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Pogacar se sacude el polvo

El esloveno, que evita una caída, celebra su tercera victoria por delante de un sensacional Enric Mas, que mantiene el pulso hasta el final y logra una buena renta de cara al podio
Pogacar celebra la victoria de su tercera etapa en lo que va de Vuelta.
Pogacar celebra la victoria de su tercera etapa en lo que va de Vuelta. / UAE / Sprint Cycling

Actualizado hace 9 minutos

El Bartolo, un puerto con un tramo de tierra prensada, con feroces rampas, frisando el 20% de desnivel, no pertenece a la Toscana. Ni se le asemeja.

No hay viñedos, ni villas formidables, tampoco cipreses sobrios, elegantes y refinados que se unen con el cielo que supuran belleza en la Strade Bianche, pero la conecta a través del olor y la textura de la tierra.

Compartían vasos comunicantes, un vínculo terrenal. A Tadej Pogacar, ese maridaje entre cuestas y tierra, le elevaba el ánimo y el buen humor. Le llegaban los efluvios de clásica italiana, una de las carreras que más le gustan.

Con ese espíritu juguetón, como el de los niños que hacen castillos de arena en la playa, Pogacar diseñó su escalada, despreocupada.

Mirando a las alturas. Ocurrió que la marea le pilló desprevenido. “Me dijeron que llevaba 40 segundos a mis perseguidores y entonces Mas me pasó como un cohete”, reconoció el esloveno, feliz por evitar una caída que le pudo costar la Vuelta.

Pogacar, a punto de caer.

Pogacar, a punto de caer. Eurosport

El mallorquín, en su mejor versión, cauterizó la brecha que abrió el líder, y justo en la bisagra, donde el calvario giraba para lanzarse en un descenso kamikaze, impropio, superó al esloveno. Pogacar pareció el rey pasmado.

Asustado por un instante. El fogonazo de Enric Mas le cegó. Ese ceguera a punto estuvo de descabalgarle de la Vuelta.

Se torció en una curva y a punto estuvo de caer. Se recompuso a tiempo y compartió el esprint en Castelló con el mallorquín, que se sublimó.

Gran día para Mas

Aún así no le alcanzó para imponerse al reprís del líder, rojo pasión en la Vuelta, que festejó su tercer laurel, el 130 de su palmarés.

La gloria de Pogacar, noticioso que no llegara en solitario, vencedor por tercera vez en la carrera, también se posó sobre Mas, que accedió al segundo lugar de la general al lograr 46 segundos sobre el grupo de Roglic, Gall y Carapaz. Onley y Kuss perdieron 1:38.

El calor azoró a Pogacar y azuzó al mejor Mas. El día subrayó el rojo de Pogacar y reforzó la candidatura de Mas, a 3:34 del esloveno volador. Roglic pierde 4:21, Carapaz, 4:50 y Gall, 4:55. Por detrás, Kuss y Onley conceden más de 5:35.

En las entrañas de El Bartolo, 9,4 kilómetros al 7,1 % de pendiente media, cohabitan el asfalto, el hormigón y la tierra de una pista forestal bajo la mirada de las antena que pinchaban el cielo.

Culebreaba el puerto y siseaba el líder, dispuesto a asfixiar al resto. A la fuga apenas le quedaba esperanza. Jay Vine mordía.

Pablo Torres, rostro joven y sufriente, dientes apretados, tomó el relevo. El último lancero de Pogacar, que se refresco, agua por encima del casco, del maillot y del culote para refrigerarse antes de encender la mecha. Y todo acabó.

El esloveno cambió el paso y el resto se desplomó cuando el puerto aún era asfalto reluciente y rampas asumibles. Onley, Roglic, Mas y Gall, al que más le costó, se empastaron en el tramo de tierra.

Para entonces, festoneada la subida por una afición vociferante y excitada, Pogacar volaba, Pegaso alado al galope tendido. Levantó el polvo. Cegó a sus rivales hasta que Enric Mas se sublevó. Rebelde.

