Buscar
Deportes

Brennan se dispara

El inglés, solvente y autoritario, repite en Roquetes en la segunda llegada al esprint de la Vuelta que domina Pogacar sin pestañear
Brennan festeja su segunda victoria en la Vuelta.
Brennan festeja su segunda victoria en la Vuelta. / La Vuelta

Actualizado hace 9 minutos

Mostró Matthew Brennan una V de victoria, dos dedos en cada mano, para representar su segundo laurel en la Vuelta. Nadie más rápido que él. El velocista inglés iguala a Pogacar en triunfos.

Entre los dos han facturada cuatro de las cinco etapas de la carrera, que abandonó las alturas, las terrazas de Andorra, pasa posarse en Roquetes. Allí se descorchó de nuevo con potencia Brennan.

Si en Manosque el movimiento de Van Aert anticipó su victoria, en tierras de tarragona, el inglés, otro joven prodigio, se subrayó tras acomodarse en el regazo del belga y Laporte, último lanzador de un esprint académico y ortodoxo. Brennan cumplió punto por punto con los preceptos que se le presuponen a los especialistas de la velocidad.

Agrupado en el carenado de sus compañeros, abrió gas en el momento exacto. Jordi Meeus, que se había tachonado a su rueda, no pudo ni tan siquiera ponerse a su altura. Albanese, tercero, tampoco pudo pleitear con el inglés, demasiado rápido para ambos.

El dominio de Brennan, pose felina, guepardo a la espera de morder la presa, en el segundo esprint de la carrera no amparó ninguna duda. El desafío del inglés era superar el puerto de Paüls. A partir de ahí su candidatura cotizaba al alza. Olvidado ese esfuerzo en el retrovisor, se colocó a rebufo de Laporte, que le abrió la puerta a la gloria por segunda vez.

Por un instante, en la última curva, Brennan perdió la estela del francés porque perdió algo de tracción debido a los resbaladizo del suelo. En Laporte echó un vistazo para atrás y observó inmediata reacción de Brennan.

Laporte miró después hacia adelante para ver y celebrar el triunfo de su compañero, que domó al resto de velocistas con autoridad en la Vuelta de Pogacar, que descontó otro día.

Dominio aplastante

Después se enroscó en el podio para lucir el maillot de líder, el de la regularidad y el de la montaña. Pogacar cataliza la Vuelta que es un paseo para él. Durante los últimos años, el anhelo en los despachos de la Vuelta siempre fue diseñar una carrera abierta y emocionante hasta el final.

Para ello trazaban un recorrido extraño, caprichoso, y en no pocas ocasiones contrario al espíritu primigenio del ciclismo, donde la resistencia, la capacidad de sufrimiento y el poder de sostenerse en jornadas duras y largas promovía a los campeones.

La Vuelta volteó ese paradigma, cuyo pináculo se alcanzó en Andorra, con una carrera que Pogacar, después de otra performance, resolvió en apenas 2 horas y 40 minutos.

Sucede que el espectáculo en la Vuelta, esa bandera que siempre se blandía desde la organización en favor del suspense, la emoción y la incertidumbre, es unipersonal. Pogacar, Pogacar y más Pogacar.

Desde que el esloveno se alistó a la competición por eso de completar la Triple Corona, campeón en el Tour, el Giro y la Vuelta, la que aún no tiene, se supo que el metraje de la carrera era un vehículo de propaganda para el genio de Eslovenia.

Desvencijado el Tour el sexto día, en el primer test de montaña, Pogacar fotocopió el modelo y descascarilló la Vuelta en la cuarta etapa.

Su brillo, cegador, puro fulgor, incandescente, es tiniebla y oscuridad para el resto, opacado por el dominio de un ciclista que rueda en otra dimensión.

Vencedor en dos de las cuatro etapas disputadas, tercero en la segundo, y capada la llegada a Font Romeu, donde era el favorito nítido por una granizada, todo el foco de la Vuelta recae en Pogacar, principio y final de una prueba que sin su presencia, tendría a ocho ciclistas en apenas 36 segundos pugnando por el trono de la carrera.

La presencia del campeón del Mundo ha fijado esa lucha en una cuestión menor, convertidos esos ciclistas en meros espectadores de una carrera monotemática, que respira solo en una dirección.

Un relato de las aventuras de Pogacar por la Vuelta. Protagonista único. Como Tintín y sus cómics.

Camino de Roquetes, en Terres de l'Ebre, la prueba entró en la península y en su hábitat de calor sofocante, 35 grados, tras su paso por un par de paraísos fiscales, Mónaco y Andorra (donde residen muchos ciclistas), y la tempestad en Francia.

Pogacar controla durante la subida al alto de Paüls.

Pogacar controla durante la subida al alto de Paüls. Efe

Las bolsas de hielo para el cogote se convirtieron en el bien más preciado junto al agua fresca en un trazado en el que no se quiso involucrar demasiado el líder.

Bienvenidos a la Vuelta, que se deslizara por el Mediterráneo y se dirigirá al núcleo del calor de Andalucía mientras se acumulan los días.

Intento de Azparren

La ascensión a Paüls, un puerto tendido, pero revirado, carretera estrecha, asfalto ajado, estrujó a Groves, Pedersen o Fortunato, el líder de la montaña de prestado.

Pizpireto, feliz, rostro relajado, Pogacar dispuso a sus muchachos para fijar el paso en una ascensión que acabó con el asfalto nuevo, negro como la noche oscura.

El líder se cobijó en el rastro de sus guardaespaldas para emprender el descenso, burlón, trilero, como mecanismo de seguridad y protección.

La Vuelta es de Pogacar, solo él puede perderla, así que lo mejor es no convocar al azar ni jugar con la diosa fortuna, que no suele hacer distinciones, menos aún la ley de la carretera, que pasa del amor al odio en un pellizco.

Xabier Mikel Azparren lanzó una moneda al aire. Le salió cruz porque en Roquetes se esperaba un duelo de velocidad. El intento del donostiarra, valeroso, fue un brindis al sol con la copa vacía.

El descorche con el champán, la bebida espumosa, burbujeante y dorada, esperaba al debate entre velocistas, donde se impuso el joven inglés. Brennan se dispara.

2026-08-26T17:19:29+02:00
En directo
Onda Vasca En Directo