Experta en suplementación, “como médica y superviviente de cáncer, he aprendido que la medicina convencional ‒quimio, radio, cirugía‒ es esencial, pero que hay más piezas en el puzle de la recuperación: alimentación, descanso, movimiento, gestión emocional y, sí, una suplementación bien planteada, que apoye la vitalidad, el sistema inmune y la calidad de vida”, recalca la doctora Odile Fernández.
Quién es
Odile Fernández (Granada, 1978) es médica de familia y madre de tres niños. En 2010 le diagnosticaron cáncer de ovario con múltiples metástasis. Tras sobreponerse al shock inicial y enfrentarse cara a cara a la posibilidad de morir, decidió buscar toda la información disponible sobre la relación entre alimentación y cáncer que pudiera ayudarla. Fruto de esta experiencia publicó varios libros como Mis recetas anticáncer, Mi revolución anticáncer, Recetas para vivir con salud y Hábitos que te salvarán la vida. Se dedica en cuerpo y alma a seguir estudiando la relación estrecha entre alimentación, hábitos de vida y la prevención de enfermedades, e imparte talleres por todo el país. También es fundadora de OFM Health. Se le puede seguir en Instagram en la cuenta @misrecetasanticancer
¿Por qué hay que integrar los complementos alimenticios en la rutina diaria?
Actualmente la suplementación tiene mucho sentido, porque la alimentación que llevamos, por muchos motivos, es deficitaria en numerosos nutrientes. Una de las causas es por el empobrecimiento de los suelos, otra porque no dejamos a los frutos madurar en los árboles, sino en cámaras frigoríficas, por lo que el aporte, sobre todo de vitaminas y minerales de por ejemplo las manzanas y los tomates de hoy día, no son iguales que hace 20 años. Además, tiene mucho sentido suplementar por el estilo de vida actual, con el estrés como norma, donde tomamos poco sol, nos movemos poco, vivimos con el estrés crónico que también nos roba vitaminas... Todo esto hace que el déficit de nutrientes sea casi universal en nuestra actual sociedad. Y nuestro cuerpo, sin esos nutrientes, no es capaz de funcionar bien. Por eso, en general, nos sentimos cansados, fatigados, y no nos concentramos a pesar de no tener una patología concreta.
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¿Los alimentos de hoy ya no tienen los mismos nutrientes que antes? ¿No nos nutren igual?
Los suelos están empobrecidos por la agricultura intensiva, por los pesticidas, por el hecho de que las plantas las cortemos en el árbol tres meses antes del momento de su maduración. del momento de su maduración. Entonces, la manzana de ahora no es la de hace 50 años. De ahí que no tengamos la cantidad de nutrientes que teníamos antes.
Los suplementos se asociaban a las personas enfermas. ¿Qué ha cambiado?
Que antes teníamos una vida más saludable. Ahora, todos tenemos una vida que está poco alineada con lo que el cuerpo necesita, por eso la suplementación tiene mucho sentido. Hay que saber qué es lo necesario según cada etapa de la vida, la edad que tengamos o las patologías. Se debe tener claro qué dosis necesitamos y en qué momento del día tomarlos. Y luego, entre toda la variedad de suplementos que hay en el mercado, hay que saber cuál debemos elegir para que tenga sentido y no sea tirar el dinero. Porque hay una oferta muy amplia con una gran diferencia de precios, por lo que hay que entender por qué unos son tan económicos y otros son más caros.
¿Nutrición y suplementos es una relación inseparable?
Sí. La base debe ser una alimentación saludable que se parezca lo más posible a la pirámide mediterránea tradicional: frutas, vegetales, aceite de buena calidad, grasas buenas. El problema hoy en día es que poca gente come de forma saludable; abusamos de los ultraprocesados, de la comida rápida, comemos mucho fuera de casa y los niños en los colegios escolares. Esa alimentación está empobrecida en nutrientes; piensa en los niños que comen alimentos congelados desde hace un mes y luego la recalientan en envases de plástico. Lo ideal es que nutrición y suplementos vayan de la mano, porque el suplemento complementa lo que comemos.
La portada del nuevo libro de Odile Fernández.
¿Sin un estilo de vida que acompañe, cuál es el sentido y la eficacia de la suplementación?
Queremos tomar una cápsula que nos resuelva el insomnio, el cansancio, la ansiedad... sin mirar profundamente lo que está minando nuestra salud. Pero ningún suplemento puede compensar la falta de sueño, el sedentarismo, el estrés crónico o una alimentación ultraprocesada. Buscamos la pastilla mágica; un milagro para no tener que hacer las cosas bien hechas por nosotros mismos. Es más fácil comprarse un blíster que dedicar una hora al día para entrenar la fuerza, caminar 10.000 pasos, tomar buenos nutrientes y dormir ocho horas. Por otro lado, no solo la pereza justifica que compremos colágeno para compensar esos ultraprocesados, o pastillas con melatonina porque no gestionamos el estrés, o vitamina D porque no salimos al sol. Nuestro mundo actual no está diseñado para la salud.
