Vida y estilo

El pueblo ideal para una escapada de fin de semana al lado de casa

Se trata de un pueblo, muchas veces opacado por Santillana del Mar, con un encanto especial

Actualizado hace 5 minutos

Mientras la inmensa mayoría de los viajeros pone rumbo a la popular Santillana del Mar, en los valles pasiegos se oculta un rincón único que conserva intacto el encanto de la Cantabria más auténtica. Liérganes, cuyo casco histórico fue protegido como Bien de Interés Cultural en 1999, tiene un conjunto patrimonial de casonas señoriales, puentes centenarios e incluso leyendas s del río Miera.

La historia de Liérganes está marcada por una trayectoria que va mucho más allá de su apariencia de villa rural y tranquila. Aunque sus orígenes se encuentran en la Edad Media, el gran despegue económico del municipio llegó en el siglo XVII. Fue en esta época cuando se estableció en la localidad la Real Fábrica de Artillería, la primera de su tipo en el Estado, que abasteció de cañones y munición a la armada y a las defensas de la corona española.

Este auge industrial atrajo a muchas familias nobles y a maestros fundidores, dejando una gran huella en sus calles. El flujo de riqueza transformó el pueblo en un lugar próspero donde se construyeron palacios y grandes propiedades. La riqueza local se hace notable en la arquitectura, con un casco histórico lleno de blasones, portadas de sillería y arcos que han sobrevivido con clase al paso de los años.

El Puente Mayor y la leyenda

Uno de los símbolos más icónicos de la villa es el Puente Mayor, una estructura levantada en 1606 utilizando piedra extraída del propio cauce del Miera para unir las dos orillas del pueblo. Bajo su imponente ojo de piedra está la célebre estatua del Hombre Pez, el personaje más famoso de la mitología popular cántabra.

Escultura que recuerda a Francisco de la Vega Casar, protagonista de la leyenda del Hombre Pez de Liérganes.

Escultura que recuerda a Francisco de la Vega Casar, protagonista de la leyenda del Hombre Pez de Liérganes. Freepik

La tradición cuenta que en 1674 el joven local Francisco de la Vega fue arrastrado por la corriente del río y dado por muerto. Cinco años más tarde, unos pescadores lo encontraron en la lejana bahía de Cádiz con escamas en la piel y apenas capaz de articular palabra. Tras regresar a su hogar, la historia volvió a repetirse cuando en 1688 se sumergió de nuevo en el río para no ser visto jamás. Para adentrarse en los detalles de este relato, se puede visitar el Centro de Interpretación del Hombre Pez, ubicado en un antiguo molino harinero situado a pocos pasos del puente.

Un patrimonio protegido

Pasear por las callejuelas de Liérganes es entrar en un museo de arquitectura al aire libre. Los alrededores de la plaza del Marqués de Valdecilla tienen algunas de las mejores muestras de casas montañesas del siglo XVIII caracterizadas por sus balcones de madera repletas de flores.

En su catálogo de arquitectura destacan edificios como las casonas de Setién, famosa también como la Casa de los Cañones por su vínculo con la época de la fábrica de artillería, y la pintoresca Casa del Retiro. En el ámbito religioso, la iglesia de San Pedro ad Víncula, construida entre los siglos XVI y XVII, aumenta aún más la visita a la villa, estando también declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde 1994.

Junto al río se extiende el mítico Balneario de Liérganes, inaugurado en 1862, lo que lo convierte en la terma más antigua en funcionamiento de toda Cantabria. Ubicado en un parque natural ideal para pasear, sus aguas emergen de la tierra a una temperatura constante de entre 25 y 30 grados, siendo recomendadas para aliviar afecciones respiratorias, dermatológicas y reumatológicas.

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Sabores de la tierra

Cualquier escapada a Liérganes se debe completar a través de la comida de la comarca. Los restaurantes locales sirven platos de cuchara como el cocido montañés, carnes de ganado vacuno criado en los prados de la zona, pescados de río como las truchas y una gran variedad de quesos artesanales de la zona. Para rematar, es obligatorio probar los sacristanes y los corazones, los dos hojaldres artesanales más típicos de esta villa cántabra.

2026-09-12T10:06:32+02:00
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