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En las sociedades occidentales el aumento de casos de alergias alimentarias constituye un problema de salud pública de primer orden, con una prevalencia que se ha duplicado en la última década. La alergia alimentaria (alergia a algún alimento) se cataloga como una enfermedad de “riesgo vital”, es decir, el contacto con ese alimento puede llegar a causar la muerte en pocos minutos. Según la farmacéutica Amapola Munuera, la alergología ha sufrido en muy poco tiempo una transformación completa, gracias a los recientes avances tecnológicos y científicos que la han dirigido hacia un enfoque molecular, posibilitando un entendimiento más profundo de la enfermedad.
En este contexto, la experta ha recopilado algunas de las creencias más populares en torno a esta enfermedad y explica el por qué es esencial conocer a qué nos enfrentamos ante una alergia alimentaria.
1. Alergia e intolerancia alimentarias es lo mismo
Falso. Una intolerancia alimentaria es una enfermedad digestiva que se produce por la imposibilidad de procesar ciertos alimentos y que puede provocar malestar intestinal. Sin embargo, una alergia alimentaria provoca una reacción normalmente inmediata, de severidad variable al contacto del cuerpo con una sustancia que es inocua, llamada alérgeno. El cuerpo interpreta por error que el alérgeno es dañino y reacciona cuando entra en contacto con él inflamándose de forma más o menos súbita, severa y generalizada, incluso pudiendo llegar a ser fatal en cuestión de minutos.
2. La severidad de las reacciones es siempre la misma cuando se tiene una alergia alimentaria
Falso. En una alergia alimentaria el grado de severidad de la reacción que se produce es siempre impredecible, es decir, aunque hasta el momento las reacciones que haya tenido el paciente en contacto con el alimento hayan sido leves o moderadas, eso no significa que vaya a ser siempre así, porque siempre existe el riesgo de que la siguiente reacción pueda ser grave.
3. La alergia alimentaria solo produce reacción cuando se come el alimento
Falso. La persona alérgica a un alimento puede reaccionar a él también cuando lo respira o lo toca. El hecho de que el alérgeno se coma resulta especialmente peligroso para el paciente porque la cantidad con la que puede entrar en contacto al ingerir el alimento puede ser elevada, y consecuentemente, aumentar la probabilidad de una reacción grave o anafilaxia, lo que sucede con menor probabilidad con otras vías de contacto.
4. La celiaquía es una alergia alimentaria al gluten
Falso. A veces se confunde la alergia alimentaria con ciertas patologías autoinmunes, como es la celiaquía, enfermedad autoinmune que se desarrolla con la ingesta continuada de gluten y por la que el sistema inmunitario actúa atacando el revestimiento del intestino de forma paulatina y ocasionando problemas nutricionales y sistémicos.
La celiaquía es distinta a la alergia al trigo (u otro cereal que contenga gluten), cuyo consumo para un paciente alérgico puede provocar una reacción inmediata, de mayor o menor severidad dependiendo del caso.
5. El desarrollo de alergias alimentarias no se puede evitar
Falso. Para que se desarrolle una alergia alimentaria siempre es necesario que una persona con predisposición genética (atopía) tenga contacto previo con el alérgeno.
Se sabe que la forma de cocinado, la periodicidad y el momento de introducir los alimentos en la dieta de los bebés es determinante para que se genere o se evite el desarrollo de alergias alimentarias. Los bebés, dada la inmadurez de su barrera intestinal y las características de su sistema inmunológico, son más proclives a sensibilizarse frente a alérgenos que los adultos. Actualmente y cada vez más, se está orientando la alergología hacia una prevención en el desarrollo de las alergias y un tratamiento precoz preventivo, sobre todo, para las alergias más prevalentes.