartel y decir que no te has perdido ese concierto. No sé si está bien o mal hacer algo así, pero no me extraña que, visto lo visto, los Pogues hagan lo mismo.

El ska suena a verano

El verano es un periodo especialmente fértil para Skabidean, una formación que tira de los sonidos jamaicanos, pero que no se cierra a pisar otros terrenos musicales como el folk. Y, además, mantienen su independencia artística cantando en euskera. En agosto continúan con la gira de presentación de su último álbum, Herri Kuttuna, el quinto de su carrera, primero en suelo italiano (Venezia, sábado 1) y luego ya con una tanda de seis conciertos en Euskal Herria: domingo 9, en las txosnas de las Fiestas de la Blanca de Vitoria-Gasteiz; el martes 11, en el barrio de Lurgorri de Gernika, junto a Sueder; el viernes 14 en el escenario la Flamenka de Donostiako Piratak; al día siguiente, sábado 15, en Jaurrieta; el jueves 27 en la Aste Nagusia de Bilbao, dentro de la programación de Algara; y el viernes 28 en la plaza Eguzki de Berriozar. Todas estas actuaciones son gratuitas.

Van un poco a contracorriente: sacan un disco nuevo casi cada año, no le dan cancha a los singles y se autoproducen los álbumes. ¿Nadie les ha dado un tirón de orejas por anticomerciales?

Durante 8 meses estuvimos trabajando con una productora para probar y ver qué tal, pero fueron más que suficientes para comprobar que esa no era nuestra forma de hacer las cosas. Llevamos 14 años trabajando de una manera determinada y también, creo humildemente, dando ejemplo para los grupos que están empezando. Nosotros tocamos principalmente en Euskal Herria, esto no es Estados Unidos. No sé hasta qué punto hace falta un mánager… Conocemos a todos los promotores y organizadores, y tratamos directamente con ellos. Igual nos hubiera gustado tener un amigo que fuera el noveno miembro del grupo y que hiciera de mánager, pero no se ha dado el caso.

Cantan “musika, kultura eta arteak daukate giltza”. ¿La cultura tiene realmente el poder de cambiar las cosas?

Creo que es importante valorar y apreciar la cultura y el idioma propio. Es un poco como lo que hacen payasos como Pirritx eta Porrotx o Txirri, Mirri eta Txiribiton, que transmiten la importancia de la música, el espectáculo y el euskera a los niños, todo ello aparejado a una serie de valores. Lo mismo ocurre con Oskorri, que recuperan un montón de temas en euskera, como Aita semeak, que ni siquiera es de ellos, y que son canciones indispensables de nuestro pueblo. O como nuestros viejos, que son de la generación del 60, y nos han inculcado la defensa de la cultura y del idioma.

En el pódcast Benetan Zabiz el grupo se mostraba a favor de ofrecer macroconciertos como los de ETS o Zetak. ¿En estos espectáculos de masas no se corre el riesgo de que la música pase a un segundo plano?

Me refería a las posibilidades técnicas (luces, sonido) que puede tener tocar en un evento así. Robe, de Extremoduro, decía que podían llevar su propio equipo y sus técnicos para dar así mejores conciertos. Imagina poder alquilar el equipo que tú quieras y ensayar las canciones varios días antes. Tiene que ser brutal.

Entonces, es más por la parte cualitativa y de medios que se da en un evento de este tipo.

Ten en cuenta que muchas veces el mismo día que tocamos tenemos que ir a por el bocata de tortilla, darles instrucciones a los técnicos de luces, probar rápido con el equipo que haya… Nosotros mismos lo hacemos todo. No pasa nada por decir que me da envidia tener tantos medios a tu alcance. Hay muchas cosas que me dan envidia en Euskal Herria, otras no.

Mirando atrás, ¿qué es de lo que más se enorgullecen? ¿De revalidar la tradición del reggae y el ska en el siglo XXI?

Seguir haciendo música en euskera, que es algo que desde el principio dijimos que haríamos, y más aún siendo de Nafarroa; nosotros venimos de Iruña, de la capital, no somos de un pueblo de Gipuzkoa donde se habla mayoritariamente en euskera. Y luego también de seguir trabajando por nuestra cuenta. La autogestión. Algunos de nosotros empezamos siendo amigos de instituto y luego ha ido entrando gente nueva, que también aporta un montón de cosas.

26/07/2026