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La OPA que ha lanzado Clerbil, la sociedad de inversión de José Antonio Jainaga, sobre la totalidad del accionariado de la multinacional navarra Azkoyen constituye el último capítulo hasta la fecha de la trayectoria profesional del empresario vizcaino, cuyo peso en la industria vasca ha crecido con fuerza en los últimos años. La operación Talgo, fraguada con éxito tras una ardua y extensa negociación, ha representado uno de los hitos del proceso de refuerzo de la industria que, a través del modelo de colaboración público-privada, se busca en Euskadi para garantizar el empuje y el arraigo de un sector que representa alrededor de un tercio del PIB vasco pero que, como en toda Europa, afronta serios y urgentes desafíos.
La carrera de Jainaga ha estado ligada desde siempre a la industria, un sector económico del que es acérrimo defensor. “Sin que suene despectivo, y simplificando las cosas, Euskadi no puede convertirse en un país únicamente de hosteleros. Tenemos que defender y desarrollar la industria, es fundamental para nuestro futuro”, explicó el pasado mes de febrero, en el Foro Capital organizado por la Fundación Vital. Constituye una de las últimas intervenciones ante los medios de un empresario discreto, poco amigo de la exposición pública, pero que aprovecha sus comparecencias para lanzar afilados mensajes acerca de los problemas que atenazan a la empresa vasca, entre los cuales suele aludir a la falta de relevo generacional en las compañías del territorio, el absentismo, la alta factura energética a la que hacen frente y la necesidad de que ganen en tamaño para garantizar mejor su competitividad.
José Antonio Jainaga nació en Bilbao en 1954. Es ingeniero industrial por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Bilbao. Su primer destino profesional fue la división nuclear de la firma Sener, hasta que a finales de la década de los 70 comenzó a trabajar en la multinacional francesa de fabricación de neumáticos Michelin. Jainaga empezó en el centro de esta empresa en Gasteiz para pasar después a la de la localidad guipuzcoana de Lasarte y posteriormente a las instalaciones de Michelin en Clermont Ferrand, en la propia Francia, donde permaneció ocho años.
En 1998, Jainaga regresó a Euskadi para pilotar la reorientación estratégica de Sidenor por mandato del empresario Sabino Arrieta, que la había adquirido tres años antes tras su privatización. Sidenor había sido creada en el año 1990 de la mano del Gobierno del PSOE, en el marco de la reconversión industrial, ante los problemas que generaba la escasa competitividad del acero español por un problema de sobreproducción en toda Europa. La fusión de la histórica Forjas y Aceros de Reinosa con el Grupo Acenor –que había sido fundado en 1988 de la fusión de Aceros de Llodio, Pedro Orbegozo, Forjas Alavesas y Aceros Echevarría de Basauri– dio lugar a Sidenor, con la participación al 50% del Instituto Nacional de Industria y el Instituto de Crédito Oficial.
ACERO
El valor de Sidenor volvió a crecer de forma paulatina debido a una nueva estrategia en la que la producción de aceros se centró en la fabricación para aquellos sectores que, a comienzos de este siglo, se encontraban en un momento más boyante, previo a la gran crisis financiera de la segunda década. Así, pasó a tener como prioridad la producción de aceros para la automoción, la química, la generación energética, la industria naval o la máquina-herramienta, entre otros, siempre con la instalaciones de Basauri como centro neurálgico.
En el año 2005, en un momento en el que el el vértice del negocio acerero había quedado desplazado de Europa a Asia y otras geografías adscritas a las economías emergentes, donde los costes son menores y el respaldo de los gobiernos suele ser mayor, la multinacional brasileña Gerdau adquirió Sidenor por un precio de 443 millones de euros. Jainaga, no obstante, permaneció en Sidenor. La economía brasileña, que había entrado con fuerza en el nuevo siglo, empezó a revertir su marcha a mediados de la segunda década, coincidiendo con los fastos del desembolso del Estado por la organización del Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. En esa coyuntura, Gerdau decidió poner en el año 2016 a la venta Sidenor, que fue adquirida por un grupo de inversores vascos comandados por el propio Jainaga por 155 millones.
SOCIEDADES DE INVERSIÓN
El empresario empleó para esta operación su 'family office' Clerbil, que a partir de entonces, junto a Mirai Investments, vehicula las operaciones de inversión de Jainaga, principalmente en sectores de futuro pero sin dejar de lado los tradicionales, como la siderurgia, u otros ya existentes, como la moda y la salud. “Nos consideramos la alternativa a los fondos de capital riesgo, que exhiben un gran compromiso con el país al mismo tiempo que anuncian que el primer mandamiento de su religión les obliga a volver a vender las empresas adquiridas al cabo de cuatro o cinco años. Desde que creamos Mirai en 2019, hemos adquirido 21 empresas, mayoritariamente vascas, en las que hoy trabajan más de 1200 personas”, señaló hace un año, cuando recibió el Premio Joxe Mari Korta de manos del lehendakari. La siguiente operación en la que puso el foco Jainaga fue la del regreso de la sede y las principales capacidades productivas a Euskadi de Talgo, de donde tuvo que salir en la década de los 70 por la presión del terrorismo de ETA. Antes, en el año 2018, dejó caer su intención de presentarse a las elecciones del Athletic, el club del que es hincha ferviente, paso que finalmente no dio.
