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Vida y estilo

Las siete erres para ser un ecologista ‘premium’

A continuación enumeramos siete consejos básicos para cualquier persona que quiera sentirse mejor con el medioambiente y también consigo misma, sin agobios ni ecoansiedad
Separar la basura es básico en el proceso de reciclaje.
Separar la basura es básico en el proceso de reciclaje. / Freepik/IA

Actualizado hace 2 minutos

No es imprescindible formar parte de una organización ecologista, ni ser un profesional del sector medioambiental, para cuidar nuestro entorno natural, y de paso, a nosotros y nosotras. En nuestro día a día podemos realizar diversas acciones que, por pequeñas que nos parezcan, contribuyen a dicho objetivo. Con los siguientes siete consejos en forma de erres nos convertiremos en ecologistas de primera.

1. Reflexionar

En un mundo acelerado que nos lleva sin dejarnos pensar a consumir, conviene pararse y reflexionar: ¿Cómo puede ser que una camiseta hecha en China cueste un euro o un viaje en avión 20 euros? ¿O que cueste menos una manzana traída de Chile que una de Euskadi? ¿Cuántos recursos consume una Inteligencia Artificial cada vez que la usamos? ¿Qué pasa con lo que tiramos a la basura? ¿Cómo nos afecta que el clima cambie o que desaparezcan especies?, etcétera. La información y la educación ambiental son claves para repensar nuestra manera de ser, de consumir, de actuar, sin caer en bulos ni en inercias que dañan nuestro medioambiente y nuestra salud.

Prolongar la vida útil de los bienes disminuye el impacto ambiental.

Prolongar la vida útil de los bienes disminuye el impacto ambiental. Freepik

2. Rechazar

Debemos rechazar en lo posible las prácticas que no respetan el medioambiente, que priorizan los beneficios económicos por encima de todo, que se elaboran para un consumo rápido, con sustancias nocivas, que sobreexplotan los recursos o a los seres humanos, que causan estragos en espacios naturales o en la biodiversidad.

3. Reducir

Como dice el clásico lema ambiental, lo más ecológico es lo que no se produce ni consume. Reducir no significa obligarnos a pasar penurias: consumir productos y servicios realmente necesarios, de calidad, e incluso darnos algún capricho, sin caer en las numerosas tentaciones que acaban desperdiciadas. Podemos evitar productos con un sobreempaquetado excesivo, organizar nuestra lista de la compra para evitar el desperdicio de alimentos (un tercio acaba en la basura), o utilizar bienes con una alta eficiencia en el uso de recursos básicos como la energía o el agua.

Botellas de plástico y basura acumulada en la naturaleza.

Botellas de plástico y basura acumulada en la naturaleza. A.G.

4. Reutilizar

Prolongar al máximo la vida útil de los bienes disminuye nuestro impacto ambiental y nos permite ahorrar. Para ello, evitaremos en lo posible los productos sospechosamente económicos, de usar y tirar, pensados para un consumo fugaz que acaban rápidamente en la basura. Lo barato sale caro para el bolsillo y el medioambiente. En su lugar: productos bien elaborados de calidad y reutilizables. Si cuidamos los productos contribuiremos a su mayor duración.

Al hacer la compra, podemos llevar bolsas de tela o de otros materiales resistentes y así evitar las bolsas de un solo uso. Las baterías recargables son menos nocivas que las desechables. Las hojas de papel se pueden utilizar por ambos lados y las cajas de cartón se pueden aprovechar para guardar objetos. Podemos usar botellas reutilizables para el agua, y exigir agua de grifo en los restaurantes en vez de embotellada. La ropa, los libros, esos objetos que ya no usamos, podemos donarlos, intercambiarlos con otras personas, o comprarlos y venderlos en los mercados de segunda mano o en las cada vez más populares webs y aplicaciones para ello. Una práctica ecológica que además nos hace ahorrar dinero.

Por su parte, el suprarreciclaje (del inglés upcycling) es una forma más sofisticada de reutilizar, que supone transformar un residuo o un objeto sin uso en otro de igual o mayor utilidad y valor. Por ejemplo, diversos artistas transforman residuos en obras de arte con un claro mensaje ecológico.

