Actualizado hace 50 minutos
El pollo es uno de los alimentos más habituales en la alimentación diaria y una fuente de proteínas de alto valor biológico.
Además, se caracteriza por su versatilidad en la cocina y por poder incorporarse a numerosas recetas. Dependiendo de la pieza y de la preparación, también puede aportar vitaminas y minerales como vitaminas del grupo B, fósforo y selenio.
Sin embargo, no manipularlo y cocinarlo correctamente puede convertir al pollo en un alimento de riesgo.
En referencia a la limpieza, según señala la farmacéutica y nutricionista Boticaria García, lavar el pollo crudo no es higiénico, ya que puede llenar el fregadero y la encimera de bacterias.
"El pollo crudo puede tener bacterias como la salmonela y campylobacter, y cuando lo pones bajo el agua no desaparecen; salpican. Encimera, fregadero, tabla, cuchillo, trapo, manos... de repente tu cocina se ha convertido en parque acuático para microbios", señala.
La nutricionista enumera tres reglas básicas de salud alimentaria: separar el pollo crudo del resto de alimentos, lavarse las manos con jabón después de tocar el pollo, y cocinarlo bien por dentro.
"La seguridad no está en lavarlo, está en cocinarlo bien. Tu pollo no necesita ducha. Necesita horno o sartén", sentencia.
Alimento muy completo
Su contenido en proteínas contribuye al mantenimiento de la masa muscular y al funcionamiento normal del organismo. Las partes más magras, como la pechuga sin piel, suelen presentar además un menor contenido en grasa que otras piezas. Por este motivo, el pollo puede formar parte de una alimentación variada y equilibrada.
Cómo conservar el pollo
Su conservación y manipulación requieren especial atención. El pollo fresco debe mantenerse refrigerado y no debería permanecer durante largos periodos a temperatura ambiente. También es importante evitar que sus jugos entren en contacto con otros alimentos, especialmente aquellos que se consumen crudos.
La higiene durante su manipulación es igualmente importante. Lavarse las manos antes y después de tocar el pollo y limpiar correctamente los utensilios y superficies utilizados ayuda a reducir el riesgo de contaminación cruzada.
Ensalada con pechuga de pollo, frutos secos y verduras.
Cocinarlo completamente
La cocción es otro de los puntos fundamentales para garantizar su seguridad. El pollo debe cocinarse completamente, evitando que quede crudo o insuficientemente hecho en su interior. Una cocción adecuada permite eliminar microorganismos potencialmente peligrosos.
Por ello, no basta con que la superficie de la carne esté dorada: el interior también debe alcanzar una temperatura suficiente. Utilizar un termómetro de cocina puede ayudar a comprobarlo con mayor precisión.
Además, si el pollo ya cocinado no se va a consumir inmediatamente, debe refrigerarse cuanto antes y conservarse correctamente. Estas sencillas medidas permiten disfrutar de los beneficios nutricionales de este alimento minimizando los riesgos asociados a una manipulación, conservación o cocción inadecuadas.