Actualizado hace 2 minutos
“La hibristofilía es una parafilia consistente en la atracción sexual o romántica hacia individuos que han cometido crímenes tan graves como asesinatos o violaciones”. Así lo explica el periodista y escritor Francesc Soler que, tras su investigación para Los asesinos guapos. La oscura fascinación por Luigi Mangione y otros criminales bellos , incide en que “es un tipo de amor que tiene muchas similitudes con el que sienten personas corrientes, de nuestro entorno”, y pone como ejemplo el clásico “chico malo” de la clase.
Y esta cuestión toma especial importancia cuando tomamos en consideración que “en los últimos tiempos estamos asistiendo a una hibridación entre realidad y ficción en el ámbito audiovisual que, efectivamente, está difuminando mucho más los límites”. Ejemplo de ello son las diversas producciones de true crime por las que apuestan las plataformas. “Por un lado, se aplican técnicas propias de la ficción para contar crímenes reales y hacerlos más atractivos y, por el otro, se producen falsos documentales para dar apariencia de realidad a ficciones”, explica Soler.
El periodista y escritor Francesc Soler.
De hecho, afirma que “sin lugar a dudas, la ficción audiovisual ha ido evolucionando de tal manera que el criminal o asesino se ha adueñado de la narración y ya no se busca que ‘el malo de la película’ disguste, repugne o dé miedo, sino que seduzca, fascine o, directamente, excite”.
El peso de la industria
Como claro ejemplo, el periodista muestra “la elección de Zac Efron para interpretar a Ted Bundy o Penn Dayton Badgley para protagonizar la exitosa serie You”. De esta forma, evidencia que “se busca que el público se enamore de ellos, asesinos, acosadores, psicópatas, parricidas...”. Así lo expone el propio Soler: “El true crime vende, el sexo vende y el true crime sexualizado vende el doble”.
De hecho, en el libro, justamente, ha “querido conocer qué piensan de ello algunos buenos periodistas de sucesos y expertos en true crime, y todos coinciden en que hay que evitar la revictimización de las víctimas y la glamurización del asesino, pues en la vida real, todos son muy cutres”.
Y es que según la neurociencia, debido al “efecto halo” asociamos la belleza con la bondad, pero “que nuestro cerebro nos predisponga positivamente hacia las personas guapas no debería de ser excusa para jalear a criminales y olvidarse olímpicamente de sus víctimas”.
Zac Efron ha sido elegido para protagonizar a Ted Bundy.
Responsabilidad al informar
“Para saber si estamos actuando éticamente, como periodistas, en caso de que lo seamos, o, en general, como espectadores, lectores u oyentes de un true crime, hay un ejercicio muy simple que, personalmente”, Francesc Soler se aplica: “imaginar que esa historia sobre un asesinato truculento en un pequeña ciudad de Minnesota que nos parece tan fascinante ocurre en nuestro entorno más inmediato, nuestro pueblo o barrio, y que sus víctimas son nuestros amigos, vecinos o familiares... Si no nos chirría, adelante”.
Asimismo, recuerda: “El clickbait creo que tampoco nos ayuda, pues se busca elaborar las informaciones de tal manera que despierten la curiosidad del lector o el morbo, y es muy fácil que todo acabe reducido a simplificaciones o, directamente, anécdotas picantes y chismes”.
Respecto a qué medidas cree Francesc Soler que se deben tomar para abordar esta situación, es claro: “Por parte de los profesionales de la información, no ahorrar la complejidad de la realidad al público y no convertir en noticia cualquier chorrada que se haya viralizado en redes sociales”. Pero también se dirige al público: “No limitarse a un titular llamativo, leer las informaciones a fondo en medios serios y, por supuesto, no contribuir a viralizar contenidos dudosos o directamente falsos. Esto sirve para la información en general”.
En su opinión, hay que “evitar la romantización del asesino, por guapo o atractivo que sea”, pues “como público solo tenemos una opción: dejar de consumir ciertos productos que lo hagan y no contribuir al fenómeno”.
La belleza, en tela de juicio por la IA
En su ensayo sobre Los asesinos guapos, Francesc Soler le pide a la inteligencia artificial que genere el retrato de lo que se consideraría un rostro bello. Pero, ¿la belleza no era subjetiva?, a lo que el periodista responde: “La psicología y la neurociencia explican que el cerebro humano identifica ciertos patrones físicos como la simetría facial y disponer de unos rasgos armónicos como atractivos, sencillamente, porque los asocia con la salud y la calidad genética”.
Por eso, “a pesar de que se diga que la belleza está en los ojos de quién mira, podríamos decir que, efectivamente, hay una belleza más o menos objetiva o canónica. La percibimos ya desde niños e independientemente de la cultura a la que pertenezcamos”. Aun así, reflexiona sobre que “el concepto de belleza actual, tan alejado del de los filósofos clásicos, no ayuda”, pues “se valora a las personas únicamente por su fachada a la hora de decidir a quién seguir en redes sociales o con quien quedar en aplicaciones de ligue”.
Popularidad
Francesc Soler afirma que se habla del pretty privilege, y también del white privilege, pero al igual “es evidente que la notoriedad o popularidad también proporciona un aura que no se apaga incluso cuando determinado famoso o hijo de famoso es acusado o sentenciado por un delito”. De hecho, le “viene a la cabeza, por ejemplo, cuando una estrella comparece ante la Justicia y cientos de fans se agolpan a las puertas del juzgado no para increparla, sino para aplaudirla, piropearla y pedirle autógrafos”.
La capacidad de las redes sociales para convertirles en fenómenos virales
Luigi Mangione, de 26 años de edad, admitió haber asesinado al director ejecutivo Brian Thompson
Según Francesc Soler, “la romantización de criminales viene de lejos, no empieza ni mucho menos con las redes sociales”. Tal y como él lo explica, “para empezar, ya nuestro cerebro nos lleva a considerar que las personas físicamente atractivas también son inteligentes, bondadosas y exitosas”, se trata de un “sesgo cognitivo que se conoce como ‘efecto halo”. Sin embargo, cree “que nunca hasta ahora se había dado una suma de factores que ha provocado que, en cuestión de días, si no de horas, un acusado de asesinato hasta entonces desconocido como Luigi Mangione se convirtiera en un icono global”.
En su opinión, “las redes tienen un enorme poder para generar y viralizar contenido, pero es que, además, Mangione, como casi toda persona de la Generación Z, ya tenía una identidad visual creada a partir de todas las fotos que había colgado él mismo en sus perfiles personales a lo largo de su vida; fotos que, por cierto, sirvieron para ilustrar las informaciones sobre su crimen y que contribuyeron a convertirlo en ‘asesino guapo’ o ‘asesino sexy”.
Luigi Mangione se declara culpable de cargos federales por la muerte a tiros del CEO de UnitedHealthcare.
“Tras analizar muchos de los mensajes que se compartieron en redes sociales”, Soler piensa que “entre los internautas que contribuyeron a convertirlo en un fenómeno viral, hay básicamente dos tipos”. Por un lado, “el primero es el de los seguidores más políticos, que son los que defienden su crimen como un acto de justicia y, por lo tanto, lo ven como una suerte de justiciero que devuelve el golpe a la industria de los seguros médicos de Estados Unidos por sus abusos”. Por el otro, “el segundo es el de los fans que simplemente lo encuentran guapísimo y les da absolutamente igual que se haya convertido en una celebridad por haber matado a alguien, a sangre fría, en plena calle”.