Mientras Iban García y Carlos Peguer aprovechan la compra de su primera vivienda para recordar que acceder a una casa es hoy un privilegio, Julia Janeiro acaba de convertir las escrituras en un posado que reabre el debate sobre el papel de los influencers. Y es que hay fotografías que dicen mucho más de lo que parece. Una pareja abrazándose en la puerta de su nuevo piso. Unas llaves sobre una mesa. Una hipoteca recién firmada. O una imagen enseñando unas escrituras con una sonrisa de oreja a oreja, casi como quien acaba de firmar el Tratado de Versalles. En un país donde comprar una vivienda se convierte en un sueño prácticamente inalcanzable para millones de jóvenes, también importa la manera de comunicar ese logro.
Iban García corriendo.
Y ahí es donde algunos influencers dan una auténtica lección..., mientras otros demuestran que todavía viven en una realidad bastante diferente. Porque nadie discute que quien pueda comprarse una casa la celebre. Faltaría más. El problema no es comprarla. El problema es cómo se cuenta.
Uno de los mejores ejemplos lo ha protagonizado estas últimas semanas el creador vasco Iban García. El influencer ha anunciado con enorme ilusión la adquisición de una vivienda en Donostia, un sueño que lleva años escuchando en casa y que ha dedicado públicamente a sus padres. Pero lo verdaderamente interesante ha llegado después. En lugar de vender la historia como un éxito exclusivamente personal, ha aprovechado el momento para recordar una realidad incómoda: él es un privilegiado y la inmensa mayoría de los jóvenes ni siquiera puede plantearse comprar una vivienda. No es postureo. Es contexto.
Miles de jóvenes destinan todo su salario únicamente a pagar el alquiler de un piso. No pasa nada por reconocer que los padres ayudan a sus hijos.
Y ese contexto resulta demoledor. Más del 85 % de los jóvenes entre 16 y 29 años continúa viviendo con sus padres. Apenas uno de cada diez miembros de la Generación Z posee una vivienda en propiedad y miles de jóvenes destinan prácticamente todo su salario únicamente a pagar un alquiler.
El caso de Carlos Peguer
Muy parecido es el mensaje que lanza Carlos Peguer –de La Pija y la Quinqui–, cuando ha anunciado la compra de su pequeño piso en Chamberí. El influencer reconoce abiertamente que puede acceder a la vivienda gracias a los ingresos obtenidos en redes sociales y califica su situación “de auténtico privilegio”. Además, carga contra ese discurso tan repetido según el cual los jóvenes no pueden comprarse un piso porque toman demasiados cafés o salen demasiado. Una teoría “tan simplista como profundamente injusta”.
Y entonces aparece Julia Janeiro, o Juls para los amigos. La hija de Jesulín de Ubrique y María José Campanario acaba de anunciar, con solo 23 años, la compra de su primera vivienda en Valdebebas, una de las zonas más cotizadas de Madrid, donde el metro cuadrado supera ampliamente los 5.600 euros y muchas promociones se acercan al millón de euros. Hasta ahí, nada que objetar. Cada uno compra donde puede..., o donde le dejan. Lo llamativo llega con el envoltorio.
La fotografía elegida parece casi la firma de un tratado internacional. Escrituras perfectamente colocadas sobre la mesa, sonrisa de satisfacción y un mensaje donde habla de “meses de nervios, papeleo y muchísima ilusión”. Todo acompañado de la promesa de enseñar a sus seguidores cada rincón de la nueva vivienda. Y es ahí donde comienzan las críticas.