Con la llegada del verano, muchas personas experimentan una sensación de agotamiento mayor de lo habitual. La dificultad para mantener la concentración, la disminución del rendimiento físico, la somnolencia frecuente y la falta de energía se convierten en síntomas comunes durante esta época del año.
Aunque es habitual asociar este cansancio al calor, la bióloga especializada en nutrición y salud integrativa Isabel Raya señala que esta explicación resulta insuficiente para comprender el fenómeno en toda su complejidad. Según afirma, el calor puede influir, pero no es el único factor determinante. “Dos personas pueden estar expuestas a las mismas condiciones climáticas y, sin embargo, presentar niveles de energía muy diferentes. En muchos casos, la clave no está en la temperatura ambiental, sino en el funcionamiento del metabolismo y en la capacidad del organismo para generar energía”, afirma.
Desde su perspectiva, el verano rara vez es la causa principal del problema. Más bien, actúa como un factor que evidencia desequilibrios o limitaciones previas del organismo que suelen pasar desapercibidos. Esta situación puede llevar a cometer ciertos errores en los hábitos diarios, aunque muchos de ellos pueden corregirse con las medidas adecuadas.
Alimentación y más
Aunque lo habitual es asociar la energía con aquello que comemos, el organismo necesita mucho más que calorías para mantenerse activo. La energía que utilizan nuestras células se almacena en una molécula llamada ATP, producida principalmente en las mitocondrias, unas pequeñas estructuras celulares que funcionan como auténticas centrales energéticas del organismo.
Para fabricar energía de forma eficiente, el cuerpo necesita nutrientes adecuados, hidratación suficiente, descanso reparador, movimiento regular y una buena salud metabólica.
Cuando alguna de estas piezas falla, pueden aparecer señales como fatiga persistente, sensación de agotamiento desde primera hora de la mañana, dificultad para concentrarse, niebla mental, menor capacidad de recuperación física y dependencia de café, bebidas energéticas o azúcar para mantener el ritmo.
Errores frecuentes
Cuando hace mucho calor, cuesta pensar con claridad y aparece la necesidad de tomar algo dulce o una bebida estimulante. Parece lógica: si falta energía, hay que buscarla. Pero, según la experta, muchas veces se trata de una solución temporal que no aborda la causa real del problema. “Cuando recurrimos constantemente al azúcar o a los estimulantes para combatir el cansancio, estamos intentando compensar un déficit de energía con una solución rápida. El alivio suele durar poco porque la capacidad de producir energía depende de factores mucho más profundos que un alimento concreto”, asegura.
La especialista destaca que la alimentación no trabaja sola. La calidad del sueño, la hidratación, el movimiento diario, el entrenamiento de fuerza y la gestión del estrés también influyen directamente en la forma en que el organismo produce y utiliza la energía. “La energía no aparece de repente ni depende de una bebida o un suplemento. Se construye cada día a través de hábitos que permiten al organismo funcionar mejor. Por eso, cuando el cansancio se convierte en algo habitual, conviene mirar más allá del calor y preguntarse qué necesita realmente el cuerpo para producir energía de forma eficiente”, concluye.
Cinco nutrientes clave para producir energía
Aunque no existe un alimento milagroso contra el cansancio, algunos nutrientes desempeñan un papel especialmente importante en la producción de energía:
1. Proteína: ayuda a mantener la masa muscular y favorece una mayor estabilidad de la glucosa a lo largo del día. Se encuentra en huevos, pescado, carnes, legumbres y lácteos.
2. Agua y electrolitos: incluso una deshidratación leve puede traducirse en cansancio, menor concentración y peor rendimiento físico. Además del agua, es importante reponer minerales perdidos a través del sudor.
3. Hierro: transporta oxígeno a los tejidos y participa en la producción de energía celular. Niveles bajos pueden manifestarse como fatiga persistente o falta de concentración.