Actualizado hace 8 minutos
Solamente el 19,8% de mujeres que tienen un sangrado menstrual abundante y prolongado se someten a un tratamiento médico para combatirlo. La tendencia generalizada es a otorgarle poca importancia. Sin embargo, puede tratarse de un síntoma de trastorno ginecológico como pólipos (crecimiento de tejido en el útero), miomas (tumores benignos) y adenomiosis (el tejido endometrial invade la red del útero), que requieren atención médica.
Además, estas reglas abundantes pueden derivar en una falta de nutrientes de ácido fólico, de vitamina B12 y hierro. Este déficit, el más frecuente, causa anemia ferropénica, que se manifiesta con cansancio persistente, mareos, taquicardias y dificultades para atender las diversas obligaciones cotidianas.
¿Qué se considera una regla abundante?
No todas las mujeres sangran igual. Sin embargo, se considera regla abundante cuando el sangrado dura más de 7 días; es tan intenso que obliga a cambiar compresa/tampón/copa con mucha frecuencia, interfiere en la vida diaria (trabajo, sueño, deporte, relaciones) y se acompaña de cansancio o síntomas de anemia.
Signos de alarma
Un sangrado menstrual normal se sitúa alrededor de los 40 ml por ciclo y se considera alarmante cuando supera los 80 ml por ciclo, es decir, cuando la mujer se ha de cambiar la compresa o el tampón antes de las dos horas, se ha de levantar por la noche para renovar la protección, la regla se alarga más de siete días y/o durante la misma hay presencia de coágulos grandes. En estos casos es importante consular con el médico para prevenir riesgos.
Cuándo es frecuente
Las alteraciones hormonales propias de la adolescencia y de la perimenopausia propician estas reglas excesivas. Los dispositivos intrauterinos de cobre también pueden intensificar el sangrado menstrual así como la toma de anticoagulantes o antiinflamatorios.
¿Cómo hacer frente al problema?
Acudir al ginecólogo es el primer paso para determinar si el volumen de la regla es excesivo y resolver el problema.
Conocer el origen
Se suele someter a la mujer a un análisis de sangre y a una ecografía transvaginal para detectar la posible presencia de miomas, pólipos u otras alteraciones del endometrio. A veces también puede ser necesaria una biopsia endometrial.