Muchas veces compramos alimentos con la creencia de que aguantarán semanas en la cocina, basándonos únicamente en su aspecto exterior o en falsas teorías populares. Sin embargo, existen algunos productos del día a día que tienen una vida útil mucho más corta de lo que imaginamos. El problema es que algunos de ellos no avisan cambiando de color o de olor, sino que desarrollan bacterias invisibles o pierden sus propiedades de forma silenciosa, convirtiéndose en un riesgo para la salud o arruinando tus platos si te descuidas.
Arroz blanco
El primer gran ejemplo lo encontramos en el arroz cocinado. Existe la falsa creencia de que el arroz aguanta perfectamente cinco o seis días en un táper dentro de la nevera. La realidad es que el arroz es un alimento de muchísimo riesgo debido a la bacteria 'Bacillus cereus', cuyas esporas sobreviven a la cocción. Si el arroz pasa más de dos o tres días en el frigorífico, estas bacterias pueden multiplicarse y liberar toxinas que resisten el calor del recalentado que que pueden provocar intoxicaciones alimentarias muy graves. Si te sobra arroz, consúmelo rápido o tíralo.
La trampa de las especias y las harinas
En la despensa también se esconden alimentos cuya calidad "caduca" mucho antes de lo que creemos. Las especias molidas no duran eternamente, y aunque no te van a sentar mal por pasarse de fecha, los aceites esenciales que les dan aroma y sabor se evaporan y dejan de aportar su toque a los platos. Un bote de pimienta, los botes de orégano o el comino molido pierde casi todas sus propiedades a los seis meses de estar abierto. Consumirlas después de ese tiempo no es peligroso, pero ya no aportan ningún matiz a las preparaciones.
Un caso más grave es el de la harina integral. Al contrario que la harina blanca, que puede durar años si se mantiene seca, la harina integral conserva el germen y el salvado del grano de cereal. Estas partes son riquísimas en aceites y grasas saludables que, al entrar en contacto con el oxígeno, se oxidan con mucha facilidad. Una bolsa de harina integral abierta puede ponerse rancia en apenas tres o cuatro meses a temperatura ambiente, adquiriendo un sabor amargo desagradable en boca. Para alargar su vida, el truco es guardarla en un bote hermético dentro de la nevera.
Los huevos y las salsas
Otro error clásico de almacenamiento tiene que ver con los huevos. Aunque su fecha de consumo preferente suele dar un margen de casi un mes, su duración real depende de dónde los coloques. Guardar los huevos en la puerta de la nevera reduce su vida útil enormemente debido a los constantes cambios de temperatura cada vez que abrimos y cerramos el frigorífico. Este movimiento continuo expande la cámara de aire interna del huevo y acelera su deterioro. los huevos deben ir siempre en los estantes centrales o inferiores y deben mantenerse dentro de su propio cartón.