Actualizado hace 4 minutos
El ruido alimentario hace referencia a la presencia repetida de pensamientos, deseos o preocupaciones relacionados con la comida que aparecen a lo largo del día, incluso cuando no existe una necesidad física de alimentarse. Puede manifestarse pensando constantemente qué vas a comer después, sintiendo deseos frecuentes de determinados alimentos o teniendo dificultades para dejar de pensar en la comida aunque acabes de comer. No se considera un trastorno en sí mismo, pero puede resultar molesto y dificultar la capacidad de distinguir entre el hambre física y otros estímulos o deseos de comer. En cualquier caso, identificarlo es el primer paso para entender qué está ocurriendo y tratar de reducirlo.
La restricción puede aumentarlo
Una de las situaciones que puede favorecer el ruido alimentario es intentar controlar demasiado la alimentación. Saltarse comidas, reducir excesivamente las cantidades, prohibirse determinados productos o seguir dietas muy restrictivas puede hacer que la comida adquiera todavía más protagonismo. Cuando un alimento se percibe como prohibido, es habitual que aumente el deseo de consumirlo. Por eso, en lugar de entrar en un ciclo de restricción y pérdida de control, suele ser más útil buscar una alimentación variada, suficiente y flexible. El estrés, el cansancio o la falta de sueño también pueden influir en nuestra relación con la comida y hacer que resulte más difícil interpretar las señales del organismo.