Vida y estilo

Tiene 39 años y es el único habitante de un pueblo perdido en Asturias: "No quiero que desaparezca"

La despoblación rural deja pueblos enteros al borde del abandono, mientras algunos jóvenes y adultos regresan a sus raíces para intentar mantenerlos con vida
Álvaro regresó a la zona hace seis años por motivos laborales y, al reencontrarse con aquel entorno familiar, tomó una decisión: no permitir que el pueblo terminara desapareciendo.
Álvaro regresó a la zona hace seis años por motivos laborales y, al reencontrarse con aquel entorno familiar, tomó una decisión: no permitir que el pueblo terminara desapareciendo. / instagram.com/hilux_aventura

Actualizado hace 9 minutos

El territorio rural se enfrenta a un problema que va mucho más allá de la pérdida de habitantes: cada vez son menos los jóvenes que encuentran motivos para quedarse o regresar a los pueblos. La falta de empleo, servicios, conexiones y oportunidades ha acelerado durante décadas el éxodo hacia las grandes ciudades, dejando a numerosos municipios del interior peninsular con una población cada vez más envejecida y, en algunos casos, al borde de desaparecer. Provincias como Teruel o Soria llevan años afrontando los efectos de la despoblación. Es un fenómeno que se ha convertido en uno de los grandes retos del medio rural y que también empieza a formar parte de las historias que numerosos creadores de contenido muestran en redes sociales.

Uno de ellos es @hilux_aventura, que ha puesto el foco en algunos de estos lugares prácticamente olvidados. Entre sus historias aparece la de Álvaro, un hombre de 39 años que ha decidido mantener con vida el pueblo donde creció su abuela, una pequeña aldea situada en una de las zonas más despobladas de Asturias.

Una aldea asturiana perdida entre las montañas

El lugar conserva todavía las huellas de quienes vivieron allí durante décadas. Casas antiguas, hórreos, caminos tradicionales y edificios que han quedado rodeados por la vegetación forman parte de un paisaje que poco tiene que ver con el que conocieron las generaciones anteriores.

Álvaro regresó a la zona hace seis años por motivos laborales y, al reencontrarse con aquel entorno familiar, tomó una decisión: no permitir que el pueblo terminara desapareciendo bajo la naturaleza.

La conexión con el lugar viene de lejos. Su padre le contaba historias de los veranos que pasaba allí cuando todavía vivía su bisabuelo. "Mi padre me contaba muchas anécdotas de cuando venía de pequeño en verano, que todavía vivía mi bisabuelo, y él amaba mucho esta tierra", explica.

Álvaro es el ùnico habitante del pueblo de su abuela.

Álvaro es el ùnico habitante del pueblo de su abuela. https://www.instagram.com/p/CeWDGmjtINB/?hl=es

Desde entonces, una de sus principales preocupaciones ha sido conservar el acceso y mantener unas condiciones mínimas para que otras personas puedan acercarse hasta la aldea.

"Uno de mis objetivos principales es mantener el pueblo, por lo menos el acceso en carretera, que esté bien, que tenga agua y que la gente lo disfrute cuando venga", señala.

Llegar hasta el pueblo no era nada sencillo

El aislamiento de esta aldea ayuda a entender cómo terminó quedándose prácticamente sin habitantes. Durante años, acceder hasta allí implicaba realizar parte del trayecto a pie y cargar con mochilas y suministros, una dificultad añadida para quienes vivían en la zona.

Hoy, la casa familiar en la que reside Álvaro todavía guarda numerosos objetos que permiten reconstruir parte de la historia de sus antepasados. Incluso conserva una fecha grabada sobre madera, 1974, como recuerdo de una época en la que el pueblo todavía tenía vida. En su interior también aparecen auténticos objetos de otra época que forman parte de la memoria de una familia y de un lugar que durante décadas estuvo habitado.

El único habitante del pueblo

Ahora, Álvaro es actualmente el único habitante del pueblo. Sin embargo, gracias a él se conocen más historias similares, como la de Ana Isabel y Maximiliano, una pareja que decidió apostar por un proyecto poco habitual: comprar y recuperar una aldea del siglo XIV situada en el concejo de Valdés, también en Asturias.

La primera que vio el potencial del proyecto fue Ana, quien al llegar a este rincón rural asturiano se encontró con un lugar prácticamente intransitable y completamente cubierto de maleza. Sin embargo, lejos de ver solo las dificultades, supo detectar las posibilidades que se escondían en el lugar. Su vida, además, dio un giro cuando conoció a Max. Ambos se enamoraron y él decidió sumarse a esta particular aventura. Lo que comenzó como un proyecto personal terminó convirtiéndose en un proyecto de vida compartido.

La pareja tiene claro cuál es el objetivo a largo plazo: rehabilitar el pueblo y recuperar sus construcciones para convertirlas en alojamientos que puedan alquilar y, una vez jubilados, vivir de esas rentas.

Te puede interesar:

Buzz On
40.000 euros por vivir a más de 1.000 metros de altura: la oferta de un pueblo italiano para frenar la despoblación

No ha sido un camino sencillo. Recuperar un enclave histórico abandonado implica enfrentarse a numerosos obstáculos. Aun así, ambos han decidido continuar adelante con el proyecto.

Para Ana, la clave está en asumir los riesgos y no quedarse paralizado ante las dificultades: "En la vida, si tienes miedo, no haces nada".

2026-09-12T18:37:51+02:00
En directo
Onda Vasca En Directo