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La farmacia Puente es uno de los negocios con más solera de todo Gasteiz. El primer titular fue Lucas Puente García, quien adquirió el establecimiento el 5 de julio de 1911, aunque el negocio original de la botica en la cuesta de San Francisco fue abierto en 1826 por la familia Fernández de Arellano.
Dos siglos después de aquella primera apertura, la farmacia, ubicada en pleno casco histórico de la capital vasca, representa uno de los ejemplos más singulares de relevo generacional y de continuidad de un comercio en Euskal Herria.
¿Cuál es el secreto para que la farmacia siga siendo un referente después de dos siglos?
Creo que no hay un único secreto, sino la suma de muchas decisiones que ha ido tomando cada generación. Por ejemplo, una de ellas ha sido no mover nunca la farmacia de este local. Otra, mantener su aspecto, sin hacer grandes renovaciones. Y luego está el hecho de que haya existido continuidad generacional cuando ha sido posible. Al final son muchas variables, muchas decisiones pequeñas tomadas por cada una de las personas que ha pasado por aquí.
El negocio ha estado regentado por dos familias distintas, una en cada siglo.
Sí, antes hubo otra familia, los Fernández de Arellano. Estuvieron tres generaciones al frente de la farmacia. La farmacia pasó a llamarse Puente en 1911, cuando mi bisabuelo se hizo cargo de ella.
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Usted pertenece a la cuarta generación de la familia Puente. ¿Siempre tuvo claro que quería ser farmacéutico?
Es una pregunta que me han hecho muchas veces y que yo también me he planteado. Creo que es algo que vas viviendo desde casa. Convives con la farmacia desde pequeño y, si además te gusta la ciencia, poco a poco acabas acercándote a este mundo. Para ser titular tienes que estudiar Farmacia y esa carrera también te tiene que gustar. Yo no recuerdo un momento concreto en el que dijera: "Voy a estudiar Farmacia". Fue algo que surgió poco a poco.
¿Hace falta vocación para dar ese paso?
Claro. Si no te gusta, ni siquiera te plantearías estudiar la carrera. Tiene que haber algo que te atraiga. En mi caso fue un proceso muy gradual.
¿Cómo fue trabajar con sus padres antes de asumir la titularidad en 2008?
Empecé a trabajar aquí en el año 2000, con 24 años. Entonces estaban mis padres, tanto mi padre como mi madre, y la experiencia fue muy positiva. Trabajamos juntos ocho o nueve años, hasta que ellos se jubilaron.
Iñigo Puente lleva al frente de la farmacia desde 2008.
¿Qué aprendió de ellos?
Más que consejos, aprendí con el ejemplo. Sobre todo aprendí la forma de tratar a la gente, la cercanía con el barrio y con los pacientes. En una farmacia hay una relación muy personal con las personas. Muchos clientes vienen varias veces al mes, te cuentan sus problemas, te consultan dudas y, al final, se crea un vínculo muy importante.
Vamos, que no basta solo con tener conocimientos farmacéuticos.
Exacto. El trato, la cercanía y la confianza son fundamentales. Eso sí que lo aprendí de ellos.
En 2008 dejó de trabajar con sus padres para asumir la titularidad. ¿Cómo vivió ese momento?
Llevaba ya ocho años trabajando en la farmacia. Pasar de farmacéutico adjunto a titular fue algo bastante natural. Una vez que había decidido dedicarme a esto, sabía que era una posibilidad muy real. Lo viví como una evolución lógica, sin sentir un peso especial.
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La farmacia conserva prácticamente el mismo aspecto desde hace más de un siglo. ¿Cómo han conseguido mantener ese equilibrio entre tradición y modernidad?
Los cambios han sido enormes y, además, cada vez llegan más deprisa. Lo que hemos intentado conservar es la zona de atención al público. Esa parte sigue prácticamente igual que cuando mi bisabuelo tomó la farmacia en 1911. Se mantienen los muebles, las pinturas... Todo lo hemos ido restaurando para conservar ese aspecto histórico.
Por dentro, en cambio, sí hemos tenido que adaptarnos continuamente. Hemos incorporado ordenadores, la receta electrónica y todo lo que exige la normativa actual. También hemos tenido que adecuar el laboratorio e incorporar equipamiento para hacer analíticas rápidas de colesterol, glucosa o perfil lipídico. Toda esa parte ha evolucionado mucho porque la profesión y la legislación también cambian. Pero la zona donde atendemos al público sigue siendo muy parecida a la que encontró mi bisabuelo hace más de un siglo.
¿Cómo están celebrando este bicentenario?
No hemos organizado ningún acto concreto porque, la verdad, no se nos ocurrió ninguna celebración especial. Pero este año ha coincidido con un eclipse solar total y nos pareció una oportunidad muy bonita para unir ambas cosas. Entregamos un folleto con la historia de la farmacia y, además, regalamos gafas homologadas para que la gente pudiera ver el eclipse con seguridad. La idea viene de un cliente que era un apasionado de la astronomía y que siempre nos decía: "Cuando cumpláis 200 años os van a organizar un eclipse para celebrarlo". Él ya falleció, pero nos acordamos de aquella frase y decidimos hacerle un pequeño homenaje uniendo ambas cosas.
¿Qué significa para usted estar al frente de una farmacia con 200 años de historia?
Por un lado, lo vivo con naturalidad, porque es algo que has ido asumiendo desde muy pequeño y acaba formando parte de tu vida. Pero también con orgullo por haber conseguido mantener un establecimiento así durante tanto tiempo en la ciudad. Es una mezcla de satisfacción, orgullo y responsabilidad.
¿Cómo imagina el futuro de la farmacia?
Espero que sea positivo, porque la farmacia sigue siendo un establecimiento sanitario muy cercano a las personas. Y no solo hablo de las farmacias urbanas; las rurales tienen un valor enorme. Hay pueblos donde la farmacia es prácticamente la única referencia sanitaria que tienen los vecinos. Que cualquier persona pueda entrar en una farmacia y hacer una consulta es algo que debemos preservar.
¿Habrá una quinta generación de la familia Puente al frente de la farmacia?
Uno de mis hijos tiene intención de estudiar Farmacia, así que podría haber continuidad.
¿Le hace ilusión?
Hemos intentado no presionarles nunca. Queríamos que fuera una decisión completamente libre. De hecho, casi hemos preferido no insistir para ver si realmente surgía de ellos. Creo que esa presión no sería buena. La decisión debe ser personal. En este caso, creo que la ha tomado de forma totalmente independiente, simplemente porque le gusta y porque quiere hacerlo.