Vida y estilo

“Comer sin culpa también es salud”

¿Usamos la nutrición para hablar realmente de estética?, ¿nos escudamos en la salud para perpetuar cánones de belleza imposibles? La nutricionista Julia Fernández-Renau habla sobre ello en 'A la mierda la dieta', donde aborda una nutrición sin culpa, sin
Julia Fernández-Renau aboga por establecer una relación saludable con la alimentación, el cuerpo y el bienestar. / J.F.R.

La cultura de la dieta, en la que hemos nacido, es un conjunto de creencias sociales, valores y normas que giran en torno a la búsqueda de la delgadez. A día de hoy la flaqueza es igual a éxito y salud, y cualquier cosa que se salga de ahí representa lo contrario”, explica la nutricionista antidietas, Julia Fernández-Renau, que defiende que ”hay vida más allá de la dieta”.

QUIÉN ES

Julia Fernández-Renau. (@Nutrirayes) Nutricionista antidietas y divulgadora en redes, donde cuenta con más de 50k seguidores, sobre alimentación, salud y nutrición. Acompaña principalmente a mujeres a dejar las dietas y a relacionarse correctamente con la comida y con su cuerpo. Comer sin culpa y sin dietas es su principal guía de divulgación alimentaria.

¿A qué tipo de dieta quiere mandar a la mierda en su libro?

Siempre que hablo de dietas me refiero a aquellas que son muy restrictivas y cuyo principal objetivo es la pérdida de peso. La típica dieta que consiste en una fotocopia estándar de 1.500 calorías, con una larga lista de alimentos prohibidos y unas pautas muy rígidas que apenas tienen en cuenta las circunstancias individuales de cada persona. Es a ese tipo de dieta a la que me refiero cuando hablo de “hacer dieta”. No hablo de dietas médicas que son claves para tratar determinadas enfermedades y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Yo me dirijo a las dietas restrictivas orientadas a adelgazar, sobre todo, las que se plantean como soluciones rápidas, universales y tan difíciles de mantener a largo plazo.

¿Vivimos en una sociedad manifiestamente obesogénica?

No me gusta mucho el término obesogénico. Además, no estoy de acuerdo con la idea de que la sociedad nos impulse necesariamente a ganar peso. Creo que es una visión simplificada de una realidad mucho más compleja y multifactorial. Creo que el peso corporal depende de numerosos factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales, y reducir el debate a que vivimos en una sociedad diseñada para engordar me parece incorrecto para comprender un fenómeno tan complejo.

La portada de su libro. J.F.R.

Decían nuestros abuelos: lo que me gusta, o es pecado o engorda.

Creo que, en muchos casos, seguimos arrastrando esa forma de pensar. Hemos aprendido a asociar determinados alimentos con la culpa, como si disfrutar de la comida fuera algo que hubiera que compensar o justificar. Sin embargo, comer también es placer, cultura, celebración y bienestar, no solo nutrición. Estos mensajes nos añaden culpa a un momento que debería proporcionarnos disfrute. No es un alimento concreto lo que define nuestros hábitos, sino el conjunto de nuestras elecciones a lo largo del tiempo. Comer con flexibilidad, sin prohibiciones extremas y sin culpa, puede ser una forma mucho más saludable para cuidarnos y disfrutar de la vida.

Pero hoy y aquí ser gordo es altamente probable; y, a la vez, ser delgado es sinónimo de éxito...

No, creo que es erróneo pensar que ser delgado te va a traer felicidad y éxito. Ese es, en muchos casos, el problema de base: muchas mujeres llegan a creer que adelgazar es la clave para sentirse mejor consigo mismas y terminan persiguiendo ese objetivo a cualquier precio, incluso comprometiendo su salud física y mental. Además, cuando alcanzan el peso que deseaban, muchas descubren que tampoco era la solución a todos sus problemas. Por eso, más que centrarse exclusivamente en adelgazar, es importante construir una relación saludable con la alimentación, el cuerpo y el bienestar. Al final, ser más delgada no garantiza ser más feliz, y para muchas personas nunca parece ser suficiente, porque el verdadero problema no estaba en su peso, sino en las expectativas que habían depositado en él.

