Ante el inminente inicio del curso escolar, la preparación de los niños y adolescentes debe ir más allá de la mera adquisición de libros, mochilas y materiales escolares. Desde una perspectiva médica, el reajuste físico del cuerpo frente al cambio de hábitos requiere de un proceso paulatino para evitar la frustración de las familias y facilitar la adaptación de los menores. En este sentido, entrevistada en Las mañanas de Onda Vasca, la pediatra Noemí Molina aconseja que la transición se inicie con dos o tres semanas de antelación, modificando de forma gradual las horas de acostarse y levantarse, las rutinas de baño y disminuyendo el uso de pantallas en las horas previas al sueño.
Además de la puesta a punto física, el cuidado de la salud mental y emocional juega un papel crucial en este retorno a las aulas. Molina destaca que los menores funcionan a través de la anticipación, por lo que es recomendable conversar sobre las clases, realizar simulaciones mediante el juego simbólico o realizar previamente el trayecto hacia el colegio. No obstante, la experta advierte sobre la importancia de desterrar la búsqueda de escenarios ideales e irreales, recordando "Que la perfección no existe" a la hora de gestionar las expectativas familiares. Para el primer día de clase, la pediatra propone organizar las pertenencias el día anterior, desayunar sin prisas e "ir con calma al colegio" para realizar una despedida que, aunque afectuosa y concisa, evite prolongar la ansiedad de la separación mediante el uso de objetos o muñecos de apego que vinculen al menor con sus cuidadores habituales.
Una vez comenzada la rutina académica, la vuelta a casa también requiere un acompañamiento especial, ya que el cansancio derivado de socializar y seguir normas suele manifestarse en forma de rabietas. Ante esta situación, la especialista aboga por evitar la sobreexposición a actividades extraescolares y priorizar el tiempo de calidad, la conversación distendida y el juego en familia.