Actualizado hace 1 hora
Compartir una foto del niño en su cumpleaños, durante las vacaciones o dando sus primeros pasos se ha convertido en algo habitual para muchas familias. Una publicación que para los padres puede ser simplemente una forma de compartir un momento especial con familiares y amigos también supone dejar una imagen del menor en internet. Es lo que se conoce como 'sharenting', un término que nace de unir las palabras inglesas 'share' (compartir) y 'parenting' (crianza).
No significa que publicar una fotografía de un hijo vaya a tener necesariamente consecuencias negativas, pero sí conviene ser consciente de qué se comparte, con quién y qué puede ocurrir después con esa imagen. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) lleva años alertando sobre los riesgos asociados a esta práctica.
Una vez publicada, la foto deja de estar completamente bajo control
Uno de los principales problemas es que no siempre es posible saber qué ocurre con una imagen después de subirla a una red social. Aunque posteriormente se elimine, alguien puede haberla guardado, hecho una captura de pantalla o reenviado.
La propia AEPD recuerda que cuando se publica algo en una red social se pierde parte del control sobre ese contenido. Incluso después de borrarlo, puede haber sido copiado o difundido por otras personas.
Por eso, que un perfil sea privado no significa necesariamente que una fotografía vaya a quedar exclusivamente entre las personas que aparecen en la lista de seguidores. Una imagen puede salir de ese círculo de distintas maneras.
Madre se hace un selfie con su hijo con el móvil.
Una foto puede contar más de lo que parece
Otro aspecto que muchas veces pasa desapercibido es la cantidad de información que puede proporcionar una fotografía. No se trata solo de la cara del niño.
Una imagen tomada delante de casa puede mostrar la dirección o elementos que permitan identificar dónde vive la familia. Una fotografía con el uniforme puede revelar el colegio. Una publicación durante unas vacaciones puede indicar que la vivienda está vacía durante unos días.
La AEPD advierte precisamente de que al compartir una imagen se puede estar difundiendo más información de la que se aprecia a simple vista y recomienda valorar el contexto antes de publicarla.
El niño no ha elegido crear esa huella digital
Hay otra cuestión más difícil de valorar porque afecta al futuro: la huella digital del menor empieza a construirse antes incluso de que pueda decidir sobre ella.
Fotografías de su infancia, momentos familiares, celebraciones o situaciones más íntimas pueden permanecer asociadas a su identidad durante años. Cuando sea mayor, puede que no quiera que determinadas imágenes formen parte de su presencia en internet.
La AEPD recuerda que la imagen es un dato personal y que existen mecanismos para solicitar la eliminación de fotografías y vídeos difundidos en internet en determinadas circunstancias.
Por eso, antes de publicar puede ser útil hacerse una pregunta sencilla: ¿me parecería bien que esta fotografía siguiera circulando dentro de diez años?
Madre graba un vídeo a su hija mientras come en la trona.
Especial cuidado con las imágenes íntimas o comprometidas
No todas las fotografías tienen el mismo nivel de riesgo. Conviene extremar las precauciones con imágenes en las que el menor aparece desnudo, en ropa interior, enfermo, llorando, castigado o en una situación que pueda avergonzarle en el futuro.
Además de afectar a su intimidad, este tipo de contenidos pueden ser utilizados de forma diferente a la intención con la que fueron publicados. La AEPD dispone de un canal prioritario para solicitar la retirada de fotografías, vídeos o audios de contenido sexual o violento cuya difusión ilegítima ponga en grave riesgo los derechos y libertades de la persona afectada, especialmente cuando se trata de menores.
¿Cómo compartir fotos de los hijos con más seguridad?
No hace falta renunciar por completo a compartir imágenes, pero sí reducir la cantidad de información y controlar mejor quién puede acceder a ella.
- Revisar la privacidad de la cuenta y comprobar quién puede ver las publicaciones.
- Evitar mostrar datos identificativos, como la dirección, el colegio, documentos o lugares que permitan localizar al menor.
- No publicar información sobre las rutinas del niño, especialmente horarios o lugares que frecuenta habitualmente.
- Pensarlo dos veces antes de compartir fotografías íntimas o situaciones que puedan avergonzarle más adelante.
- Pedir a familiares y amigos que no reenvíen ni publiquen las imágenes sin consultarlo.
- Para compartir fotografías con personas cercanas, recurrir a servicios y grupos privados en lugar de hacerlas públicas en redes sociales.
También conviene hablarlo entre los adultos que conviven con el menor. La AEPD señala que pueden existir diferentes criterios entre los progenitores sobre qué imágenes compartir y cómo hacerlo.
En definitiva, el problema no está necesariamente en compartir una foto puntual de un hijo, sino en hacerlo sin valorar qué información contiene, quién podrá verla y qué control quedará sobre ella después. En internet, una imagen aparentemente inocente puede acabar teniendo una difusión mucho mayor de la prevista. Antes de pulsar “publicar”, dedicar unos segundos a pensar en la privacidad del menor puede marcar la diferencia.