La necesidad de descarbonizar el transporte de mercancías y sacarlo de las carreteras está abriendo importantes posibilidades de futuro a la industria ferroviaria, así como la liberalización del transporte de pasajeros por ferrocarriles. De esta manera, la liberalización de la alta velocidad en España, las próximas licitaciones de Renfe y las inversiones que, por más de 500.000 millones de euros, quiere acometer la Comisión Europea para impulsar los ferrocarriles, van a ser los ejes tractores en los próximos años de la actividad de Talgo, la compañía de la que Jainaga es presidente desde el pasado mes de enero.
Fue en el verano de hace dos años cuando surgió el primer interés de Jainaga y del Ejecutivo vasco por la entrada en el accionariado del fabricante para reforzar así su actividad en Euskadi y traccionar a toda la cadena de valor de la industria auxiliar. En febrero del pasado año se alcanzó el preacuerdo para la compra de casi un tercio de las acciones del constructor ferroviario por parte de un consorcio vasco público-privado, con Sidenor, el fondo Finkatuz del Gobierno Vasco y las fundaciones BBK y Vital por algo más de 150 millones de euros. La negativa del Gobierno central a que Talgo pasase a manos de un conglomerado húngaro por razones de seguridad del Estado, así como la capacidad del consorcio para obtener la confianza del Ministerio de Transportes –el propio Óscar Puente mantuvo una reunión con el empresario en la fábrica de Sidenor en Basauri– allanaron una operación que, no obstante, requirió el apoyo final de la SEPI para ser desbloqueada. “Estuvimos al borde de la ruptura en las negociaciones. Fue una operación extraordinariamente compleja”, ha llegado a admitir el propio Jainaga.
Biografía. José Antonio Jainaga es Ingeniero Industrial por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Bilbao. Ha desarrollado toda su carrera profesional en la industria. Comenzó trabajando en Sener y posteriormente se incorporó a Michelin. En 1998 pasó a Sidenor. Desde 2005 a 2016, José Antonio Jainaga desempeñó el cargo de consejero delegado, para pasar después a ser su presidente. Desde enero de este año es también presidente de Talgo. En 2025, la revista Forbes le situó en el puesto 96 de los cien españoles más ricos, con un patrimonio, según esta publicación especializada, de 450 millones. En la lista figuran otros empresarios vascos como Daniel Maté, José María Aristrain o Víctor de Urrutia.
Mejora de Talgo
Enderezar el rumbo de Talgo, que acumuló el pasado año unas pérdidas de 100 millones de euros, no está siendo sencillo, pero los resultados del primer semestre parecen apuntalar el cambio de dirección. Así, Talgo perdió en la primera mitad del año 27 millones de euros, menos de la mitad que los 65,7 millones en números rojos en el mismo período del año pasado. La facturación ha alcanzado los 375,8 millones en el primer semestre del ejercicio, lo que supone un incremento del 39,1 % frente al mismo periodo de 2025, en que llegó a los 270,1 millones. Además, Talgo ha superado ya en el primer semestre el volumen de adjudicaciones previsto para todo 2026, con nuevos pedidos por valor de 2.149 millones y una cartera de pedidos de nuevo histórica de 6.239 millones. Las importantes adjudicaciones en países como Arabia Saudí, Uzbekistán y Suecia, unidas al hecho de que durante el pasado mes Renfe y Talgo cerrasen un acuerdo sobre el proyecto de los trenes de alta velocidad Avril –poniendo fin al contencioso con Renfe por la multa de 116 millones al fabricante por los retrasos en las entregas de estos trenes–, eliminan la incertidumbre que lastraba la imagen de la firma.
Además de la OPA lanzada sobre Azkoyen, y aunque no existe confirmación oficial por su parte, Jainaga mantiene interés sobre la situación en Tubos Reunidos, ahora en concurso de acreedores. El empresario ya ha abogado en el pasado por la integración de los negocios del acero de Sidenor, Tubos Reunidos y Tubacex. “He pasado mi vida trabajando en la industria. Seguramente podía haberlo hecho en otros sectores, pero estoy tremendamente feliz de haberlo hecho en la industria, de formar parte de esas personas que transforman la materia para hacer más fácil la vida de otras personas”, decía en julio del pasado año, cuando recibió el galardón por su trayectoria industrial, un acto que clausuró subrayando que iba a seguir en la pelea: “el viaje ha sido largo, pero está lejos de haber terminado”.