Tengo clara la respuesta, pero se lo pregunto, ¿las mujeres siguen más las dietas?, ¿acaso porque les importe más su estética que su salud?

Creo que sí. Al final se ha enviado un mensaje de que la delgadez, independientemente de la salud es lo más importante. Muchas veces, sobre todo las mujeres, tomamos decisiones sobre lo que menos nos va a engordar, qué es lo menos calórico, más allá de lo que es más saludable o nutritivo para mí.

¿Por qué las dietas-milagro atrapan más a las mujeres?

De base, nosotras tenemos mucha más presión estética que los hombres. Desde pequeñas se nos mete en la cabeza que nuestro valor depende de nuestro aspecto físico. Y dentro de este aspecto, que tienes que estar delgada, que hay un tipo de cuerpo que es el válido, un modelo al que tenemos que perseguir. El porqué nos metemos ahí, por cómo nos venden esa dieta, nos viene a decir que es nuestra culpa que no nos funcione. Y nos metemos en el bucle de pensar que no tenemos fuerza de voluntad, ni disciplina..., y es nuestra culpa.

La dieta: ¿es salud, es estética, es moda o directamente es una estupidez vital?

Yo creo que, en gran medida, es una mezcla de moda y de una enorme presión estética. Evidentemente, la alimentación tiene una relación directa con la salud y no se trata de negar la importancia de comer bien o de cuidar el cuerpo. El problema aparece cuando dejamos de hablar de salud para empezar a obsesionarnos con el peso, los números y el control permanente. Es hora de liberarnos de buena parte de esa presión estética disfrazada de salud. Como recalco en A la mierda con la dieta, quizá el verdadero acto de cuidado personal no sea hacer una dieta más, sino dejar de vivir permanentemente a dieta.

Sueño reparador, ejercicio moderado y alimentación saludable, si se mantiene esta tríada, ¿para que una dieta?

A mí me gustaría alejarme también del término dieta. Creo que sería más útil hablar de bienestar, de sentirse bien, con energía, saludable y en equilibrio con uno mismo. Lo importante es construir hábitos sostenibles que nos permitan cuidar nuestra salud física y mental. También considero que el ejercicio debería entenderse desde el disfrute y las posibilidades de cada persona, no como una obligación. Del mismo modo, me gusta más hablar de una alimentación flexible que de una alimentación estrictamente saludable, porque incorpora el placer de comer, la variedad y una relación sana con la comida, sin culpa ni prohibiciones innecesarias.

Existe el hambre emocional, comer por ansiedad, ¿la dieta sirve para algo en estos casos?

Sí. Claro que existe el hambre emocional, pero no siempre es malo. Todo el mundo vamos a tener hambre emocional, funcional. Pero hay otro disfuncional; en este caso, porque verdaderamente no nos ayuda a sentirnos bien y eso se da en quienes no tienen una relación sana con la comida. Luego no es el hambre emocional, sino la mala relación con la comida.

El número de obesos aumenta a la par que la gordofobia. Además de dietas se habla de reducción de estómago o directamente el antiGLP1 (ozempic/weygovy)...

Tenemos que tener en cuenta que existe una diversidad corporal y que no todo el mundo tiene que estar delgado. Creo que debemos abrir los ojos y darnos cuenta de que existen muchos tipos de cuerpo y que no podemos determinar la salud de alguien por su cuerpo.

Frente a la gordofobia se plantea el body positive, ¿es una solución correcta o esconder el problema bajo el ala?

No, por supuesto. Al final todo el mundo se merece tener cuidado y respeto por su propio cuerpo, no creo que sea esconder el problema. Además, no estoy de acuerdo con que una persona obesa sea una persona enferma. Creo que de por sí, el término obesidad es patologizante de un cuerpo; de por sí, creo que existe también salud en cuerpos gordos. No podemos ver un cuerpo gordo y pensar automáticamente que esa persona está enferma.

25/07/2026