Ganadora de pruebas como la Goierriko Bi Handiak, la Madeira Sky Race, la Euskal Herria Mendi Erronka o la reciente Domusa Teknik 40 MLK, Mayi Mujika, legazpiarra afincada en Elgoibar, se ha consolidado como una de las corredoras vascas de referencia en las carreras de montaña de larga distancia. La guipuzcoana repasa en esta entrevista unos inicios que llegaron casi por casualidad tras dejar el fútbol, recuerda experiencias como competir en Japón y explica por qué sigue disfrutando de la montaña con la misma ilusión que el primer día.
Del fútbol a las carreras de montaña sin quererlo
Después de más de una década jugando al fútbol, ¿cómo acabó descubriendo las carreras de montaña?
Jugué a fútbol desde los 14 hasta los 26 años. Llegó un momento en el que me cansé de tener partidos todos los fines de semana y de tener ese compromiso con el fútbol. Ya tenía la furgoneta y me apetecía escaparme a los Pirineos o a cualquier otro sitio, y el fútbol me limitaba un poco. Lo dejé de una forma muy natural. No fue dejar un deporte para empezar otro. Un par de años después nos apuntamos a la Hiru Haundiak. Llevábamos tiempo viendo a gente conocida correrla y un día dijimos: “El año que viene vamos nosotros”. La hice con mi pareja y con mi hermano. Fue el primer dorsal que me puse. Para prepararla empecé a hacer alguna carrera más y vi que me gustaba muchísimo. Además, tampoco se me daba mal. También tuvo parte de culpa el perro. Lo sacaba a pasear y, como andando no se cansaba, empecé a correr con él.
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¿Cuándo se dio cuenta de que podía llegar a competir al máximo nivel?
Fue más por los resultados que por los entrenamientos. Nunca he sido una persona que siga un plan al pie de la letra. Incluso ahora entreno bastante a mi manera. Pero veía que las carreras salían bien. El momento en el que realmente pensé que podía llegar lejos fue cuando me llamó la selección vasca. Apenas llevaba dos temporadas compitiendo y aquella llamada me sorprendió mucho. Ahí sí pensé que igual tenía nivel para medirme con las mejores.
Experiencia en Japón
Ha competido en muchos lugares, incluso en Japón. ¿Qué recuerda de aquella experiencia?
Fue una experiencia preciosa. Estuvimos allí casi una semana y, además de correr, pudimos conocer una cultura completamente diferente. Lo que más me llamó la atención fue el ambiente. Al principio de la carrera dábamos una vuelta por el pueblo y todos los vecinos estaban fuera de sus casas aplaudiendo. Luego entrabas en la montaña y ya no había nadie. Ahí es donde valoras lo que tenemos aquí. El ambiente que hay en Euskal Herria es muy difícil de encontrar en otros sitios. Aquí siempre hay gente animando en cualquier rincón del recorrido.
Siempre dice que entrena de una forma muy natural. ¿Cómo es el día a día cuando no está compitiendo?
No tengo entrenador porque me gusta tener libertad. Intento organizar la semana con cierta lógica y aprovecho lo que aprendí cuando estuve en la selección, pero no me gusta tener cada día marcado de antemano. Si hace mal tiempo cambio el entrenamiento. Si surge otro plan también lo adapto. Muchas veces ni siquiera siento que esté entrenando. Voy al monte porque disfruto estando allí. Los fines de semana, por ejemplo, suelo salir en bicicleta con mi pareja, porque al monte no me acompaña tanto, y voy organizándome según el trabajo, el tiempo o las horas de luz. Creo que esa manera de hacer las cosas también me ayuda a seguir disfrutando.
Mayi Mujika disputando una carrera.
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Retirada a tiempo, victoria
Hace apenas unas semanas tuvo que retirarse de una carrera por unas molestias en la rodilla. ¿También se aprende a abandonar?
Sí. Hace años probablemente habría seguido hasta el final, pero esta vez todavía me quedaba una maratón por delante y preferí parar. Estoy de vacaciones y además tengo otra carrera a finales de agosto. Creo que fue la decisión correcta. A veces retirarse también es ganar. Hay que saber escuchar al cuerpo porque, si fuerzas demasiado, las consecuencias pueden ser mucho peores.
Después de tantos kilómetros, ¿qué le sigue motivando para ponerse un dorsal?
Creo que sigo teniendo la misma motivación que cuando empecé. Cada carrera tiene algo diferente: el paisaje, el ambiente o el recorrido. Nunca he perdido esa ilusión. Además, tengo la sensación de que sigo mejorando. Mi pareja suele decirme cada temporada que es la mejor que he hecho. Salvo el año pasado, cuando estuve enferma por la enfermedad de la garrapata, cada temporada he dado un paso más. Mientras siga disfrutando y encontrándome bien, quiero seguir corriendo.
Aficiones y espina clavada
Y cuando no está en la montaña, ¿qué le gusta hacer?
Todo lo que tenga relación con la naturaleza. Me gusta andar en bici, esquiar, hacer vías ferratas... También viajar con la furgoneta, que es una de las cosas que más disfruto. Y, aunque no tiene que ver con correr, también me gusta mucho salir en moto. Al final intento aprovechar el tiempo libre para hacer cosas al aire libre. Y, como todo el mundo, también me gusta estar con la familia y los amigos.
¿Le queda alguna espina clavada o algún reto por cumplir?
Nunca he sido de marcarme objetivos como “quiero ganar esta carrera”. Pero sí hay una prueba que me hace mucha ilusión: el Trofeo Kima, una de las carreras de montaña más exigentes de los Alpes italianos. Hace unos años envié mi currículum deportivo, me aceptaron, pero me confié y no llegué a hacer la inscripción. Me quedé sin ir por un despiste. Espero poder correrla algún día, aunque también tendrá que cuadrar con el calendario.