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El de la inteligencia artificial (IA) ha sido uno de los asuntos destacados este viernes en el arranque de la visita a Francia del Papa León XIV. Un par de semanas después de que algunos expertos coincidieran en sus predicciones apocalípticas al decir que esta tecnología podría acabar con toda la humanidad en la próxima década, el pontífice ha reflexionado sobre los riesgos de su uso. Lo ha hecho en la sede de la Unesco en París, donde ha abogado por que las tecnologías, en general, se mantengan “al servicio de la persona humana” sin llegar a ser un “instrumento de dominación e injusticia”.
No es la primera vez que el Papa Prevost aborda esta cuestión plagada de aristas. Ya lo hizo en su su encíclica Magnifica Humanitas dedicada a la dignidad humana y la inteligencia artificial,a la que se refirió en un extenso discurso, pronunciado en inglés y francés, en la casa de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. En dicha disertación, trataba sobre la dignidad de la vida humana y la necesidad de protegerla, entre otros peligros, de los que representa la IA. "Nuestros esfuerzos en este ámbito deben garantizar que las nuevas tecnologías sigan estando al servicio de la persona humana, en lugar de convertirse en un instrumento más de dominación e injusticia", ha dicho.
León XIV recordaba que "a lo largo de los siglos, muchas tareas que antes realizaban los seres humanos han sido confiadas a las máquinas" y que incluso ahora "a ciertos sistemas artificiales se les ha otorgado incluso el nombre de nuestra facultad humana del pensamiento: la inteligencia". Sin embargo, ha advertido de que "nuestras ideas y relaciones corren el riesgo de empobrecerse debido a un proceso de deshumanización" y agregaba: "La paradoja resulta cada vez más evidente: mientras se atribuye inteligencia a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas".
En esta coyuntura compleja, instaba a la comunidad científica "a cooperar incansablemente en nombre de nuestra historia común", para que, desde una diversidad de perspectivas, surja una convergencia de visiones y armonía en la acción. "Contamos con medios capaces de conectar a las personas y a los continentes de manera instantánea; sin embargo, al mismo tiempo, somos testigos de nuevas formas de aislamiento, de pobreza material y espiritual y de abandono", ha señalado.
También alertó de que "la comunicación se ha vuelto mucho más rápida, pero no necesariamente más veraz; la información es abundante, pero no es sinónimo de sabiduría". A juicio del Papa, "la inteligencia artificial amplifica este problema", puesto que "aunque estos sistemas pueden correlacionar datos, no pueden responder a las preguntas sobre el sentido de la vida humana, que tiene sus raíces en la experiencia vivida", añadía.
Por esta razón, aseguraba que los desafíos de la comunicación y de la educación "convierten la búsqueda de la verdad en una cuestión de justicia social y equidad histórica" y aprovechaba para lanzar una advertencia: "Sin la verdad, el lenguaje queda sometido a la lógica de la violencia y a la voluntad arbitraria de los poderosos". En este contexto, denunció que "se excluye a otros en nombre de la ganancia, y se mata a inocentes en nombre de la libertad. En lugar de respetar la ley, quienes están en el poder la invocan cuando les conviene y la ignoran cuando les limita, tratando incluso a la justicia misma como si fuera una mercancía que se puede comprar y vender".
El pontífice también animaba a toda la comunidad internacional a prestar especial atención a la protección de los niños y los jóvenes, objetivo codiciado de muchas plataformas y redes sociales: "En la era digital, su vulnerabilidad nunca debe convertirse en una oportunidad para la explotación".
Por último, Prevost ha realizado un alegato contra la guerra, "la más terrible de las obras humanas”, en la cual “la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar”.