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Desde 1874, Grupo Unceta ha construido una trayectoria marcada por la experiencia, la innovación y el relevo de cinco generaciones. La empresa, especializada en herramientas y soluciones de metrología, afronta hoy el reto de asegurar la continuidad de un legado de más de 150 años. Pablo Garate, miembro de la quinta generación y gerente del grupo, reflexiona sobre las claves que han permitido mantener vivo el proyecto durante tanto tiempo, el valor del legado familiar y el desafío de preparar el relevo generacional.
¿Cuál ha sido la clave para que una empresa como Unceta siga en pie después de siglo y medio?
Más allá de los factores de negocio, creo que hay una característica poco habitual que nos ha ayudado mucho: el número de accionistas. En un momento de la historia de la empresa, el fundador dejó el negocio a uno solo de sus hijos y, después, pasó a un sobrino. Eso hizo que durante mucho tiempo hubiera muy pocos socios. Cuando arrancó la tercera generación eran solo dos; en la cuarta llegaron a ser cinco. Tener pocos accionistas facilita la toma de decisiones y reduce los conflictos. Creo que ese ha sido uno de los factores del éxito.
¿Qué otros ingredientes han sido importantes para mantener viva la empresa?
La transmisión de los valores y una buena definición de las responsabilidades. Y cuando hablo de transmitir valores, hablo sobre todo del ejemplo. Siempre han convivido varias generaciones dentro de la empresa: la segunda con la tercera, la tercera con la cuarta y ahora la cuarta con la quinta. Así es como realmente se aprende la cultura de la empresa. Además, otra decisión acertada fue combinar la presencia de la familia con profesionales externos. Nunca ha sido una empresa gestionada solo por accionistas.
¿Siempre tuvo claro que quería ser la quinta generación al frente del negocio?
No. De hecho, nunca lo tuve claro. En la familia existe un protocolo y no todo el mundo tiene por qué incorporarse a la empresa. Yo estaba trabajando fuera y muy a gusto. Pero en 2010 surgió un problema de salud en la familia, la empresa atravesaba un momento complicado y me pidieron ayuda. Me llamaron a mí y sentí que no podía decir que no.
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Durante un tiempo convivieron dos generaciones. ¿Qué aportó esa convivencia?
Muchísima tranquilidad. Tú vas tomando decisiones, pero siempre tienes cerca a quien lleva toda una vida al frente de la empresa. Puedes preguntarle y conocer su opinión sobre cómo ha afrontado situaciones similares. Luego, la responsabilidad de decidir ya es tuya, pero contar con esa experiencia da mucha seguridad. Además, te ayuda a entender qué valores merece la pena conservar: la cercanía con los clientes, la relación con los proveedores y esa manera de hacer las cosas que identifica a la empresa.
¿Recibió algún consejo de la generación anterior?
Más que consejos concretos, es una forma de entender la empresa. Nosotros hemos vivido épocas muy difíciles: guerras, crisis, la pandemia... He aprendido que siempre pueden pasar cosas inesperadas y que hay que pensar a largo plazo. Esa visión quizá limita un poco el crecimiento en algunos momentos, pero también hace que la empresa sea mucho más sólida.
Pablo Garate posa junto a un mural en el que se repasan los 150 años de historia del grupo Unceta.
Unceta ha vivido una transformación enorme de 1874.
Sí, aunque antes los cambios eran mucho más lentos. Esta empresa siempre ha apostado por la tecnología. En su momento lo hizo con el teléfono, con el fax y con todas las herramientas que iban apareciendo. Hoy seguimos con esa misma filosofía, pero todo evoluciona muchísimo más rápido. Apostamos por la tecnología porque nos permite automatizar procesos y ganar eficiencia. En los últimos diez años hemos vivido más cambios que en muchas décadas anteriores.
Se dice que cuesta encontrar relevo en las empresas familiares. ¿Comparte esa idea?
Depende mucho del sector. En la industria no creo que exista un problema generalizado. Nosotros pertenecemos a la Asociación de la Empresa Familiar de Euskadi y conozco a muchos empresarios jóvenes que ya están incorporándose a sus empresas. Quizá en otros sectores, como el comercio, donde los horarios son más duros, sea diferente.
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En su caso, además, han crecido prácticamente dentro de la empresa.
Sí. Mi padre siempre nos involucró. Vivíamos la empresa desde pequeños y en casa era un tema habitual de conversación. No sé si lo llamaría vocación, pero sí una forma muy natural de crecer. Al final acabas orientando tus estudios y tu carrera hacia ese mundo.
¿Cómo imagina el futuro de la empresa?
Creo que cada generación llega mejor preparada que la anterior porque tiene más oportunidades de formación y más herramientas. Mi objetivo es dejar a la siguiente generación una empresa fuerte, bien posicionada en el mercado y moderna. Sin perder la esencia que nos ha traído hasta aquí, tendremos que seguir incorporando tecnología y adaptándonos a los cambios que vengan.