5. Reparar

Reparar los productos estropeados también contribuye a cuidar el medioambiente y ahorrar dinero. La primera opción es intentarlo por nuestros medios. En internet hay todo tipo de tutoriales, incluso en vídeo, que lo explican fácilmente. Desde hace años, las comunidades fixer (del inglés arregladores) y maker (fabricadores), reúnen personas que se ayudan entre sí para reparar y crear nuevos productos con materiales reutilizados. Y cuando no podemos arreglarlo por nuestros medios, podemos acudir a ese o esa profesional cerca de casa, apoyando de paso el comercio local.

Sin embargo, no siempre es posible reparar. Detrás del “no merece la pena arreglarlo, mejor comprar nuevo” que habremos escuchado más de una vez, se esconde un sistema ideado para consumir rápido y continuo nuevos productos. Un ejemplo es la obsolescencia programada, crear productos diseñados para que duren poco y no puedan repararse, de manera que haya que comprar nuevos antes. Frente a ello, debemos exigir bienes y servicios basados en el ecodiseño, fabricados de manera sostenible, que pueden ser reparados y reciclados tras su vida útil.

6. Reciclar

Cuando los productos ya no se pueden reutilizar ni reparar, llega el turno del reciclaje, una acción con múltiples beneficios medioambientales y económicos. Las basuras recicladas no acaban en los vertederos, cada vez más saturados; los materiales desechados se aprovechan para elaborar nuevos bienes, evitando la extracción de nuevas materias primas y reduciendo el consumo de energía o agua en su elaboración. Para ello tenemos los contenedores correspondientes cerca de casa: el verde para el vidrio; el amarillo para los envases de plástico y metal; el azul para el papel y el cartón; el marrón para los residuos orgánicos; el contenedor Sigre de las farmacias para los medicamentos; el de Ambilamp de los comercios para las bombillas; el de Ecopilas para las pilas; el de Sigaus para el aceite o el de Signus para los neumáticos.

Por otro lado, tenemos a nuestra disposición los puntos limpios. También conocidos como Ecocentros, Puntos Verdes, Garbigunes en Euskadi, Ecoparques en Valencia, o Deixalleries en Cataluña, reciclan residuos que no pueden depositarse en los contenedores convencionales, como productos químicos peligrosos, electrónicos o voluminosos. Se trata de instalaciones de distintos tamaños a las que hay que acudir con los residuos, pero algunas localidades cuentan con puntos limpios móviles, que con un horario se acercan a los núcleos urbanos.

7. Reclamar

La ciudadanía puede y debe reclamar a las instituciones y empresas más medidas ecológicas, sustituir los combustibles fósiles por energías renovables, promover los productos sostenibles y ecodiseñados, proteger y recuperar espacios naturales y su biodiversidad, etcétera. La ley ampara la posibilidad de reclamar y exigir actuaciones que contribuyan a mejorar el medioambiente y la calidad de vida de las personas.

Ecologistas sin ecoansiedad

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Los mensajes negativos, catastrofistas o derrotistas sobre el medioambiente pueden agobiarnos y hacernos caer en una ansiedad que puede paralizarnos, hacernos pensar que ya nada es posible. Es la conocida ecoansiedad. Sin embargo, cualquier acción, por pequeña que parezca, cuenta. La suma de millones de personas en todo el mundo en una misma dirección puede ser decisiva. Los problemas ambientales son graves, sí, pero también hay avances y medidas positivas.

Si nos ponemos manos a la obra entre todos y todas, estamos a tiempo. No hace falta convertirse en activistas o profesionales medioambientales para cuidar nuestro entorno. Podemos dar ejemplo a nuestros familiares, amistades o colegas de trabajo con pequeñas acciones ecológicas que se extiendan y asimilen a diario. La ciudadanía es la base de la democracia, del sistema productivo, y nuestras decisiones pueden modificar tendencias que parecen inamovibles.

2026-04-25T10:31:49+02:00
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