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Gipuzkoa

“Mi inspiración empieza en el probador. No hay cuerpos difíciles, sino prendas que aún no se han diseñado”

La diseñadora usurbildarra Maider Alzaga tiene en el probador su mejor laboratorio creativo, lejos de las tendencias pasajeras
Maider Alzaga en su tienda.
Maider Alzaga en su tienda. / N.G.

Actualizado hace 10 minutos

Maider Alzaga diseña para mujeres reales, apuesta por el aprovechamiento de tejidos y defiende una moda cómoda, sostenible y pensada para acompañar los cambios del cuerpo. Su tienda ubicada en el centro comercial Urbil, en Usurbil, ha consolidado una clientela fiel.

¿Cuándo empezó su relación con el diseño?

Hace ya 18 años, justo después de terminar mis estudios. Siempre digo que empecé a diseñar en el patio de la ikastola, impulsada por mis propias necesidades. Buscaba ropa cómoda que me permitiera llevar, traer y hacer la vida de parque con los niños. Empecé diseñando para mí y, poco a poco, esa necesidad personal fue creciendo hasta convertirse en una forma de vestir a otras mujeres.

Precisamente fueron esas prendas las que despertaron el interés de quienes te rodeaban. 

Sí. Al principio hacía vestidos para novias y madrinas, pero enseguida me di cuenta de que lo que realmente funcionaba era la ropa que diseñaba para mi día a día. La gente empezó a preguntarme por esas prendas y entendí que ahí había una necesidad que no estaba cubierta.

Siempre dice que su fuente de inspiración es el probador. 

Totalmente. Cuando una mujer entra en el probador y se prueba una prenda, observo cómo le queda, qué le falta o qué necesita. Ahí es donde realmente aprendo. Diseño para cuerpos muy distintos y mantengo una premisa muy clara: no existen cuerpos difíciles, sino prendas que todavía no se han diseñado o confeccionado de la manera adecuada.

Eso rompe con el sistema de tallas que impera en las grandes cadenas de moda. 

Es la pregunta que más me hacen cuando entran en la tienda: “¿Hasta qué talla tienes?”. Y yo siempre respondo lo mismo: la cuestión no es la talla, sino la prenda. No todos los diseños favorecen a todas las siluetas. Hay mujeres con más cadera, con más o menos pecho, más altas o más bajas, y por eso cada patrón tiene un nombre propio que define su corte. Cuando siento que una prenda no consigue potenciar a una mujer, analizo esa necesidad y de ahí suele surgir un nuevo diseño. No sigo las modas; el probador es mi auténtico estudio de mercado.

Hay mujeres que me conocieron hace 18 años y siguen vistiendo mis prendas. Es lo más bonito de este camino

En una época marcada por las tendencias rápidas, usted ha elegido otro camino. 

Porque mi marca nace precisamente de esa idea. Trabajo bajo el concepto deadstock, aprovechando excedentes de tejidos que las grandes firmas ya no utilizan. Llevo 18 años con el mismo proveedor y nunca puedo elegir exactamente el color o el estampado que quiero; diseño a partir del material disponible. Eso supone un trabajo extra, porque debo adaptar cada colección a los tejidos que consigo, pero también garantiza algo muy importante: la exclusividad. Si una prenda funciona especialmente bien, no puedo fabricar cien más porque el tejido simplemente se acaba. Mis clientas valoran mucho esa rotación. Hace poco una mujer se llevó un vestido de otoño en pleno agosto, con 34 grados, porque sabía que cuando llegara septiembre ya no estaría.

¿Trabajar con sostenibilidad implica utilizar únicamente fibras naturales? 

No necesariamente. Trabajo con algodón, pero también con poliésteres y poliamidas. Para mí la sostenibilidad consiste, sobre todo, en aprovechar materiales que ya existen y evitar que acaben desechándose. El impacto ambiental de esos tejidos ya se ha producido; mi trabajo consiste en darles una segunda vida. Además, el hecho de que una fibra sea natural no siempre significa que sea más sostenible. El algodón, por ejemplo, puede generar un gran impacto dependiendo de cómo se produzca y se trate. Todo tiene muchos matices.

Mi intención es seguir escuchando a las clientas desde una forma de trabajar ética, sostenible y coherente con mis valores

¿Qué supone comprobar que, tras 18 años, las primeras clientas siguen confiando en su trabajo? 

Es, probablemente, lo más bonito de todo este camino. Hay mujeres que me conocieron hace 18 años y siguen vistiendo mis prendas. Al mismo tiempo, cada día entra gente que descubre la marca por primera vez y conecta con ella desde el primer momento. Eso significa que el proyecto sigue vivo y que continúa respondiendo a necesidades reales.

La marca también ha evolucionado mucho durante estos años. 

Al principio te compran las amigas, después alguna tienda se interesa por tu trabajo y, poco a poco, vas creciendo. Han sido 18 años de evolución constante. Cuando empecé no existían las redes sociales ni la venta online tal y como la conocemos hoy. Al ser una marca pequeña, he podido adaptarme a cada etapa y a cada cambio. Siento que la marca ha ido madurando conmigo.

Esa capacidad de adaptación parece una de las claves. 

Sin duda. Siempre hay que seguir aprendiendo. Nunca sabes todo de nada y creo que esa actitud es imprescindible para evolucionar. Conservamos la misma ilusión que el primer día y seguimos con ganas de aprender de todo lo que viene para adaptarnos a cada momento.

¿Cómo imagina el futuro de la marca?

Mi intención es seguir exactamente por este camino: escuchando a las clientas y adaptándome a ellas, siempre desde una forma de trabajar ética, sostenible y coherente con mis valores. Mi objetivo nunca ha sido vender por vender. 

2026-08-22T09:59:53+02:00
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