Mas persigue a Pogacar.

Mas persigue a Pogacar. UAE / Sprint Cycling

Pogacar, a punto de caer

El mallorquín, en su mejor versión, fue capaz de conectar con el esloveno, al que se le fundió la pila. De repente, clavado. Algo inopinado.

En el descenso, apenas un hilo de asfalto, el vértigo, el riesgo y la incertidumbre zarandearon a Mas y a Pogacar, que perdieron pie en un par de trazadas.

Se asustaron ambos, sobre todo el líder, al que le derrapó la rueda y sobrevivió gracias a una escapatoria de hierba. La fortuna le sonrió.

Los astros se alinearon a su favor como en aquella escena de Lance Armstrong en el Tour que se rompió Joseba Beloki camino de Gap. La carretera le recordó al esloveno que no es intocable, que también es vulnerable.

Pogacar y Mas viajaron en tándem mientras presionaban Roglic, Gall y Debruyne, el último vestigio de la fuga. Carapaz y Tedja se unieron. Onley y Kuss, perdían más de un minuto en Castelló, donde deseaba ondear Pogacar.

Por eso, antes incluso de la ascensión al Desierto de Las Palmas, se encontró en un grupo mientras por delante una fuga se buscaba la vida.

La lucha por encontrar un resquicio en el que hacer palanca fraguó después de 80 kilómetros tratando de hacer saltar la cerradura con la ganzúa del entusiasmo y la perseverancia.

Fuga con Berrade y Pello Bilbao

Giró el pomo hacia la libertad, vigilada por centinelas del terrateniente Pogacar, un grupo de dieciséis dorsales donde respiraban Pello Bilbao, Urko Berrade, Van Aert o Buitrago, entre otros.

Se entendieron con el lenguaje de la mímica y los codos para avanzar sin grietas hacia el tercer ascenso de la jornada, una vez colgados de la percha del pasado La Serratella y el Coll de la Bandereta.

Se fueron al encuentro del padecimiento en el Desierto de Las Palmas, 7,5 kilómetros al 5,1% de pendiente, una subida hosca en un territorio de vías reviradas, insinuantes y bamboleantes entre la vegetación, que concedía sombra y respiro en la persecución. Van Aert se desprendió de la fuga tras recoger el botín de las bonificaciones.

Con el mar de fondo, a la espalda, a modo de un refrescante recuerdo, la ascensión fue hundiendo a varios de los fugados. Pello Bilbao y Berrade sufrían. El descenso les aireó los pulmones.

En el retrovisor afilaba el ritmo el UAE a la espera de lo que anhelara Pogacar, que convierte la pasión, los arrebatos y los deseos en apuntes contables para su palmarés y en párrafos para su gloriosa biografía. Páginas para la historia del ciclismo, su metro patrón. La fuga estaba sentenciada.

Markel Beloki abandona

En esos paisajes se bajó de la Vuelta Markel Beloki. El gasteiztarra, que estaba sufriendo los últimos días, echó pie a tierra con mareos, según explicó Juanma Garate, director del Education First.

“Nos ha sorprendido que no se ha encontrando nada bien hoy. Se ha sentido mareado y ha tenido que abandonar. “Necesitábamos un corredor de su perfil. Me da muchísima pena por él. Con estos calores no sabes cómo va a reaccionar tu cuerpo”, analizó el Garate. Joshua Tarling también se despidió de la carrera.

Los porteadores de Pogacar aproximaron a su rey, el monarca del ciclismo, a que oliera la tierra. Al esloveno, el perfume que emana la greda, le activó el apetito. Quería levantar una polvareda a su paso.

Dejar huella sobre esa lengua de tierra apretada. Otro paso más en su paseo de la fama por la Vuelta. En su viaje al centro de la tierra le acompañó la ambición y el descaro de Mas en un mano a mano que les llevó a Castelló. Pogacar se sacude el polvo.

2026-08-27T16:56:01+02:00
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