Actualizado hace 7 minutos
María Cerezuela, la actriz, ganadora del Goya a mejor actriz revelación por Maixabel, interpreta ahora a una joven detective privada con discapacidad auditiva, una extraordinaria capacidad de observación y un talento especial para interpretar los microgestos. Mientras resuelve distintos casos en las calles de Bilbao, Romi intenta esclarecer el misterio que ha marcado toda su vida: la explosión en la que perdió la audición y murió su padre cuando apenas tenía seis años.
¿Qué fue lo primero que le atrajo del personaje?
La dificultad de abordar un personaje tan distinto a mí. En primer lugar, porque es sordo y había que aprender lengua de signos. También por la complejidad del personaje y por el momento vital que está atravesando: la ausencia de su padre, la relación con su ama, que no es muy buena, y la necesidad de hacerse un espacio en el trabajo. Luego está la llegada de Nere, el personaje interpretado por Edurne Azkarate. Al principio, la situación y la relación entre ambos personajes también son un tanto complicadas. Me parecía un personaje tan complejo que, como actriz, resulta muy atractivo.
Romi tiene implante coclear y una discapacidad auditiva postlocutiva. ¿Qué proceso de preparación hizo para acercarse a esa realidad?
Tanto Edurne Azkarate como yo, que éramos quienes más íbamos a utilizar la lengua de signos, estuvimos alrededor de un mes y medio antes del rodaje trabajando con una coach experta en esta lengua. También hablamos mucho con Iker Azkoitia, creador de la serie, que ha estado en contacto con personas con implante coclear, con sordera poslocutiva y con distintos tipos de sordera, porque al final es un mundo muy amplio. Gracias, sobre todo, a ellos dos pudimos meternos y empaparnos bien de esta realidad para afrontar la serie de la mejor manera posible.
“ ”
Su personaje trabaja al límite, bordea la legalidad. ¿Le gusta interpretar personajes que no buscan caer bien todo el rato?
No es algo que busque porque lo necesite. Es una cuestión que me he planteado mucho: no se trata de que un personaje te caiga bien o mal, sino de entender que cada persona, al igual que cada personaje, tiene su propio conflicto. Al final, las personas actuamos desde una herida o desde algo que todavía no hemos resuelto. A mí eso me interesó muchísimo, porque era un personaje tan bien escrito y tan rico que me apetecía mucho profundizar en esa herida. Evidentemente, esa herida condiciona después su forma de ser y la actitud que adopta ante el mundo.
Romi es muy buena leyendo microgestos y conectando detalles que otros no ven. Como actriz, ¿también se ha vuelto más observadora?
Te diría que sí. Soy una persona muy observadora y también bastante tímida, así que me fijo mucho en lo que me rodea y en aquello que me llama la atención. Creo que, después de interpretar a Romi, algo se te queda del personaje. En este caso, este aspecto sí que fue una de las cosas que me llevé.
¿Sintió más presión o más libertad al llevar el peso de Romi, un papel protagonista?
Sí, sentí presión, porque al final era mi primer papel protagonista y nunca antes me había enfrentado a algo así. En la película Maixabel, por ejemplo, también interpreté a un personaje bastante complejo, pero este se alejaba muchísimo de mí por la lengua de signos, por su complejidad, por la ausencia del padre... Así que sí, sentía mucha presión. También tuve que acostumbrarme a rodar prácticamente todos los días. Y luego, verme rodeada de semejantes actorazos fue un lujo, la verdad.
En Maixabel trabajó con una historia real muy delicada; en Romi, aunque es ficción, también hay dolor, memoria y búsqueda de verdad. ¿Le atraen los personajes atravesados por heridas?
No te sabría decir. Puede que sí, pero no porque sea algo morboso, ni mucho menos, sino porque me gusta mucho descifrar y estudiar a las personas, llegar al fondo y conocer su herida. También intento no juzgarlas por sus decisiones o por su manera de hacer las cosas. A partir de ahí, creo que surgen personajes muy ricos cuando se dan este tipo de situaciones.
María Cerezuela durante el rodaje de 'Romi'.
Ganó el Goya a Mejor Actriz Revelación por Maixabel. Un premio así te cambia la visibilidad, pero no necesariamente hace más fácil el oficio. ¿Qué cambió de verdad en su carrera después de aquello?
La verdad es que sí te da muchísima visibilidad. A la hora de hacer castings, por ejemplo, puedes acceder a procesos de selección más específicos y a castings más selectivos, nunca mejor dicho. Pero es algo que siempre he dicho: el Goya es, al final, un reconocimiento a un proyecto dentro de una carrera que espero que sea larga. Es un premio a un trabajo concreto, pero esto continúa. Para mí, lo más importante siempre ha sido seguir trabajando y que me sigan dando oportunidades.
¿Cómo gestiona los momentos de espera entre proyectos?
Sí, la verdad es que la incertidumbre se hace dura: no saber cuándo vas a trabajar ni de qué manera. Creo que lo más importante es centrarse también en otras cosas, como la familia, los amigos y la gente que te sostiene y te mantiene con los pies en la tierra. Luego hay otras cosas que puedes descubrir, que también te pueden gustar y llenar. El trabajo es importante porque vivimos de ello, pero también lo es no tener constantemente el foco puesto en si vas a trabajar o no. Si no, te vuelves loco.
¿Qué tipo de personajes siente que le hacen crecer más: los que se parecen a usted o los que le obligan a irse a un lugar completamente distinto?
Creo que los personajes que más me interesan son los que te obligan a ir a un lugar distinto. Al final, lo que más me gusta de esta profesión es poder vivir otras vidas, adentrarme en profesiones y situaciones que, por lo que sea, yo no voy a experimentar. Como persona y como actriz, esos personajes son auténticos tesoros y también suponen un aprendizaje personal brutal. Así que sí, cuanto más alejado esté el personaje de mí, mejor. Obviamente será más complicado, pero también creo que resulta mucho más interesante.