¿En qué pilares fundamentales debe sostenerse esa forma de vida?
Ejercicio, sueño y nutrición son los pilares. El ejercicio reduce el riesgo de enfermedades, eleva las endorfinas y mejora el estado de ánimo, pero es importante que sea regular y sostenible. El sueño, dormir, es algo que sale gratis y tiene un valor incalculable. Durante el sueño se eliminan toxinas cerebrales, se regeneran los tejidos y se regulan hormonas como la melatonina, el cortisol y la hormona del crecimiento. Por último, llevar una dieta saludable, cenar pronto y ligero, apagar las pantallas una hora antes de irnos a la cama o practicar la respiración antes de dormir es clave para un mejor descanso.
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¿Y el autocuidado?
Debemos cultivar la calma y la coherencia. El estrés crónico mina la salud: afecta a la digestión, a la inmunidad y al equilibrio hormonal y cerebral. Aprender a bajar el ritmo es una forma de medicina. Mantener el contacto con la naturaleza, al menos durante veinte minutos y practicar yoga o respiración, nos ayudará a esta tarea.
¿Hay algún suplemento que compense una dieta pobre?
No. De ahí la necesidad de una nutrición consciente y personalizada. Pero incluso siguiendo una alimentación equilibrada, en determinados momentos de nuestra vida necesitamos suplementar los nutrientes que nos faltan.
En su libro relaciona de forma muy estrecha la suplementación con la salud mental.
Sí. Y mucho. Aquí es donde la suplementación más puede marcar la diferencia; la salud mental desde el covid está bastante deteriora y el consumo de antidepresivos y ansiolíticos en los últimos cinco años se ha disparado. ¿Qué puede hacer la suplementación en este sentido? Sabemos que en un ánimo triste la ansiedad tiene mucho que ver con el déficit de vitamina D y el 80% de la población española tiene falta de ella, por lo que ese suplemento para el ánimo podría tener mucho sentido. Por su parte, los ácidos grasos Omega 3 mejoran la atención del sistema nervioso y nos podrían ayudar. También los probióticos pueden ser muy interesantes para el sistema nervioso, porque entre el intestino y el cerebro hay conexión a través del nervio vago.
¿Cuánto de marketing hay en la suplementación?
Debemos aprender a discernir entre un suplemento que me puede ser útil o no. Si un suplemento me promete una cura milagrosa de una enfermedad debería huir de él. Si eso fuera tan fácil no haría falta ni siquiera acudir al médico. Las curas milagrosas no existen; cuando me venden un suplemento y me dicen que sustituye la comida, eso no me va; la base es el alimento. Si un suplemento no está bien planteado, con buenas sinergias, si un ingrediente no potencia, sino que es contrario a otros, puede suponer la pérdida de un ingrediente nutricional porque se antagonizan. Por ejemplo, la vitamina D, para que realmente sea una fórmula sinérgica, debería de tener magnesio asociado, porque ambos potencian la activación y la absorción de la propia vitamina D. Por ello, en mi libro El poder de la suplementación he creído necesario poner luz a este mundo donde hay tantas opciones, porque nos sentimos abrumados y muchas veces, como no sabemos qué tomar, hacemos lo que hace la vecina o el influencer de turno en boga.
¿Quiere decir que suelen comprarse suplementos basándose en tendencias?
Lo ideal sería que los médicos tuvieran la formación necesaria sobre suplementación para saber pautarla, porque al final un médico es el que tiene los conocimientos de fisiología, sabe cómo funciona tu cuerpo y sabe de interacciones. El problema es que hoy al médico, en sus estudios oficiales no se le forma, sí sobre farmacología, pero no suficientemente sobre suplementación. Lo ideal sería una suplementación bien pautada por un especialista. Tampoco puede ser lo que está pasando con algunos facultativos, que como no conocen el tema, les dicen a los pacientes que no pueden tomar nada, cuando dependiendo de la patología y del tipo de suplementos pueden ir a favor o no de su salud. Si tienes una enfermedad que te produce déficit, por ejemplo en el enfermo oncológico la vitamina D, sabemos que suplementar con ella puede hacer que su supervivencia a largo plazo sea más alta. Por ello creo necesario que los médicos se formen en un mundo que puede beneficiar al paciente.